55.
Cuando termino de contarles toda la historia ya casi nos hemos acabado la comida, y eso que he omitido los detalles menos aptos para oídos delicados y solo he parado para ir comiendo un poco de vez en cuando.
Noto las mejillas tan calientes que debe de ser un milagro que no haya salido ardiendo.
Por suerte, ellos no han participado demasiado en la conversación, lo cual probablemente me habría avergonzado más; tan solo se han limitado a dejarme hablar y me han hecho alguna que otra pregunta mientras yo me detenía para comer un poco o beber.
—Y bueno —concluyo—. Eso es todo.
Ellos se quedan en silencio unos segundos, mirándome fijamente. Por alguna razón, me siento como si estuviera delante de un tribunal.
—Joder. Qué fuerte —dice Álex al fin.
—Ya ves —se suma Alejo.
—Bueno… ¿pero qué os parece?
De nuevo, tardan un momento en responder.
—¿Tú eres feliz? —pregunta Álex.
—Sí. —No tengo ni que pensármelo—. Muchísimo.
—Pues entonces, eso es lo más importante. Lo que nos parezca a nosotros da igual. Lo que cuenta es que tú estés bien.
—Pero no os hace mucha gracia —adivino.
Ellos se miran fugazmente, y entonces me doy cuenta de que tienen que haber estado hablando mucho de mí y de Marcos entre ellos. Probablemente, largo y tendido. Aunque no los culpo, la verdad.
—Marcos no se ha portó bien contigo —dice Alejo.
—No —admito—. Ya sé que no. Y él también lo sabe, créeme.
—Pero, aun así… ¿Tú lo tienes claro?
—Sí —respondo, de nuevo sin dudarlo. Antes de que pueda preguntarme lo que sé que está pensando, añado—: Y él también lo tiene claro.
—¿Estás seguro? —insiste—. La última vez también lo pensabas.
—La última vez no lo habíamos hablado en serio.
Técnicamente, todavía no lo hemos hecho, pero sí que me ha dejado claras sus intenciones y, de momento, con eso me basta. Además, ahora que hemos vuelto a casa, tan solo es cuestión de tiempo que mantengamos esa conversación. Solo tenemos que encontrar el momento y el lugar apropiados.
—Bueno… vale —dice al fin.
—No te veo muy convencido —señalo.
Él suelta un suspiro. Mira a Álex y ella asiente con la cabeza, como animándolo a hablar.
—A ver, si realmente no es nada nuevo. Es lo mismo que te dije la última vez… no quiero que te haga daño.
—No me lo hará.
—Pero ya te lo ha hecho, tío —me recuerda—. Te dejó. Te quedaste fatal, estabas hecho una mierda. Eres mi mejor amigo, y joder, sabes que te quiero. Y no puedo volver a verte así, de verdad que no puedo.
La voz se le rompe en la última palabra, y a mí se me rompe un poco el corazón al oírlo.
Sé que Alejo me quiere, por supuesto que sí, pero es la primera vez que lo expresa de esa forma, la primera vez que lo dice con claridad.
De nuevo, no puedo echarle en cara que se preocupe por mí.
Tiene la mano sobre la mesa, y entonces hago algo que nunca había hecho: acerco la mía y la coloco sobre la suya.
—Gracias —susurro.
Él parece sorprendido por el gesto, pero entonces coloca la otra mano sobre la mía, algo que él tampoco había hecho nunca.
—Prométeme que vas a tener cuidado, ¿vale?
—Te lo prometo —respondo, con un nudo en la garganta.
Los dos tenemos los ojos vidriosos mientras nos miramos.
—Joder, chicos —dice Álex, con la voz temblorosa—. Me vais a hacer llorar.
Alejo y yo soltamos una risita nerviosa, aliviando parte de la tensión del momento.
—Entiendo que os preocupéis. De verdad. Pero sé lo que hago, ¿vale? Marcos y yo hemos hablado y tenemos las cosas claras; los dos estamos seguros de que queremos seguir adelante con esto. No va a volver a pasar lo mismo de la última vez.
Ellos permanecen en silencio un momento, pero entonces Álex asiente con la cabeza.
—Vale —dice Alejo—. Pero que sepas que es la última oportunidad que le doy. A la próxima, le rompo las piernas.
Me río sin poder evitarlo; esto es muy típico de él, y la verdad es que le agradezco que aligere un poco el ambiente.
—No creo que haga falta.
—¿Qué vais a hacer con vuestra familia? —me pregunta Álex—. Esto es algo demasiado gordo como para ocultárselo, ¿no?
—Se lo vamos a contar. No sé cómo ni cuándo, pero lo vamos a hacer. Espero que pronto, aunque la verdad es que estoy un poco cagado.
—¿Crees que se lo tomarán mal? —pregunta Alejo.
—A ver… Mi madre sabe que soy gay y ya sabéis que conoció a mi ex, así que no va a ser totalmente sorprendente para ella. Aunque no es lo mismo que le presente a mi novio a que el novio sea el hijo de su marido, claro.
—Tiene que ser complicado, sí —dice.
—Pues sí. Pero, en fin, supongo que lo aceptará, aunque seguro que le cuesta. En realidad, lo que me preocupa es el padre de Marcos.
—¿Es homófobo? —pregunta Álex, preocupada.
—A ver… no lo creo. Yo nunca he ocultado que soy gay, y él siempre me ha tratado genial.
Lo que pasa es que Marcos nunca le ha contado a nadie que es bisexual.
Ni siquiera lo sabía hasta que empezamos a…
experimentar. —Noto que se me calientan las mejillas otra vez, pero me esfuerzo por ignorarlo—.
