El chico de la habitación vacía (El chico de al lado 2) 66.
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Los primeros días de vuelta en la universidad se me hacen más llevaderos de lo que esperaba.

Aunque echo de menos a Marcos mientras estoy fuera de casa, nos mandamos mensajes constantemente, hasta el punto de que Álex acaba poniendo los ojos en blanco la enésima vez que me ve mirando la pantalla embelesado cuando tendría que estar atendiendo en clase.

Después de que terminen las clases del martes, estoy a punto de sacar el móvil para mandarle un mensaje a Marcos mientras salimos de la facultad cuando me quedo paralizado. Pestañeo un par de veces, incapaz de creer lo que ven mis ojos, pero ahí está él, a solo unos metros por delante de mí.

—Ni que hubieras visto un fantasma —comenta con una sonrisa al verme incapaz de hablar.

—¿Qué estás haciendo aquí? —acierto a preguntar.

—Oye, que si quieres me voy…

—¡No! Claro que no, idiota. Es solo que… no me lo esperaba.

—Quería darte una sorpresa —dice como si tal cosa, y entonces se dirige a mi acompañante—. Tú eres Álex, ¿verdad?

—Eh… sí. Encantada.

—Lo mismo digo —responde él. Técnicamente, ya se conocen, pero tan solo se habían visto brevemente una vez, cuando Marcos y yo no nos llevábamos demasiado bien que digamos—. ¿Os apetece ir a comer?

La idea de juntar a mi novio y a mi mejor amiga no podría parecerme más maravillosa, pero no sé si ella tendrá ganas o si podrá siquiera.

—A mí me encantaría —respondo mientras la miro—. ¿Tú quieres?

—Eh… A ver, no me importaría, pero a lo mejor preferís estar solos. Tampoco quiero molestar…

—No molestas —decimos los dos al unísono, y ella pone los ojos en blanco.

—Está claro que sois tal para cual —señala, y los tres rompemos a reír—. Venga, vale. ¿Adónde vamos?

—¿Al italiano? —sugiero—. Está cerca, la comida está rica y no es muy caro.

—Me parece guay. Pero tengo que avisar a mis padres.

—Yo también —recuerdo, y le echo un vistazo a Marcos—. Los martes siempre comemos en casa.

—No te preocupes —dice él con una sonrisa, mostrándome su móvil—. Acabo de avisar por el grupo de que íbamos a comer fuera… les he dicho que íbamos a quedar para estudiar en la biblioteca.

Saco el móvil y ahora soy yo el que pone los ojos en blanco al ver la respuesta de Natalia, que no podría ser más cantosa:

Pasadlo bien!

Cuando Álex avisa a sus padres, echamos a andar en dirección al italiano.

No digo gran cosa mientras caminamos; ellos dos han empezado a hablar acerca de los estudios y los exámenes, así que los dejo tranquilos mientras se van conociendo un poco más.

Ni siquiera me molesto en tratar de contener la sonrisa que curva mis labios cuando me doy cuenta de que parecen estar congeniando de verdad.

Una vez en el restaurante, nos asignan una mesa diferente a la habitual, más pequeña que la que solemos ocupar cuando venimos con el resto del grupo. Flavio, nuestro camarero favorito, se acerca a nosotros con una sonrisa al vernos.

—Anda, no esperaba veros hoy por aquí. ¿Cómo es que no habéis venido todos?

—Ha sido un poco improvisado, la verdad —explica Álex—. ¿Echas de menos a alguien o qué?

Él esboza una sonrisita.

—No sé de qué me hablas.

—Ya.

—¿Y quién es este chico tan majo? —pregunta Flavio, ignorándola—. Nunca lo habíais traído por aquí, ¿verdad?

—Es Marcos… mi novio —respondo en voz baja, y mis mejillas comienzan a arder al instante.

—¡Anda! Pues hacéis muy buena pareja. ¿Qué os pongo, chicos?

En realidad, el único que tiene que pedir es Marcos, porque Flavio sabe perfectamente lo que pedimos siempre Álex y yo. Después de tomarnos nota, se aleja de nuestra mesa y vuelve unos minutos más tarde con nuestras bebidas.

—Parece que os lleváis bien con él —comenta Marcos, señalándolo con un gesto de la cabeza cuando vuelve a marcharse.

—Digamos que venimos bastante por aquí —responde Álex entre risas.

—¿A qué venía lo de antes? ¿Lo de si echaba de menos a alguien?

Ahora nos reímos tanto ella como yo.

—Tenemos un amigo, Luis, que está pilladísimo por Flavio —explico.

—A ver, eso tampoco lo sabemos —interviene Álex—. Lo sospechamos, pero no lo sabemos.

—¿Y creéis que a Flavio también le gusta?

—Es lo mismo, no son más que sospechas —responde ella—. Pero ninguno de los dos ha dicho nada, así que tampoco lo sabemos seguro.

Trato de contener una sonrisa; al fin y al cabo, la situación entre Flavio y Luis es muy parecida a la de Álex y Alejo. Es como si todo el mundo a su alrededor lo supiera, a excepción de ellos mismos.

Marcos sigue haciendo preguntas sobre Luis y el resto de nuestros amigos, y una vez más, participo poco en la conversación mientras los escucho hablar.

