El Clarividente Capítulo 3
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Capítulo 3

¡Se había quedado dormido! Con aquella herida en la cabeza, podía haber sido fatal.

Fue lo primero que pensó al despertarse.

Lo segundo, de dónde venía el ruido que le había interrumpido el sueño.

Se levantó y abrió la puerta de la calle.

Nadie. Y, sin embargo, le había parecido oír que llamaban.

Al menos, eso creía. ¿O había sido un trueno?

Un relámpago rasgó el cielo justo cuando se lo preguntaba.

Retrocedió y se apresuró a cerrar la puerta.

Saltaron los plomos y la casa quedó a oscuras.

¡Genial! Buscó a tientas el cuadro eléctrico en la pared, pero sus dedos dieron con el pomo de una puerta.

La del sótano. Allí, en equilibrio sobre el primer escalón, tuvo la sensación de asomarse a un pozo.

Había una linterna colgada de un clavo en la pared, seguramente para situaciones como aquella.

Dirigió el haz hacia una escalera de madera.

Se hundía bajo la casa. Tenía que bajar a ver.

A media escalera, se detuvo. De repente lo invadió un miedo infantil, como si esperara encontrar un monstruo al acecho en la oscuridad del sótano.

Un monstruo que olería a perfume. Porque era perfume lo que se mezclaba con el olor a humedad.

Un aroma delicado y dulce, femenino… y un sonido.

¿Un susurro? Aguzó el oído. No, más bien un gemido.

—¿Hay alguien ahí? —se oyó preguntar.

Esta vez no cabía duda. No estaba solo. Bajó los escalones a toda prisa, blandiendo la linterna como un arma.

Al pisar el suelo, se detuvo en seco. Ella estaba allí, en un rincón, hecha un ovillo, como si quisiera huir del haz de luz con que él la enfocaba.

Una mujer tumbada en el suelo, sobre un montón de mantas.