Apenas ha tenido tiempo para hacerse a la idea, y mucho menos para salir del armario con nadie.
—Es comprensible —afirma Alejo, y me sorprende ese gesto en deferencia a Marcos por su parte.
—¿Qué tal Natalia?
Suelto un suspiro.
—Ella ya lo sabe. Nos pilló besándonos la noche de Fin de Año.
—Joder —dice Alejo—. ¿Y qué tal?
—Bueno… No se lo tomó demasiado bien que digamos.
—No jodas…
—A ver, ella tampoco es homófoba ni nada de eso. Al principio pensaba que sí, pero se ve que no. Lo que pasa es que nos pilló sin esperárselo, y se quedó decepcionada. Le dolió que Marcos no se lo hubiera contado antes.
—Claro, normal —dice Alejo.
—Te veo muy comprensivo hoy —señalo, levantando las cejas.
—A ver, es que en parte la entiendo. Yo me pasé un par años esperando a que tú me lo contaras, y al principio pensaba que no confiabas en mí. Y luego pensé que era culpa mía, que no te había dado razones para confiar en mí.
Frunzo ligeramente el ceño.
—Pero sabes que no fue ninguna de las dos cosas, ¿verdad? Simplemente… no sabía cómo hacerlo.
—Lo sé —me asegura—. Pero de eso me di cuenta después. Lo que quiero decir es que entiendo que Natalia se haya sentido decepcionada, pero estoy seguro de que se le pasará.
—Espero que sí. Pero venga, que ya tengo la boca seca de hablar tanto. ¿Qué tal vosotros?
Entonces, comienzan a hablarme de lo que han hecho ellos mientras yo no estaba. Los escucho con atención, riendo cuando dicen algo gracioso y disfrutando de este momento de poder estar simplemente pasando el rato con mis mejores amigos.
Ahora que ya he terminado de contar mi historia y el foco de atención no está sobre mí, puedo fijarme con disimulo en cómo interactúan ellos dos.
Hace ya tiempo que tengo bastante claro que a Alejo le gusta Álex, aunque no me ha dicho nada al respecto.
Ella, por su parte, es mucho más discreta con sus sentimientos, pero me da la impresión de que a veces lo mira de forma diferente, como si viera algo especial en él.
No sé si es porque todavía sigo con el romanticismo subido después de haber vuelto con Marcos, pero me haría feliz que ocurriera algo entre ellos.
Siempre quedamos los tres juntos, así que alguna vez me he preguntado si me sentiría como un sujetavelas si eso ocurriera, pero no me importa: son dos de las personas que más quiero en el mundo, y estoy seguro de que podrían ser felices juntos.
Además, ¿quién sabe? Tal vez podría presentarles a Marcos en condiciones y empezar a quedar los cuatro de vez en cuando.
Cuando salimos del restaurante, nos dedicamos a deambular sin rumbo fijo, tal como solemos hacer, hablando de todo y de nada.
Sin embargo, después de una hora ya está empezando a hacer bastante frío y no nos apetece meternos en algún sitio a consumir cuando no hace mucho que hemos comido, de modo que comenzamos a caminar en dirección al metro.
Me he pasado un buen rato sin mirar el móvil y cuando lo saco veo que tengo un mensaje de Marcos, así que me apresuro a responder.
Espero que lo estés pasando bien
Te quiero
Sí! Perdona, que estábamos en el restaurante
Yo también te quiero
Su respuesta no se hace esperar.
Volverás para cenar?
Te echo de menos…
Sí, tranquilo
Estoy yendo ya hacia el metro
Tú qué haces?
Pues nada, he estado estudiando y tal
Justo me acabo de duchar, pero es más divertido cuando estás tú
Sonrío al leer esto último
Pillín…
Por cierto, mi padre y tu madre se han ido hace un momento
Creo que están comprando cosas de Reyes, porque estaban en plan misterioso
Pues seguro jajajaja
He pensado que voy a aprovechar para hablar con Natalia
Creo que haces bien
Sigue rara?
No tanto, pero sí
Pues sí, deberías hablar con ella
Seguro que os viene bien a los dos
Eso espero…
Que sí, ya lo verás
Natalia te adora, ya lo sabes
Bueno… te haré caso
Ese es mi chico
Tu chico?
Claro
Estoy contigo, vale?
Pase lo que pase
Te quiero
Yo más
Eso es discutible, jajaja
Si tú lo dices…
No me doy cuenta de mi sonrisa de idiota hasta que Alejo habla.
—Mira qué cara de enamorado tiene, cómo se nota que está hablando con su novio.
Enrojezco hasta la raíz del pelo al oír las palabras «su novio» refiriéndose a la relación de Marcos conmigo. Creo que es la primera vez que alguien lo dice; al fin y al cabo, es todo tan reciente que todavía hay muchas cosas que no hemos experimentado todavía.
—Gilipollas —murmuro entre dientes, y él me mira con una sonrisa.
—Me lo tienes que presentar, ¿eh?
Levanto las cejas.
—Pero si ya lo conoces. Te recuerdo que íbamos a la misma clase en el instituto.
—Sí, pero tú dices que ha cambiado, ¿no? —Asiento con la cabeza—. Pues, si para ti ha cambiado lo suficiente como para plantearte una relación con él, entonces es casi como si fuera otra persona. Así que quiero conocerlo.
—Y yo también, ¿eh? —añade Álex.
En esta ocasión, soy yo quien sonríe. Nada me haría más feliz que estar a la vez con tres de mis personas favoritas del mundo, sobre todo si ahora existe la posibilidad de que puedan llevarse bien.
—Me parece genial.