El chico nuevo QUINCE Hudson Marzo #2
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QUINCE Hudson Marzo #2

Nunca somos específicos, porque si le cuentas al mundo entero que tu cadera derecha está inflamada, el matón del equipo contrario puede apuntar a esa zona y eliminarte para siempre.

—Resultó no ser nada —respondo, forzando una sonrisa.

—Me alegro de oírlo —dice con un tono educado—. Que tengas un buen partido.

—Igualmente —respondo como un tonto.

Se marcha, y estiro los tendones de las corvas, pero ahora estoy de mal humor. No, es peor que eso, estoy furioso. «Esta podría ser una gran temporada para ti». Menudo cumplido falso de mierda.

Esto era solo para joderme la mente, ¿no? Salí del armario con ese chico a los veinte, cuando la tierra era verde y pensaba que tendría una vida idílica en Colorado.

Y, a cambio, me mandó a la otra punta del país de una patada.

La rabia burbujea dentro de mí mientras termino de estirar, pero en realidad eso es bueno. Ahora tengo la necesidad de destrozar al Colorado. Solía entrenar con Kapski, su delantero estrella, así que al menos me conozco algunos de sus truquillos.

Cuando llega la hora, observo fijamente a Kapski mientras ponen el disco en juego, y cuando estamos en movimiento, me aposto junto a él, tratando de bloquear sus líneas de visión antes de que consiga el disco.

Hay muchas formas de ser defensa. Hay defensas defensivos, los clásicos bloqueadores de pases; O’Doul es ese tipo de jugador, siempre cerca de la zona neutral, evitando que los oponentes se hagan con la suya.

Entonces están los defensas ofensivos; nuestro Tankiewicz cumple ese rol, pues es un jugador llamativo que rompe formación para crear oportunidades de marcar punto cuando puede.

En medio están los que llamamos defensas bidireccionales; ese soy yo: juego donde sea que me necesiten.

Pero no esta noche. Estoy pasándomelo en grande como en los viejos tiempos. El Colorado es un buen equipo, pero dependen demasiado de Kapski; la mayor parte de sus goles los marca él.

Así que puedo posicionarme como un tapón en la botella, una barrera. La encarnación humana de «no». No es llamativo, y seguramente no es entretenido de ver. Soy solo un hombre que se pone en medio del camino de otro hombre cada vez que ambos estamos en la pista, lo cual es gran parte del tiempo.

Al entrenador parece que le gusta mi estrategia, y me va asignando turnos con Kapski. Patino con fuerza y con el tipo de visión de túnel que hace que el primer tercio pase volando.

Pronto, la campana suena y nos dirigimos de vuelta a los vestuarios.

—¡Newgate! Vente para aquí —dice Henry, llamándome desde la camilla.

—La cadera está bien —insisto, pero estoy la mar de agotado.

—Colega, ya lo sé. Bébete esto. —Me lanza una botella de una bebida energética—. Tendremos que cambiarte el apodo a, yo qué sé, Hombre de Hierro. Esos han sido tus turnos más largos de la temporada.

Ni siquiera me había dado cuenta de eso, pero engullo a tragos el zumo mágico de Henry de todas formas. Hace su propia mezcla para nosotros.

—Buen trabajo, hijo —dice el entrenador Worthington mientras me seco el sudor de los ojos—. Si sigues así un tercio más, vas a romper a ese chico. Asegúrate de que caes sobre tu lado izquierdo cuando eso suceda.

—Eso haré —digo, soltando una risita por la nariz.

El entrenador lo decía de broma, pero básicamente tiene razón.

Voy a por Kapski de la misma forma infernal durante el segundo tercio, y, en algún punto, las jugadas del Colorado se desmoronan.

Uno me hace caer, y el árbitro pita falta, dándonos power play .

En el momento en el que este termina, otro agrede a Castro con su palo.

Otro power play , y el Brooklyn marca punto.

Mientras Trevi celebra su gol, patino hacia el entrenador Powers para ver su cara en el banco de visitantes. Parece que quiere sacudir a sus jugadores.

Le dedico una sonrisa amplia que seguramente no nota, pero me lo estoy pasando en grande.

El último tercio se desarrolla como si fuera un sueño. El Colorado sigue en su espiral, y su juego está lleno de errores. Yo consigo levantarle el palo a Kapski cuando está a punto de recibir el pase, el mismo movimiento que le he hecho a Drake esta mañana, y funciona igual.

Robo el disco y hago un giro rápido. Todos en el estadio esperan que haga un pase, porque me he pasado todo el partido defendiendo con fuerza pero de forma aburrida.

Sin embargo, las normas están para romperlas. Paso volando por el lado de Kapski, evito a un defensa sorprendido y disparo el disco hacia la portería, que pasa entre las piernas del portero.

Se la he colado por el quinto hueco. La luz se ilumina, y se siente irreal.

Y también jodidamente increíble.

Por primera vez en mucho tiempo, soy aquel con quien quieren hablar los periodistas, lo que es divertido.

Cuando termino de sonreír para las cámaras, mi padre ya me está petando el móvil con notas de voz felicitándome.

Eso también es poco común. Punto para mí.

Sin embargo, nada de eso es tan entretenido como el mensaje que recibo de Gavin. Es una foto de Jordyn saltando una y otra vez frente a la pantalla de la tele. He dejado que se quede despierta para verlo. Ahora sí que tienes que venir a cenar mañana.

Supongo que puedo permitirme unos pocos carbohidratos , respondo. Como si no estuviera desesperado por ir a sentarme en la cocina de Gavin mientras me sirve sopa casera. Llevaré bebidas .

Después de mandar ese mensaje, me pregunto si ha sonado coqueto, pero ya es demasiado tarde. No puedo echarme atrás.

Es solo una cena inofensiva, ¿no? No hay ninguna razón para no ir. Es una noche informal en la que ignoraré mi dieta y salivaré como un lobo hambriento por Gavin.

Sin problemas. Yo puedo con todo.