CUARENTA Y CINCO Gavin Octubre
—¿Qué te apetece ver, Patito? —le pregunto a Jordyn—. Cualquier cosa menos Frozen .
Ahora que Reggie vuelve a vivir con nosotros, ella y Jordyn han vuelto a cantar todas esas canciones. Hay un límite de lo que puedo aguantar.
—¿No hay un partido de hockey hoy? —me pregunta—. Ya ha empezado la temporada, ¿no, papi? —Agarra el mando a distancia y lo apunta a la tele.
—Sí —respondo a regañadientes, pero el partido no tiene ningún atractivo—, aunque el partido no es tan interesante si Hudson no está en el equipo.
Jordyn claramente no ha perdido el interés, ni en el hockey ni en Hudson. Me pregunta constantemente cómo está, si le gusta Colorado, si nos echa de menos.
Lo que creo: «No lo sé», «Lo dudo» y «Probablemente, pero es jodidamente difícil de saber».
Lo que le he dicho: «¡Seguro que genial!» y «Ya te ha dicho que sí».
Una semana después de que se fuera, recibí un paquete de correos de la oficina central del Colorado Cougars. En su interior había una camiseta de tamaño infantil y un programa con la firma de todos los jugadores. Y una postal de Boulder, Colorado.
Querida Jordyn, siento mucho haber tenido que irme sin despedirme. Fue un enorme shock. De verdad deseo que hayas tenido un buen verano. Aquí tienes una nueva camiseta para tu colección. Con amor, Hudson.
¿Con amor? Los cojones.
Aún estoy amargado. Una parte de mí cree que Hudson me quiso de verdad. La otra está simplemente enfadada por la forma en que actuó. No es la primera vez que me abandonan, y la forma fría en que se fue me alteró.
Desde entonces, he soñado con que se iba.
O bien persigo el coche o bien grito y no puede oírme.
He estado solo durante horas a altas horas de la noche, tumbado en la cama y mirando el techo.
A veces entro en la sala de pesas del trabajo y, por instinto, lo busco con la mirada antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo.
Es brutal. No tanto como perder a tu marido en un accidente de coche, pero, aun así, es duro.
—¿A que sí, papi?
Mi atención vuelve a centrarse en mi hija.
—¿Qué has dicho, cielo?
—¿El partido de Hudson también está en la tele?
—Claro, en alguna parte —le digo—, pero probablemente no tenemos ese canal.
Resulta que sé que el Colorado son los anfitriones en el partido contra el Chicago esta noche. Es posible que haya revisado los horarios de los partidos del Colorado. Por interés científico.
Eso significa que también he descubierto que el Colorado visitará Brooklyn el mes que viene para un partido.
Si Reggie está aún por aquí, quizá le pida que haga de niñera esa noche. Me iré a un bar lo más alejado posible del estadio y me emborracharé como toca.
Mi hija desaparece en su habitación y vuelve a salir un minuto más tarde con su iPad.
Ha buscado en Google «cómo ver el partido de hockey de Hudson».
Y Google, que es astuto hasta un punto que da miedo, le ha respondido con un enlace al horario de los Cougars, seguido de otro a la página de suscripción de ESPN+.
—Eso cuesta dinero —le explico mientras hace clic en el enlace.
—¡Papi, dice que hay un periodo de prueba gratis de dos semanas!
—Pero así es como te engañan —gruño—. Quieren que te hayas olvidado para el final de las dos semanas para que puedan cobrarte con tu tarjeta de crédito.
—Podríamos hacer eso que hace tu móvil para recordarte las citas con el médico —dice, pensativa—. Así no nos van a cobrar, ¿no?
Los niños son demasiado listos hoy en día.
«Tienes que aprender a decir que no», le dije a Hudson, y mírame, escribiendo el número de mi tarjeta de crédito en la página de la suscripción.
¿Por qué? Porque me gusta torturarme, por lo visto. Es la única explicación que tiene sentido. Jordyn encuentra el partido en el directorio de hockey, y cuando la cámara pasa por el banquillo del Colorado, me inclino hacia delante para ver la cara robusta de Hudson.
Jordyn suelta un chillido, y ahí está, justo frente a nosotros en alta definición, con un casco azul que no reconozco y una expresión seria de día de partido.
Mi corazón se encoge por el deseo. Entonces, un entrenador desconocido le da un toque en el hombro y salta por el borde para su turno.
—Guau —dice Jordyn, porque Hudson patina como si estuviera en llamas. Es rápido y agresivo mientras frena el progreso de un delantero del Chicago y le roba el disco—. Hudson está enfadado esta noche. ¿Puedo hacer palomitas?
—Claro, cariño.
Se dirige a la cocina, encuentra una bolsa de palomitas de microondas, le arranca el plástico y la mete en el aparato.
Cuando termina y me las ofrece, me meto un puñado en la boca, pero no me levanto del sofá hasta el descanso.
