El chico nuevo OCHO Gavin
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OCHO Gavin

Trabajar en el equipo femenino es sorprendentemente divertido, así que estoy demasiado ocupado como para preocuparme por Jordyn. Más o menos.

No hay más mensajes de Hudson, así que imagino que todo va bien. Durante el último tercio, por fin recibo un mensaje de Reggie confirmando que ha leído mis mensajes y que se dirige a la pista para recoger a mi pequeña.

No llego a casa hasta las diez de la noche, y Jordyn ya está dormida. Cuelgo el abrigo al lado de la puerta y me dirijo al sofá de puntillas, donde me espera mi hermana. Su sonrisa se ensancha cuando me dejo caer a su lado.

— Ohdiosmío —susurra—. ¡Nuestro vecino favorito está tremendo en persona! Casi me desmayé cuando lo conocí. Deberías ir a su piso ahora mismo y darle un regalo de agradecimiento.

—Sí… —Considero la idea—. Le debo algo de dinero por el puesto de comida y tal, pero supongo que estaría bien que le consiguiera una buena botella de vino o algo así, ¿no? Me pregunto si bebe vino.

—¿Y una mamada? A todos los chicos les gustan.

— Reggie .

—Vale, pero en serio —carcajea—, creo que Jordyn no se lo había pasado tan bien en su vida. Mira. —Señala hacia la mesa.

—¿Qué es eso? —La superficie está cubierta de un botín del Bombshells.

Cuando me levanto para inspeccionarlo, veo un set de pompones y una camiseta del tamaño de Jordyn con el número de Charli Higgins en la parte de atrás, además de un programa del Bombshells con las firmas de las jugadoras y otra camiseta firmada por los jugadores del Bruisers.

Y un sombrero. Y un poncho.

—Le compró uno de cada de lo que había en la tienda de regalos. —Se encoge de hombros—. Me dijo que la chica nueva en el cole necesita un empujoncito.

—Vaya. Eso es… Es tan amable que no sé ni qué decir.

—Claro que sí. Ve a darle las gracias, no es tan tarde. —Hace un gesto para echarme en dirección al pasillo.

Miro hacia la puerta, deseando no tener que hacerlo. Cuando Hudson pasó de mí en el trabajo, estaba lleno de rabia justificada. Pero eso fue antes de que me pusiera sentimental con él en la sala de tratamientos.

No puedo creer que le vomitara todo lo que le dije. «Fuiste lo más emocionante que me había pasado en dos años». Suena tan patético, aunque sea verdad.

Aun así, me lleno de valor y salgo del piso para llamar a su puerta.

Durante un afortunado segundo, me imagino que no está en casa. Puede haberse ido de juerga con sus compañeros después de dejar a Jordyn con Reggie.

Pero no tengo tanta suerte. Oigo unos pasos que se acercan, y entonces la puerta se abre y muestra a Hudson, que luce para comérselo con su camiseta raída y pantalones de tiro bajo.

«Qué pivón».

—Hola —digo estúpidamente.

—Hola. —Sus ojos marrones no me transmiten nada.

—Eh… —Es muy difícil pensar cuando sus bíceps se le marcan tan perfectamente en mi campo visual—. Solo quería darte las gracias. No tenías por qué echarme un cable, y lo aprecio mucho. Jordyn está ya frita, pero Reggie dice que la has malcriado hasta la médula. Así que gracias.

—Es una niña linda. —El señor Serio me dirige una sonrisa poco frecuente—. Se emocionó mucho viéndote en el banquillo, era gracioso. No sé nada sobre niños; joder, no sabía ni que tenías una hija hasta la otra mañana. No pareces suficientemente mayor.

—Ya, me lo dicen mucho. Es una larga historia.

Me dirige una mirada taciturna durante un momento, y entonces abre la puerta un poco más, invitándome a entrar. Sin embargo, su expresión es cuidadosa, como si no estuviera seguro de si es buena idea.

—Cuéntame. Tengo algo para ti, de todas formas.

Trago saliva y lo sigo adentro.

—Jordyn es adoptada —digo, siguiéndolo. Su puerta lleva directamente a la sala de estar, justo como la mía—. Mi marido, Eddie, era nueve años mayor que yo. Él y su novia de mucho tiempo querían adoptar, pero ella rompió con él antes de que aprobaran la adopción.

—Vaya. ¿Y siguió adelante de todas formas? —Cruza la sala hacia el sofá, que es gris carbón. No tiene cojines decorativos, y también es el único lugar en el que te puedes sentar en esta habitación, sin contar los taburetes y la encimera de la cocina al otro lado de la sala.

—Bueno, sí. No lo conocí hasta que Jordyn tenía casi dos años, pero ella no recuerda su vida antes de que yo llegara.

—Así que ahora eres su única familia. —Sus ojos taciturnos se suavizan.

—Bueno, casi. También están mis suegros controladores y mi hermana, pero sí.

Eddie y yo solo disfrutamos de tres años juntos antes de que muriera.

Después de eso, dimití de mi trabajo y me quedé en casa para cuidar de ella.

Necesitaba mucha atención, y Eddie tenía un buen seguro de vida.

—Joder, ya vuelvo a irme por las ramas. Ese es el efecto que tiene Hudson en mí—.