De nuevo, me siento feliz por lo bien que están congeniando.

Álex y Alejo son dos de las personas más importantes de mi vida y ellos son precisamente quienes más han sufrido conmigo todo lo de Marcos, así que me alegra que se esté llevando tan bien con al menos uno de ellos.

Tenía intención de organizar algo pronto con los tres para que se conocieran mejor, pero tengo que reconocer que es un alivio que esto haya surgido de una forma tan espontánea y que esté saliendo tan bien.

Estamos hablando tanto que la comida se alarga mucho más de lo habitual, aunque no me quejo. Cuando al fin terminamos, Flavio se acerca para preguntar si queremos algún postre. Álex lo rechaza, pero Marcos y yo nos pedimos una panna cotta para compartir entre los dos.

—Una panna cotta para la parejita —dice Flavio con una sonrisa cuando nos la trae.

De nuevo, siento que se me calientan las mejillas.

Todavía no me he acostumbrado a volver a estar con Marcos, y me resulta todavía más extraño no tener que ocultar nuestra relación en público.

Comenzamos a comernos el postre en silencio, disfrutando del sabor.

Cuando nuestras cucharillas se chocan, los dos soltamos una risita nerviosa.

—Sois tan monos… —comenta Álex con una sonrisa mientras nos mira—. Me alegra que seáis tan felices juntos.

Mi rubor se incrementa todavía más, hasta el punto de que siento las orejas casi en carne viva. Por suerte, ellos continúan charlando sin fijarse mucho en mí hasta que pedimos la cuenta, pagamos y nos marchamos.

—Me lo he pasado genial —dice Marcos, mirándola, mientras caminamos hacia la estación de metro—. Me ha encantado conocerte, tenía muchas ganas.

—Lo mismo digo. Tenemos que repetirlo, ¿eh?

—Por favor y gracias. ¡Y también me gustaría quedar algún día con Alejo!

Álex me mira, dejándome la respuesta a mí.

—Sí, estaría bien —respondo, aunque prefiero no comprometerme demasiado—. A ver si puede algún día, que suele tener mucho lío con la FP y todo eso.

—Vosotros preguntádselo y yo intento adaptarme.

Seguimos caminando los tres juntos hasta llegar a la estación de metro.

Tenemos que ir en direcciones opuestas, así que nos despedimos después de pasar por los tornos.

Álex y yo siempre nos abrazamos para saludarnos y despedirnos, pero me sorprendo cuando nos separamos y veo que abraza también a Marcos.

Ella no suele abrazar a la ligera, así que esto debe de significar que le ha caído realmente bien.

De nuevo, una oleada de felicidad me inunda por dentro, y no es para menos.

Que nuestra familia aceptara lo nuestro era muy importante, pero que lo hicieran mis amigos más cercanos también lo es.

Sé que con los de la universidad no va a haber ningún problema, pero Álex y Alejo, que tuvieron que aguantarme un año despotricando sobre Marcos y después vivieron mucho más de cerca mi sufrimiento cuando se marchó, me preocupaban bastante más.

Y, aunque en otras circunstancias tal vez habría planificado esto hasta el más mínimo detalle, ahora me alegra que todo haya sucedido de una forma tan espontánea y, sobre todo, que haya salido tan bien.

Una vez en el vagón del metro, me siento con la cabeza sobre el hombro de Marcos y nuestras manos unidas.

Mientras espero a que pasen las paradas, reflexiono sobre lo ocurrido y sobre lo que está por llegar en las próximas semanas.

En nuestra familia ya tenemos a dos aliadas de tres, y en cuanto a mis amigos, va una de dos.

Por supuesto, los que quedan van a ser los más complicados: Antonio y Alejo, los que sin duda no van a aceptarlo todo con una sonrisa.

Al menos, con Alejo ya tengo gran parte del camino recorrido: sabe que estoy con Marcos, y también sabe que los dos estamos más que seguros de lo nuestro.

Pero, aun así, el rencor que le sigue guardando a Marcos sigue siendo muy real.

Aunque yo le haya hablado maravillas de él, sé que el día que se conozcan de verdad va a ser la auténtica prueba de fuego, tal como ha pasado hoy con Álex.

Con un poco de suerte, las cosas también saldrán bien, pero si no…

En fin, decir que va a ser incómodo sería quedarme corto.

Sin embargo, mientras pienso sobre el tema me doy cuenta de algo, y es que no sé nada sobre los amigos de Marcos.

En cierto sentido, supongo que es comprensible: hemos tenido que hacer frente a tantas cosas para poder estar juntos que los temas más alejados de nuestra relación han quedado un poco en un segundo plano.

Aun así, ahora que me he percatado, no puedo evitar pensar que es como si él hubiera omitido el tema de forma deliberada, como si hubiera preferido no mencionarlo de forma consciente.

Después de lo que me contó acerca de sus supuestos amigos del instituto, comprendo que es muy posible que no tenga demasiadas amistades, así que tal vez sea una cuestión delicado para él.

Sé que ahora que estamos en un lugar público no es el momento apropiado para sacar el tema, pero tomo nota mentalmente para hacerlo un día de estos.

La idea de que tal vez no tenga amigos me resulta demasiado dolorosa, así que espero estar equivocado.