CANTO V #3
—Hasta el final no, esposo. Hijo. Falta la cuarta generación. Faltan nuestros propios hijos. Falta lo que les espera.
Edipo no respondió.
Yocasta se levantó del banco. Caminó hasta la puerta interior de la cámara, la que daba a su cuarto privado. La abrió. Se volvió.
—Esposo. Hijo. Voy a hacer una cosa. Te ruego que no me lo impidas.
Edipo levantó la mirada. La vio. Entendió.
—Yocasta. No.
—Es lo único que me queda. Yo no soy hombre. No tengo guerra para morir. No tengo ciudad que dirigir. No tengo manera de purificar lo que he hecho. Pero tengo cintas. Y tengo viga.
Cerró la puerta interior.
Edipo se quedó en el suelo de la antesala. Tardó unos segundos en reaccionar. Después se levantó. Corrió hacia la puerta interior. Empujó. La puerta estaba cerrada por dentro. Empujó con fuerza. La puerta era de madera resistente, sólida. No cedió de inmediato.
Edipo cargó con el hombro. Una, dos, tres veces. La madera crujió. A la cuarta, cedió.
Cuando entró en el cuarto privado, Yocasta colgaba ya de la viga del techo. Llevaba una de las cintas largas de seda que usaba para recogerse el pelo. Igual que se había colgado, dos generaciones antes, Crisipo el muchacho de Pisa.
Edipo bajó el cuerpo. Lo tendió en el suelo. Estaba aún tibio. Pero no respiraba.
Cuando estuvo seguro de que su madre estaba muerta, Edipo le quitó el broche de oro que llevaba en el hombro derecho — broche grande, con la aguja larga y afilada que las mujeres aqueas usaban para sujetar los peplos en los hombros—.
Lo levantó con las dos manos.
Se lo clavó en el ojo derecho. Después en el izquierdo.
La sangre le corrió por la cara. Cayó sobre el peplo de Yocasta tendida en el suelo. Cayó sobre el suelo de mármol del cuarto. Edipo gritó pero no cayó: se mantuvo de rodillas junto al cuerpo de su madre y esposa, ciego ya, con el broche todavía en las manos. La sangre le seguía cayendo.
Las sirvientas, en la antesala, oyeron los gritos y entraron corriendo.
Lo que vieron, ninguna pudo después contarlo sin temblar.
NOTAS DE RECONSTRUCCIÓN AL CANTO V
§ I — La plaga. La plaga como signo de la impureza no expiada procede de Sófocles Edipo rey 1-150 (apertura de la tragedia) y de la lectura tradicional de Apolo como dios de la plaga.
§ II — La consulta de Creonte y la promesa de Edipo.
La consulta de Creonte a Delfos y la respuesta del oráculo (la impureza es el asesinato impune de Layo) procede de Sófocles Edipo rey 95-131.
La promesa pública de Edipo de investigar y castigar procede de Sófocles 216-275.
Es promesa que la tragedia subraya con ironía dramática feroz: el rey jura encontrar al culpable sin saber que el culpable es él.
§ III — Tiresias. Tiresias como adivino ciego de larga tradición procede de Sófocles Edipo rey 297-462, Apolodoro 3.
6.7, Calímaco Himno V . La resistencia inicial de Tiresias a hablar procede de Sófocles 320-344.
La revelación brutal del adivino procede de Sófocles 350-462.
La acusación de soborno por parte de Creonte que Edipo le devuelve procede de Sófocles 380-389 y 532-630.
§ IV — Yocasta y el manto. La intervención de Yocasta tratando de calmar a Edipo con la historia del oráculo «equivocado» procede de Sófocles Edipo rey 707-725.
Es uno de los momentos más célebres de la tragedia: la madre intenta tranquilizar al hijo sin saber que es su hijo, y la prueba que aduce es justamente la que revelará todo.
El detalle del cruce de tres caminos que Yocasta menciona como prueba procede de Sófocles 716.
La identificación del manto bordado con el blasón real es coherente con la lógica narrativa establecida en el Canto IV.
§ V — El esclavo superviviente. El esclavo superviviente del cruce traído al palacio para confirmar la historia procede de Sófocles Edipo rey 754-862 y 1110-1185.
El testimonio doble del esclavo (presenció la pelea y participó en la entrega del bebé al pastor corintio) procede de Sófocles 1110-1185, donde la tragedia unifica en una sola figura al esclavo testigo del crimen y al pastor que entregó el niño.
He mantenido la unificación sofoclea para simplificar la trama, aunque algunas tradiciones distinguen dos esclavos diferentes.
§ VI — El suicidio de Yocasta y la ceguera de Edipo.
El suicidio de Yocasta por ahorcamiento con una cinta del pelo procede de Sófocles Edipo rey 1235-1264 (transmitido por el mensajero) y Homero Odisea XI.
271-280, donde se da el detalle de la soga en la viga.
La ceguera autoinfligida de Edipo con los broches del peplo de Yocasta procede de Sófocles 1265-1296.
El paralelo con el suicidio de Crisipo dos generaciones antes (también por ahorcamiento) es construcción interpretativa propia: la repetición del gesto cierra la maldición de Pélope con simetría exacta.
La decisión de no detallar más el momento de la ceguera sigue el modelo de la tragedia, que lo narra siempre por intermedio de un mensajero, nunca directamente.