Y esa es nuestra historia. Es un poco inusual, pero Jordyn es una buena chica, y hoy has hecho que su noche sea especial. Así que te lo agradezco.

—No hay de qué. —Agarra su móvil de la mesita de centro—. Hay unas cien fotos de ti aquí, quizá más. Pero te juro que no soy un acosador; Jordyn quería fotos de «papi trabajando».

—¡Oh! —Me río, incómodo—. ¿Se supone que tengo que guardarlas para ella?

Hudson hace un gesto de pistola con las manos y me dispara.

—Esa es la idea. ¿Tienes el móvil?

—Sí, justo aquí. —Cruzo la habitación y me siento en el otro extremo del sofá. Pongo el teléfono en el cojín que hay entre nosotros, y él hace lo mismo antes de iniciar la transferencia.

—Hay muchísimas —me dice—. No digas que no te he avisado.

Mi teléfono vibra, y mi adolescente interior no puede evitar pensar que nuestros teléfonos básicamente están intercambiando sus fluidos. Mi móvil incluso suelta un pequeño gruñido cada vez que recibe una foto.

Esto es lo que pasa cuando eres viudo. Todo te recuerda al sexo que no estás teniendo.

Las fotos se transfieren lentamente, así que echo un vistazo al piso, que está prácticamente vacío.

—Me encanta lo que has hecho con tu casa.

—Sí, sí —sacude una mano—. Lo máximo que he vivido en un mismo piso han sido once meses. Espero poder romper esa racha, aunque no quiero gafar nada amueblándolo.

—Así que básicamente eres un nómada.

—No por elección propia. ¿Sabes cómo funcionan los intercambios en la Liga?

—Niego con la cabeza—. La mayoría de los jugadores se pueden intercambiar en cualquier momento.

Una vez me intercambiaron en mi cumpleaños.

Mis compañeros estaban discutiendo sobre a qué restaurante llevarme, y el director general dijo: «Oye, tengo noticias para Chico Nuevo».

Otra vez descubrí que me habían intercambiado sentado en el retrete.

Alguien había filtrado el intercambio antes de que pudieran contactarme, y lo leí en Twitter.

«Auch».

—Vaya, eso suena terrible. ¿Pasan cosas así todo el tiempo?

—Sí, si eres yo —responde, sus ojos fríos evitan los míos—. Soy un poco especial, en ese sentido. Pero es la razón por la que nunca he… salido del armario. O sea, lo intenté una vez.

Mi corazón se desboca por la ansiedad.

—¿En serio?

—Oh, sí. Craso error. —Se aclara la garganta—. Tenía veinte años y me habían seleccionado en la primera ronda. Había grandes expectativas puestas en mí, en parte porque mi padre era famoso en el mundillo del hockey.

—Oh. —Hay mucho que aún no sé sobre hockey.

—Ya, así que estaba jugando para el Colorado en mi primer equipo de liga nacional.

También había sido el equipo de mi padre antes de que se retirara.

Había mucha historia Newgate allá. Y durante mi primera temporada, conocí a un chico fantástico.

Era, eh… —Hudson parece avergonzado de repente—.

Un preparador físico que conocí en el gimnasio.

Mi risa es súbita y un poco alta.

—Me tomas el pelo. —Él niega con la cabeza.

—No lo había contratado el equipo, solo era alguien que había conocido antes del campamento de entrenamiento.

Un tipo genial. Hacía que todo fuera divertido, un poco como tú.

Acostarme con él respondió a muchas preguntas que había tenido, y fue un gran alivio.

En plan, vale, me gustan las chicas y los chicos.

Ya puedo dejar de preguntarme por qué me la casco con vídeos de Maroon 5.

Me tapo la boca con la mano para amortiguar la risa, pero no termina de funcionar.

—Ya, lo sé, es gracioso. —Me dedica una sonrisa rápida aunque dolorida.

—Dime, ¿qué pasó con ese chico?

—Bueno… —se rasca la frente—, las cosas fueron bien durante un tiempo.

Pensé que lo había conseguido, ¿sabes? Atleta profesional, enrollado con un chico al que le gusta chupármela…

Pero un día me dijo que no podía ser mi secreto, y que si quería continuar con él, tenía que decírselo al menos a una persona.

—Oh. —Prácticamente tengo síndrome postraumático por salir del armario con mi propia familia, así que hay muchos giros que puede dar esta historia.

—Así que me armé de valor y lo hice, se lo conté a mi padre.

Y se lo tomó sorprendentemente bien; yo estaba bastante aturdido.

Su único consejo fue: «No se lo cuentes al equipo».

Quería que estuviera una temporada entera antes de eso.

—Hudson respira hondo—. En perspectiva, creo que solo quería que me cansara del chaval, y que pensaba que quizá el problema se solucionaría por sí mismo. Pero no le escuché.

Oh, no. Me preparo emocionalmente.

—Quiero decir, de verdad pensé que todo iría bien. El entrenador era difícil de leer, pero el ayudante de entrenador era un tipo estupendo, y tenía un buen presentimiento, como si todo el mundo fuera a estar tan contento como yo. ¿Sabes a qué me refiero?

Asiento, pero en verdad me siento un poco indispuesto.