Capítulo 12
Apoyó las manos ensangrentadas en el volante. No sabía cómo había conseguido volver al coche. Había sido un error terrible. Tendría que haber hecho caso a su instinto. Tenía que alejarse de aquel lugar, irse lo más lejos posible.
Niza parecía una ciudad marciana, bañada en aquella atmósfera roja que lo asfixiaba.
Puso rumbo a las montañas y dejó atrás la ciudad.
Pronto desapareció todo rastro de construcción humana, salvo el murete de hormigón que bordeaba la carretera a lo largo de la ladera.
Soltó el aire de golpe. El cielo volvía a ser azul, o más bien gris, por las nubes cargadas de lluvia.
Entonces se dio cuenta de que ya había recorrido aquella carretera, en sentido contrario, cuando volvía a casa de Mari convencido de que era la suya.
Apagó el GPS. Esta vez sabía exactamente adónde iba.