Es mágico. Se me había olvidado, o quizás había querido olvidarlo, pero el chico de la pantalla está jugando al máximo.
Tras agarrar una cerveza, encuentro mi móvil y busco sus estadísticas. En solo cuatro partidos, ha hecho dos asistencias y un gol.
Sonrío a pesar de todo. Aún estoy enfadado, maldita sea, pero también estoy contento, porque sé lo mucho que Hudson quiere demostrar su valía. Y míralo ahora.
Cuando empieza el segundo tercio, sigo buscando en Google. Busco a sus compañeros de equipo; algunos de ellos llevan como mínimo cinco años, así que Hudson probablemente los conocía. Quizá son amigos.
Espero que tenga amigos.
—Su entrenador es más guapo que el nuestro —decide Jordyn con los ojos pegados a la pantalla. Tiene palomitas en el pelo—. ¿Cómo se llama?
—Clay Powers —respondo tras buscar su nombre—. Solo tiene treinta y ocho años, es el entrenador jefe más joven de la Liga.
—Es lindo —comenta—. Me gusta su cara.
Supongo que sí que tiene una cara guapa. Además, el traje le sienta fenomenal. Por las risas, busco cuáles son los entrenadores más buenorros de la Liga y su foto aparece inmediatamente.
Qué sorpresa.
Suena el silbato, y la cámara vuelve a enfocar el banquillo. Examino a los compañeros de equipo de Hudson, buscando pistas que me señalen cómo es estar ahí y si está contento. Hay un joven encargado del equipo tras el banquillo, y un preparador físico con una chaqueta azul de cuello con cremallera.
Por supuesto que hay un preparador físico. Hudson solía salir con uno en Colorado, ¿no? Quizá es ese.
Me levanto de golpe del sofá y me dirijo a la nevera, donde agarro una segunda cerveza.
Normalmente solo me tomo una, pero ahora tengo la cabeza llena de pensamientos terribles.
Hudson y el preparador físico redescubriéndose el uno al otro.
Teniendo relaciones sexuales en una cama gigante en un chalé de montaña mientras la nieve cae suavemente al otro lado de la ventana.
Espera. ¿Ya está nevando en Colorado? ¿Debería mi infeliz inconsciente imaginarse hojas otoñales en vez de eso?
Le doy un sorbo a mi segunda birra y doy vueltas tras el sofá.
En nuestra pantalla, Hudson patina como un demonio de Tasmania.
Le hace una zancadilla a un jugador del Chicago y no le llaman la atención por ello, y sus compañeros le chocan los cinco cuando vuelve al banquillo.
Entorno la mirada para ver si el preparador físico le dice algo o le sonríe.
Jesús. Va a ser una temporada larga. Definitivamente, voy a cancelar este canal cuando se termine el periodo de prueba.
Saco el móvil y abro nuestra aplicación secreta tras escribir nuestra contraseña. Y ahí está nuestro viejo hilo de mensajes de la mañana en que lo intercambiaron, congelado en el tiempo. Emojis de berenjenas y de caras sonrientes y de corazones. No puedo esperar a verte otra vez , había escrito.
Ojalá hubiera sido así.
Más tarde le echaré la culpa a la lata y media de cerveza light , lo cual es ridículo, pero no hay forma razonable de justificar que le mande un mensaje.
Gavin: Jordyn me ha obligado a conseguir ESPN+ para que podamos ver el partido de esta noche. Tienes buen aspecto.
En la pista, quiero decir.
Da igual. Probablemente tienes buen aspecto en general, so huevón.
Aún estoy enfadadísimo contigo, pero de verdad espero que estés bien. Espero que haya alguien en Colorado que te haga jugar al ping-pong y comer carbohidratos de vez en cuando.
Le doy al botón de enviar, pero entonces lo vuelvo a leer y me doy cuenta de lo estúpido que suena todo, así que, por supuesto, insisto.
En serio, me ha obligado a suscribirme. Me ha sujetado con sus bracitos cortos y me ha amenazado con cantar Frozen de principio a fin a no ser que le dijera que sí al periodo de prueba de dos semanas.
El cual voy a cancelar. Probablemente es caro, así que al menos solo tengo catorce días de tortura.
Porfa, marca otro gol en las siguientes dos semanas. Okgrax .
P. D.: Tu entrenador es guapo. No puedo ver al preparador físico lo suficientemente bien como para saber si también es guapo, pero si es tu ex, no me lo digas nunca. De verdad que no lo quiero saber.
Lo releo todo y suelto un gruñido.
—¿Qué pasa, papi? —pregunta Jordyn desde el sofá.
—Nada. Solo estoy, eh…, viendo si esta aplicación te deja borrar lo que has enviado.
No te deja.
Puta vida.
El Colorado marca gol, y Jordyn aplaude, y yo apago el móvil al completo para evitar la tentación de volver a ponerme en evidencia.