El ciclo tebano: La caída de la casa de Layo CANTO XII #3
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CANTO XII #3

No se las puso. No tenía ya intención de ponérselas nunca. Eran demasiado valiosas para uso cotidiano y demasiado marcadas por su procedencia para usarlas en público.

Eran simplemente objetos.

Erifila los había comprado al precio del marido y al precio del hijo. Iba a tenerlos, en consecuencia, los pocos meses que le quedaban de vida. Era lo que quedaba del intercambio. Era poco.

Las guardó otra vez en el cofre. Cerró la sala. Bajó a cenar con los dos hijos pequeños que aún vivían con ella —Anfíloco y Eurídice—. No les dijo nada de lo que había pasado en el templo. Comió. Habló del clima.

VII

La marcha de los Epígonos salió de Argos quince días después.

Era ejército distinto del de los Siete. Menor en tamaño —unos nueve mil hombres—, pero más homogéneo: estaba compuesto casi enteramente de tropas argivas, sin las contribuciones extranjeras menores que habían diluido la coalición anterior.

Las tropas iban dirigidas por seis jefes (no siete, porque Promaco era demasiado joven y se había quedado en Argos): Alcmeón al frente como comandante general, Diomedes como mariscal, Egialeo como segundo, Tersandro como pretendiente legitimador, Estenelo y Polidoro y Anfíloco como mando subordinado.

Adrasto no fue.

Era ya hombre de sesenta y cuatro años. Había perdido demasiado en la primera expedición. Asistió al juramento colectivo en el patio del palacio, pero anunció que no iría personalmente. Esperaría en Argos a la vuelta. Dejaba la operación en manos de los Epígonos.

Era decisión que tenía coste para Adrasto: significaba enviar al hijo único varón —Egialeo— a una expedición sin acompañarlo. Pero también significaba reconocer que la nueva generación tenía que ir sola, sin la tutela del rey viejo. Era cesión generacional. Adrasto la aceptó.

En el juramento colectivo, Alcmeón ofició como sumo sacerdote y como comandante. Sacrificó los animales rituales. Pronunció las invocaciones. Los seis Epígonos pusieron las manos sobre el altar y juraron tomar Tebas o morir en el intento.

Anfiarao, en su tumba bajo tierra al norte de Tebas, no oyó el juramento. Pero los dioses sí.

Y los Epígonos partieron al amanecer.

NOTAS DE RECONSTRUCCIÓN AL CANTO XII

§ I — La generación intermedia. La lista de los Epígonos procede de Apolodoro 3.

7.2, Pausanias 9.5.13, Diodoro 4.66.3. Hay variación menor en algunos nombres entre las distintas fuentes; he seguido a Apolodoro como guía principal.

Evadne arrojándose a la pira de Capaneo procede de Eurípides Las suplicantes 980-1071.

Promaco como hijo nacido durante la marcha procede de los escolios y de Pausanias 9. 19.2.

§ II — Alcmeón descubre el collar. El motivo de Alcmeón creciendo con la promesa al padre y descubriendo el collar en casa materna es construcción narrativa.

Las fuentes (Apolodoro 3.7.2, Diodoro 4.

66) presentan a Alcmeón sabiendo del soborno pero no detallan cómo lo averigua.

La escena del cofre en la sala lateral es elaboración coherente con la lógica del personaje.

§ III — La nueva consulta a Delfos. La consulta a Delfos antes de la segunda expedición y la respuesta exigiendo a Alcmeón al frente procede de Apolodoro 3.

7.2, Diodoro 4.66.1. La consulta privada de Alcmeón sobre el matricidio futuro y la indicación sobre la isla aluvial del Aqueloo procede de Apolodoro 3.

7.5-7 y Pausanias 8.24.7-9; he movido la indicación oracular al momento de la consulta colectiva para que el lector tenga la información antes del matricidio, no después.

§ IV — La negativa de Erifila y la necesidad del segundo soborno.

La negativa de Erifila a bendecir al hijo y la necesidad del segundo soborno procede de Apolodoro 3.

7.2, escolios a Homero Odisea XV.247, Diodoro 4.

66.3. La elaboración psicológica de la negativa («ya he visto morir al padre, no quiero ver morir al hijo») es invención narrativa coherente con la lógica del personaje.

§ V — El segundo soborno con el peplo. El segundo soborno con el peplo de Harmonía, esta vez ofrecido por Tersandro hijo de Polinices procede de Apolodoro 3.

7.2, Diodoro 4.66.3, escolios homéricos.

Es elemento estructural central que cierra la simetría: el primer soborno (Polinices/collar/marido) y el segundo (Tersandro/peplo/hijo) son repetición exacta a una generación de distancia.

§ VI — El asentimiento en el templo. El asentimiento público de Erifila en el templo de Hera es construcción narrativa coherente con prácticas atestiguadas de ceremonias de despedida militar en el mundo aqueo arcaico. La mirada silenciosa entre madre e hijo en el altar es invención psicológica.

§ VII — La salida. La ausencia de Adrasto de la segunda expedición es construcción narrativa coherente con la lógica generacional: el viejo rey de la primera derrota cede el mando a la nueva generación.

Algunas fuentes (Pausanias 1.43.1) sí lo hacen acompañar a los Epígonos pero como figura simbólica, no operativa; he simplificado.

La cifra aproximada de nueve mil hombres es construcción narrativa coherente con la escala atestiguada.