El chico de Manhattan Capítulo 37 Muros inquebrantables
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Capítulo 37 Muros inquebrantables

Muros inquebrantables

Beth

Álvaro trató de tranquilizarme, restándole importancia al asunto, pero él también estaba afectado. Lo disimulaba, aunque se le notaba.

Comprendí perfectamente lo que había querido advertirme Susan sobre el carácter de Candela.

Álvaro podía ser duro, pero había algo dentro de él muy noble.

Solo había que ver cómo era con Beca, cómo me trataba a mí.

Se había endurecido por todo lo que había vivido, por el inmenso peso que cargaba sobre sus hombros.

Candela era muy diferente. Ella no solo es que fuera dura: era hiriente.

Su lengua era afilada como un cuchillo. No había tenido por qué herirme y lo había hecho deliberadamente.

Quizás yo la había dañado a ella de alguna forma, aunque no lo había pretendido en modo alguno, y esa era su forma de responder.

Lo medité mientras iba en el coche con Álvaro hasta el castillo en el que haríamos la sesión fotográfica.

A unos diez minutos por carretera, se encontraba uno de los castillos que Candela había adquirido para BAC France Real Estate.

Aquella pintoresca fortaleza era una auténtica preciosidad.

Había formado parte del sistema defensivo estratégico de la zona y estaba vinculado a la arquitectura fortificada típica del suroeste de Francia.

Traté de centrarme en las posibilidades que tenía para las fotografías.

Era la oportunidad de fotografiar a los tres propietarios del holding juntos.

No era la fortaleza en la que habíamos planeado hacerlo, así que tenía que estudiar el entorno y organizar rápido mis ideas.

Ante mí se alzaba una estructura de piedra robusta, con muros gruesos y torres de distintas alturas que sobresalían del conjunto y reforzaban la silueta medieval.

Me fijé en el tejado inclinado, cubierto de tejas oscuras…

La imagen era muy potente, pensé que era un entorno con muchas posibilidades, podía hacer un buen trabajo.

Aunque la barriga de Beca ya era prominente, hicimos la sesión de fotos procurando que no se le notara.

Para las que hicimos de los tres, dejamos a Álvaro en el medio y las cogí de mitad de cuerpo hacia arriba, para evitar un primer plano de la barriga.

Pero la mayoría fueron posados más modernos.

En ellas optaba por sacar a Candela en primer plano, Álvaro más atrás y Beca al fondo, colocada de tal forma que no se mostrara su embarazo.

Así hicimos algunas en los jardines y en el interior, jugando con las escaleras para conseguir distintos planos y profundidades.

La sesión salió espectacular. Las instantáneas de Álvaro y Candela, como cabezas del grupo, resultaban muy potentes, y las que incluían a Beca proyectaban una imagen fuerte y muy atractiva: los tres dueños del holding , jóvenes y exitosos. Estaba claro que la cámara los quería.

Las últimas fotografías las hice solo de Candela y Álvaro.

Cuando decidí que ya tenía material suficiente, los dejé hablando sobre cuestiones de empresa.

Me di cuenta de que Candela no iba a dar su brazo a torcer y, fuera cual fuese el problema que tenía con su hermano, tendría que ser él quien acercara posturas con ella.

Caminé por el jardín para sacar algunas instantáneas. Beca se había sentado en un banco al fondo, alejada del castillo. Me pregunté si lo había hecho de forma deliberada para poner distancia con sus hermanos.

Al verme, me saludó con la mano para que no me cortara de acercarme hasta donde estaba ella.

—¿Cómo va la sesión? —preguntó sentada en un pequeño murete.

Aproveché para enfocarla y hacerle un par de fotografías para ella. Sonrió y se tocó la barriga, estaba preciosa.

—Terminada. Tengo todo el material que necesitaba —respondí—.

Bueno, de hecho, tengo mucho más del que pensaba en un primer momento.

