PARTE IV
El matricidio
SObrE EL MATRICIDIO
El canto cierra simétricamente lo que el Canto VIII abrió.
Allí, Polinices sobornó a Erifila con el collar de Harmonía para forzar a Anfiarao a una guerra que sabía perdida; Anfiarao, antes de partir, le hizo prometer al hijo Alcmeón que cuando creciera vengaría la traición materna.
Aquí, dos décadas más tarde, Alcmeón cumple la promesa, mata a la madre, es perseguido por las Erinias, encuentra refugio temporal en una isla aluvial que no existía cuando cometió el crimen, se casa dos veces sucesivamente con dos mujeres distintas, muere por venganza familiar, y sus dos hijos pequeños —crecidos en una noche por intervención divina— devuelven el collar y el peplo al santuario de Apolo en Delfos, donde quedarán colgados como ofrenda final.
Las dos joyas malditas que Hefesto fabricó hace cinco generaciones, en venganza por el adulterio de Afrodita con Ares, vuelven así a manos divinas tras haber pasado por las cuatro generaciones de la casa de Cadmo —de Harmonía a sus hijas, de las hijas a Yocasta, de Yocasta a Polinices, de Polinices a Erifila— y por la primera generación de la casa de Anfiarao —Erifila durante diez años, después brevemente Alcmeón, después Arsínoe, después Calírroe, finalmente los dos niños crecidos en una noche—.
Es la trayectoria más larga de un objeto en la mitología griega arcaica: doscientos años aproximadamente, una decena de poseedores, varios crímenes en cadena.
Al cabo de los doscientos años, el objeto vuelve al sitio donde, en realidad, debió quedarse desde el principio: el santuario delfico, neutralizado por la divinidad apolínea.