Treinta y cuatro #2
Una fuente del servicio de inteligencia, con información de primera mano sobre la familia Lennox, acusa a Frederick «Freddie» Lennox —hermano menor del ex de Lady Charlotte Rutherford, Sasha Lennox, e hijo del célebre escritor de novela negra Lord Elliot Lennox— de comportamiento «desequilibrado y peligroso» durante su año sabático, y califica a la familia Lennox de «vergüenza nacional».
La fuente, que prefiere permanecer en el anonimato, aconseja a la Familia Real no invitar a ningún Lennox a la boda real, por el posible riesgo a la seguridad nacional.
Dejó de leer y escribió a Sasha.
PEN : ¿Estás bien?
Respondió enseguida.
SASHA : Sí, tranquilo. ¿Cuál te ha hecho preguntar?
Pen le mandó el enlace.
Sasha tardó un poco en contestar, seguramente porque estaba leyendo.
SASHA : Ajá. Bueno, gracias a Dios por el timing . Esto en otro momento habría sido mucho peor. Vuelvo en un rato.
Pen no tenía ni idea de a qué se refería. Empezó a teclear, pero Sasha ya se había desconectado.
Le pareció que pasaban horas hasta que volvió a aparecer.
Pen no pudo evitarlo: miró todas las imágenes que encontró de Charlotte, que en realidad era absurdamente guapa, y leyó cada detalle que encontró sobre su supuesto affaire con Sasha, hasta que el sonido de un nuevo mensaje la sacó del trance.
SASHA : ¿Estás ahí?
PEN : Aquí estoy. Leyendo sobre ti en internet.
SASHA : ¿Algo bueno?
PEN : Prensa de calidad, sí. Especialmente sobre tu morreo con la futura princesa. ¿Entonces es verdad?
SASHA : ¿Que Charlotte y yo nos hemos besado? Sí, es verdad.
Un ramalazo de celos le atravesó el cuerpo. Aunque ya lo sabía, y aunque su pregunta en realidad era sobre Freddie, era la primera vez que él mencionaba a Charlotte por su nombre. No pensaba dejar pasar la oportunidad. Necesitaba más información.
PEN : ¿Y qué significa exactamente eso? Porque a Chet le he oído usar «besarse» para describir toda clase de actividades. En América del Norte usamos la metáfora del béisbol, por claridad.
SASHA : Lo sé. He visto pelis.
PEN : Primera base equivale a besarse.
SASHA : Contacto boca a boca no relacionado con la reanimación.
PEN : Exacto. Segunda base es lo que las novelas juveniles de los 90 llamaban «manoseo del bueno».
SASHA : Te sigo. ¿Y la tercera, según tus estimaciones?
PEN : Todo lo posterior al manoseo, incluyendo el «todo menos».
SASHA : Tercera base: manoseo del bueno ≤ todo menos.
Pen agradeció que se hubiera molestado en buscar el símbolo «menor o igual que» en el teclado. Le sugería que se tomaba el tema tan en serio como ella, lo cual, en una noche como esa, con todo lo que debía de tener en la cabeza, resultaba francamente halagador.
PEN : Exacto. Así que cuando dices que tú y Charlotte os habéis «besado»… o cuando Chet me dijo que te has «besado» con medio departamento de Historia, ¿eso significa primera base o…?
SASHA : Chet juega más bien al críquet.
PEN : Sea como sea…
SASHA : A Chet le gustas.
PEN : ¡No cambies de tema!
SASHA : No lo cambio. Le conviene que creas que soy muy bueno al béisbol.
PEN : ¿Por qué?
SASHA : Para que pienses que soy un libertino.
PEN : ¿Y eso en qué le beneficia…?
SASHA : Hola Pen, soy Chet. Sasha está pasando una noche complicada, con todo lo que ha salido y tal, y acaba de meterse una cantidad considerable de ácido, así que me hago cargo del teclado por la seguridad de todos.
Pen sonrió, con las manos suspendidas sobre las teclas.
SASHA : Y, por si acaso, que sepas que sí es muy bueno al béisbol. Pero fatal al críquet.