Pero bueno, serán recursos compartidos para las tres sedes, así que es mejor tener de sobra.

Me alegro de que hayamos podido hacerlo, aunque no fuera aquí donde se pensaban hacer las fotos en un primer momento.

Beca asintió.

—Es una suerte que hayas acompañado a Álvaro.

Si no hubieras venido con él, la idea de hacer las fotografías hoy, que ha improvisado Candela, no habría sido posible.

—Hizo una breve pausa—. Pero ella es así, no pasa fácilmente por lo que los demás disponen.

Menos cuando ya está posicionada en el no.

Miré hacia los hermanos. Ambos tenían una actitud combativa, a pesar de que no sabíamos qué estaban diciendo por la distancia.

No estaba segura de si debía o no hablar sobre la impresión que me estaba causando Candela, así que decidí no hacer ningún comentario al respecto.

—Álvaro tuvo una buena caída, aunque él no le dé ninguna importancia. No lo dejaría solo —respondí revisando en la cámara las instantáneas.

—Bueno, mi hermano es muy suyo, si estás aquí es porque él ha querido que así fuera.

Levanté la mirada y me encontré con los ojos de Álvaro en el rostro de su hermana, solo que en ella eran muy cálidos.

—Tuve que insistir bastante.

Ella ensanchó la sonrisa.

—No creo que tanto.

Sentí calor en las mejillas.

—¿Qué te está pareciendo Francia? —comentó cambiando de tema.

—Increíble —contesté—. Conocer París me dejó sin palabras, es una ciudad impresionante: la historia, la luz, el ambiente…

Todo. No sabría con qué quedarme. —Hice una pausa—.

Pero la belleza de este pueblo también es impactante: los colores, el verde, la naturaleza, la sensación de estar en un cuento con castillos…

Parece que cada rincón de Francia tiene algo que ofrecer.

Beca miró a su alrededor satisfecha.

—Sí, los castillos son increíbles, aunque esto nunca ha sido lo mío. Fíjate que no me acerco nunca a dar un paseo por aquí.

Eché un vistazo a la imponente imagen de la fortaleza que teníamos enfrente de nosotras.

—Pues son una belleza.

Beca se encogió de hombros.

—Sí, pero a mí me interesa más la tierra. Me impresiona más ver lo que la tierra nos puede ofrecer. Prefiero estar trabajando en medio de la plantación de fresas. —Hizo una pausa—. No obstante, esto sí es lo suyo —añadió haciendo un gesto hacia sus hermanos.

Me fijé en que estaba observando a su hermana en concreto.

—¿Te refieres a Candela?

—Sí. El tema de los castillos, los cuentos…

Ella jamás lo reconocerá, pero esto es lo suyo —insistió—.

No me extraña nada que haya comprado todos esos castillos.

Álvaro no lo puede entender, pero a mí me encaja perfectamente con ella.

Cuando mis padres fallecieron y nos sentíamos tristes, yo me refugiaba en Álvaro; Candela, en su castillo.

La miré extrañada.

—¿En su castillo?

—El castillo de Barbie. ¿Lo conoces? —preguntó volviendo sus ojos a mí.

—Sí, creo que sí. Lo tenía una amiga mía —comenté tratando de recordar el juguete al que se refería.

Beca afirmó en un gesto.

—Candela tenía tres castillos de pequeña.

Según los fue pidiendo, por cumpleaños y eventos especiales, cada uno superó en tamaño al anterior.

Su favorito era el de Barbie, y el caballo de la muñeca, por supuesto.

Lo llevaba a todas partes. —Guardó silencio unos instantes—.

Le encantaba aquel castillo: lo redecoraba, colocaba cada detalle por mínimo que fuera en su lugar…

Era su lugar seguro, a pesar de que no podía entrar en él.

Me quedé pensativa.

—¿Has hablado de eso con Álvaro?

Beca clavó sus ojos azul grisáceos en mí.

