El chico nuevo TREINTA Y CINCO Gavin Mayo #2
70%

TREINTA Y CINCO Gavin Mayo #2

—Suena bien —responde Henry, sacudiendo el ratón de su ordenador—. Si nos queda poco de algo, pásale el pedido a Heidi Jo.

—Lo haré.

Esa noche estoy metiéndome en la cama cuando suena mi móvil. Es Hudson quien llama.

—Hola —respondo, mirando por instinto hacia la derecha—. ¿Estás al otro lado de la pared? —Mi habitación es tan pequeña que puedo poner un pie en el suelo y golpear la pared de yeso con los nudillos tres veces.

Pasa un momento en el que no se oye nada excepto el crujir de la madera, y entonces oigo el mismo tap, tap, tap contra la pared de mi habitación.

—Tan cerca y, a la vez, tan lejos. —Suspira—. Es culpa mía, por supuesto.

—Venga ya. El universo merece tener un poco de culpa. No es culpa tuya que nos encontráramos en un bar hace cuatro meses.

—Aun así. —Se aclara la garganta—. Te llamo porque no estoy contento con cómo he reaccionado hoy. Cuando ha entrado Henry.

—Oh. —Trato de pensar en qué más añadir, pero no puedo. Me ha dolido mucho verlo alejarse así de mí, pero no voy a decírselo, porque ya lo sabe.

—Ya te dije que no tenía problemas con mi sexualidad —dice en voz baja—, que no me avergüenzo. Pero llevo tanto tiempo escondiéndome que no sé cómo parar.

—Ya —digo con tono suave—. Me lo imagino.

—Pero voy a aprender —insiste—. Voy a tener que superar las eliminatorias, y entonces tendré que irme unas semanas a Los Ángeles para trabajar con un gurú del fitness que le encanta a mi padre.

—De acuerdo —digo con paciencia. Ya lo había mencionado antes.

—Pero en julio —su voz se anima— el equipo hará un puñado de renovaciones de contrato durante el verano, y espero conseguir una de ellas.

Y cuando la tinta esté seca, entonces será cuando me siente con el equipo y les diga: «Chicos, hay algo que tenéis que saber sobre mí».

Ese es mi plan, ir directo. Sin avisar a la dirección, sin reuniones con relaciones públicas.

Voy a disparar primero y preguntar después.

—Guau —susurro, porque puedo imaginármelo. Los chicos sentados en los vestuarios, y Hudson allí de pie con una expresión seria en sus ojos marrones. El equipo le escuchará. Le darán lo que necesita: su atención y su apoyo. Sé que lo harán—. Eso podría cambiarte la vida.

—¡Lo sé! —Se ríe de verdad—. Y entonces podemos lidiar con el problema del conflicto de intereses en el trabajo. Podríamos sentarnos los dos a hablar con Henry, si te parece bien.

Me trago un bulto que se me ha formado en la garganta.

—Sí, podría hacer eso. Quizá él nos ayudaría a buscar una alternativa. En realidad, eh… he estado pensando en cambiarme al equipo femenino.

—¿En serio? No se me había ocurrido.

—Bueno, no te emociones. Su temporada es mucho más corta que la masculina, y no me pagaría lo suficiente como para vivir. Tendría que conseguir un segundo trabajo…

Hudson suelta un gruñido descontento.

—Ni hablar. Vale, esa no es la solución, pero se nos ocurrirá algo.

Que quiera hacerlo me llena de esperanza.

—Cuídate, ¿vale? Deberías irte a dormir.

—Podrías pasar por aquí a darme un beso de buenas noches —dice con un tono coqueto.

—Hudson…

—¡Es broma! —Puedo sentir su risa cavernosa en mi estómago—. Buenas noches, guapetón. Me iré a dormir para poder marcar más goles por ti mañana por la noche.

—Estaré pendiente de ti —le prometo.

Cuando colgamos la llamada, me tumbo en la cama y pienso en él, acostado en la habitación más grande que la mía que hay al otro lado de la pared.

Quizás algún día traeremos un mazo y la derribaremos.

Registro a Jordyn en el campamento, y entonces le muestro la carta de bienvenida.

—Oh, papi, ¿en serio? —chilla, feliz—. ¿Puedo ir? ¿Al campamento de Bella y Lila?

—Pues sí. Pero ahora también es tu campamento. —«Al menos, este año». No le digo que Hudson nos ha ayudado. Por un lado, me siento como un capullo al llevarme todo el mérito, pero no sé ni cómo empezaría a explicárselo.

De todas formas, está muy ocupado. El Brooklyn gana el segundo partido y entonces pierde el tercero, en Philadelphia. Sin embargo, se quedan allá, preparándose juntos para el cuarto partido.

Hudson ha brillado en cada uno de ellos. No es exagerado decir que está dominando la pista. Un escritor de deportes incluso lo dijo así: «Hudson Newgate ha sido una estrella brillante del banco de defensa del Brooklyn».

Estoy emocionado por él. Por fin está recibiendo la atención que ha trabajado tan duro por conseguir.

Durante la noche del cuarto partido, otro mensajero llega a mi puerta. Esta vez hay una caja con un pastel de queso de un restaurante italiano que hay cerca, junto con tres entradas para el quinto partido; incluso Reggie consigue un asiento.

Sueño contigo , dice el sobre. Me lo escondo en el cajón de los calcetines, como un adolescente caprichado. Entonces, le escribo para darle las gracias por el pastel de queso y las entradas.

Hudson : Ese es mi restaurante favorito. ¿Has estado alguna vez?

Gavin: Nop.

Hudson: ¿Y si hago una reserva para dos para la semana antes de que empiecen los partidos de pretemporada? Para entonces ya habré hecho mi gran anuncio, y habremos tenido la oportunidad de hablar con Henry.

Mi corazón da saltos dentro de mi pecho.

Gavin: Suena a que será una cita divertida.

Hudson: Ese será mi pensamiento feliz. Eso y todo lo que pasará DESPUÉS de la cena…

Ahora también es mi pensamiento feliz.