PEN : Gracias por el aviso, Chet. Qué bonito esto de charlarlos tres así.
Sobre la mesilla, el móvil de Pen empezó a vibrar. Sasha nunca la había llamado antes; hasta ahora su relación se había desarrollarlo siempre por pantalla. Descolgó, con el corazón desbocado.
—Hola, Pen —dijo una voz algo entrecortada. Era una voz bonita, clara y suave.
—Hola.
—Perdón. No oí a Chet acercarse. Es sigiloso. Debería obligarle a llevar Tic Tacs.
Era la primera referencia a Seinfeld que oía de un británico. Dios, le gustaba.
—¿Sasha?
—¿Sí?
—¿Qué hizo Freddie?
Él dudó. Oyó que caminaba, que la voz de Chet se apagaba, y luego el clic de una puerta al cerrarse.
—¿Puedo pedirte un favor? —le dijo en un tono más grave.
La recorrió un escalofrío—. Este finde es el primer cumpleaños de Danny.
George ha decidido montar una fiesta en el último minuto.
Viene mi tía Margot y puede que Freddie también.
Lo de Freddie es una larga historia; será más fácil contártelo en persona.
George lleva meses preguntando por ti. Creo que a todos les haría ilusión que vinieras.
Pen tardó un poco en contestar.
—¿Me estás invitando por George?
—No —replicó enseguida.
Ella soltó el aire, despacio, lejos del micrófono.
—Pero me da miedo que digas que no, así que intento usar tu cariño por mi prima y su hijo como cebo. —Le temblaba un poco la voz, como si también él estuviera nervioso—. Paso a recogerte mañana. ¿A las diez es muy pronto?
—¿Mañana por la mañana?
Al día siguiente era viernes. Nunca faltaba a clase, pero solo tenía dos. Por un día no pasaría nada.
—Sé que no te fías del todo de mí. En tu lugar, yo tampoco lo haría. Pero por favor, di que sí.
—Sí.
Notó cómo sonreía.
—Nos vemos mañana.
Colgó.
Pen se quedó mirando la pared amarillenta un minuto, y luego empezó a hacer una lista mental.
Primero, escribió a Alice: ¡¡¡Eh, me voy a Stonehaven!!!
Alice respondió de inmediato: Eh, eh, espera un segundo, y luego: ¡¿En serio?! ¡Hostia! ¡ BUENA SUERTE !
Después se puso manos a la obra. Se duchó y se depiló las piernas bajo el chorro gélido de la ducha compartida.
Se embadurnó de crema, se depiló las cejas, se aplicó un contorno inútil bajo los ojos, se limó las uñas, se pintó las de los pies de un color neutro que nadie notaría jamás, preparó la maleta con cuidado, se lavó los dientes dos veces y se metió en la cama para encarar el revoltijo de ilusión y realismo que tenía en el pecho.
¿Qué esperaba exactamente, que Sasha viera las uñas de sus pies recién pulidas y decidiera que no era solo un punto azul siempre disponible en su lista de contactos, a medio camino entre una amiga del Scrabble Online y una novia?
Y, si intentaba «besarla», fuera lo que fuera eso, ¿estaba dispuesta a unirse al montón de mujeres que sin duda lo seguían por St. Andrews y por Londres?
¿De verdad se estaba empujando las cutículas y preocupando por los granitos de la parte trasera de los brazos con la esperanza de lanzarle el corazón a sus pies como esas fans que lanzan el sujetador al escenario?
Acurrucada bajo las sábanas, se sentía como suponía que se sentían quienes tomaban MDMA .
Tenía el pulso acelerado, la mandíbula inquieta, y los pensamientos le rebotaban por la mente como pelotas huecas sobre una mesa de ping-pong .
Se sentía atrapada en su cuerpo y, al mismo tiempo, recorrida por una energía desbordante, como un espectáculo de fuegos artificiales, que tenía algo de maravilloso.
Sea lo que sea esto, pensó, al menos es lo contrario de estar entumecida.