—Álvaro también puede resultar muy cabezón cuando quiere —expuso sin responder a mi pregunta—.

No serviría de nada. Él no vería el hilo conductor entre la Candela que jugaba y se aferraba de pequeña a sus castillos y la que ahora los atesora.

—Miró a sus hermanos a lo lejos, que comenzaban a subir el tono de la conversación—.

Álvaro está acostumbrado a no tener nada a lo que aferrarse…

Pero yo lo tenía a él y Candela, sus castillos.

En ese momento escuchamos como la conversación de ambos hermanos subía de tono.

Beca se puso de pie y caminó hacia ellos.

No pude evitar acercarme.

—Yo no tengo que darte ninguna explicación de los activos que adquiero para BAC France Real Estate —indicó con firmeza Candela.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —la confrontó Álvaro.

—Sí, mientras sea el CEO de BAC France Real Estate. ¿Acaso quieres quedarte con mi puesto? ¿O quieres ponerlo en cuestión?

—Sabes que yo no haría eso.

—Yo no sé nada, Álvaro —respondió con severidad—. Ya hemos tenido esta conversación por teléfono y por videollamada. ¿Qué crees que cambiaría el hecho de que vinieras a Francia a enfrentarme?

—¡Es una inversión terrible! —bramó Álvaro—.

No solo el desembolso inicial, sino la cantidad ingente de dinero que hará falta para poner otra vez en pie todos estos castillos.

Algunos son auténticas ruinas. ¿Cuándo nos vamos a recuperar de semejante inversión?

¿Cómo vas a conseguir mover estos inmuebles?

—¿Quién te ha dicho que vaya a hacer eso? —replicó con una mirada de gris acero.

Álvaro la miró sorprendido.

—¿Y qué quieres hacer con tantos castillos, Candela? Que yo sepa no eres una princesa.

La mirada afilada de Candela era toda una advertencia.

—¡Haré lo que me dé la gana, Álvaro! De mi gestión respondo ante el Consejo de Administración de BAC France Real Estate.

No frente a ti —añadió tremendamente enfadada—.

Yo no tengo la culpa de que tus inversiones en Dubái no estén saliendo bien.

Ni de que BAC USA Real Estate esté pasando por apuros de liquidez.

Mueve tus activos, pero deja los míos en paz.

Álvaro la miró sin poder dar crédito.

—¿Me estás hablando en serio, Candela?

—Sí. ¡Pon tus negocios en orden y deja de poner en tela de juicio mis decisiones! —exclamó taxativa—. ¿Acaso he cuestionado yo tus movimientos todos estos años? Siempre queriendo más, Álvaro. ¿Qué necesitas demostrar?

Candela se dio la vuelta y caminó directamente hacia el jardín, donde nos encontrábamos Beca y yo, que nos habíamos detenido a una distancia prudencial.

Candela nos miró con esos mismos ojos que compartían los hermanos, pero con un filo helado. Su mirada solo se relajó ligeramente al ver el vientre abultado de Beca. Se detuvo junto a ella.

—Me voy —anunció tratando de modular el tono.

—¿Ahora? ¿No te quedas a dormir? —preguntó Beca contrariada.

Negó.

—Es mejor que no —respondió apartándose el largo cabello negro, liso como una tabla, hacia atrás.

—¡Candela, no te vayas así! —le pidió Beca—. Vamos a tomar algo y hablemos con tranquilidad. Anda, quédate.

Candela levantó una mano para impedir el avance de su hermana.

—No, por favor. Ya hemos hablado suficiente. —Después miró su vientre y su mirada se ablandó ligeramente. Se acercó y le dio un beso en la mejilla a Beca—. Cuídate mucho, por favor.

Comprobé cómo había calado en Beca ese pequeño gesto.

Después, Candela se marchó y comprendí que los muros que había entre los hermanos eran mucho más altos que los que rodean algunas fortalezas.