Capítulo 9 Un beso en la pista de baile #3
—Sí. Llegué a Nueva York el jueves, con bastante jet lag .
Hice un gesto.
—No conozco el país.
—No sería el destino que yo elegiría para perderme —comentó y, en ese momento, quise saber cuál sería—.
No es para todo el mundo. Hay muchas construcciones artificiales, límites culturales muy claros y temperaturas extremas en determinadas épocas.
Es un choque muy fuerte para una mentalidad como la norteamericana.
Fijé mi mirada en sus ojos grises.
—¿Nada positivo? —quise saber.
—Depende.
—¿De qué?
—De tus gustos.
Sentí calor en el estómago bajo su mirada. La risa de Logan llegó hasta nosotros.
—¿Eso es una forma de hacerme una pregunta personal?
Me miró en silencio unos segundos.
—No. Sé todo lo personal de ti que necesito saber.
—Guardó silencio nuevamente quizás valorando si volver al punto anterior.
Me pregunté si aquello había sido una forma de marcar distancia.
De mantenerse en su papel de jefe—. Si quieres visitar Dubái, en lo relativo al entretenimiento, puedes encontrar una gran variedad.
Ese es un punto positivo, supongo. Tienes desierto, parques temáticos, deportes acuáticos, playas y safaris por el desierto.
—Pero tendría que compaginar todo eso con restricciones legales y normas sociales bastante estrictas, ¿no?
—Eso es.
Asentí.
Logan y Harper se rieron sin dejar de hablar y bebieron de sus respectivas copas.
—Me enteré de que las construcciones en las que BAC USA Real Estate está invirtiendo allí no están yendo como deberían.
Me miró y parecía valorar si debía o no entrar a comentarlo conmigo.
—Además del choque cultural, que está ralentizando las cosas más de lo que debería, nos hemos encontrado con varios escollos —comentó—.
A nivel constructivo necesitamos cumplir una serie de plazos, pero nos hemos topado con trámites burocráticos que lo están ralentizando todo.
Ello, aparte de que hay proveedores que no están respetando los tiempos de entrega.
Y en una construcción sumar tiempos es sumar dinero.
En ese momento, Harper y Logan se levantaron para bailar. Mientras, detrás de nosotros se habían puesto a hablar y a reírse un grupo de chicas, lo que dificultaba nuestra conversación.
—¿Lo has solucionado? —pregunté volviendo a la conversación.
Asintió.
Parecía que había sido un trabajo duro. Percibí por sus gestos la tensión de lo que había vivido.
—Eres como Batman.
—¿Por qué dices eso?
Lo observé: el rictus serio, aquella mirada de tener el peso del mundo sobre sus hombros y todo vestido de negro. Salvando al mundo a su manera.
—Siento que podrías encajar en su papel —respondí.
Álvaro se inclinó ligeramente hacia mí. No porque quisiera acercarse de forma deliberada. Más bien porque el grupo de chicas que teníamos al lado no dejaba de reírse y gritar, lo cual complicaba la conversación entre nosotros.
—No me siento muy identificado con Batman.
—¿No? ¿Con quién entonces?
—¿Tiene que ser un superhéroe? —preguntó con sus ojos oscilantes.
Observé como Harper apoyaba su cabeza en el hombro de Logan mientras este la abrazaba bailando.
Recordé lo mucho que me gustaba bailar con Brandon y sentí algo amargo bajando por mi garganta.
Por otro lado, me alegré por ellos que solo habían necesitado aquel punto de apoyo que había puesto a girar su mundo.
—Sí. Un superhéroe —respondí volviendo a centrar mi mirada en Álvaro—.
Por cierto, creo que nuestros acompañantes nos han abandonado.
Quizás no tenías pensado pasar el sábado por la noche con una empleada, pero creo que tu amigo está totalmente rendido a mi amiga.
Así que es posible que tengamos que olvidarnos de ellos.
Álvaro los observó brevemente y volvió a centrar toda su atención en mí.
—Venom —declaró respondiendo a la pregunta que había quedado en el aire.
—¿Ese no es un villano?
—Quizás en un inicio —manifestó—. Después pasó a considerarse un antihéroe. Protege inocentes, pero tiene métodos más violentos y no le importa matar.
Observé el rostro de piedra de Álvaro mientras la música comercial se enredaba en el ambiente cálido y oscuro del local.
—¿Así que no te importaría cargar con un par de cadáveres?
—Si es necesario, no.
—Es bueno saberlo —respondí sin poder evitar que se me escapara una sonrisa.
Esbozó una media sonrisa en respuesta a la mía.
—¿Esta es información necesaria para desarrollar tu trabajo? —preguntó dándome un punto de apoyo.
—Toda la información es útil.
—Eso es cierto.
Cogí la copa que había dejado abandonada sobre la mesa y que no había terminado, simplemente, para darle un breve trago. Me fijé en que Álvaro tenía delante la suya todavía sin tocar.
—¿No bebes?
—Ya me tomé antes una —respondió con un gesto—. Esa me sobra.
—Entonces… ¿Por qué la pediste?
Se encogió de hombros.
—En realidad, la pidió Logan.
Recordé que efectivamente Logan era quien había encargado ambas bebidas.
Lo miré.
—Ya entiendo lo que pasa…
—¿Qué?
Las luces oscilaron sobre nuestros cuerpos. Comenzó a sonar We Don't Talk Anymore . La voz de Charlie Puth era suave y las frases se deslizaban entre nuestros cuerpos, que parecían estar más cerca que antes.
—Eres un vampiro —declaré—. Por eso no consumes las bebidas que te ponen en un ambiente social.
La sonrisa de Álvaro por fin se ensanchó. Esa fue la primera vez que vi su rostro con una sonrisa completa.
—No es cierto que no las consuma nunca.
—Bueno… Las dos consumiciones que has tenido a tu disposición, delante de mí, no te las has tomado, y no creo que sea porque yo te intimide.
Álvaro giró ligeramente la cabeza y no contestó.
—Remitiéndome a las pruebas, es probable que, en realidad, seas un no muerto. —Había hecho acopio de gallardía para bromear con él y, aunque fuera de piedra, no me iba a echar atrás—. Dime, ¿de qué te alimentas en realidad, Álvaro?
—De las horas de trabajo y del alma de mis empleados —bromeó divertido, aunque había algo en su mirada que me decía que se estaba guardando para él una réplica, además, que seguramente no era del todo apropiada.
—Eso empezaba a sospechar.
Ambos sonreímos. Dos sonrisas contenidas, pero francas.
Observé a nuestros amigos un poco más allá.
Logan se rio y Harper apoyó una mano en su pecho para susurrar algo en el oído de él.
Un par de personas caminaron tapando parcialmente su imagen; cuando volví a verlos, se estaban besando.
Dirigí mi mirada a Álvaro y él hizo otro tanto.
No dijo nada. Yo tampoco lo hice, pero me ruboricé.
Lo bueno era que, con el ambiente a media luz, él no lo notaría.
O quizás tenía otro tipo de percepciones de los gestos humanos en su calidad de no muerto.