El chico de la habitación vacía (El chico de al lado 2) 50.
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—Oye, ¿y qué tal va lo de tu amigo? —le pregunto a Víctor mientras nos metemos en la cama; ya es tarde y no vamos a tener mucho tiempo para hablar—. Se llamaba Adrián, ¿verdad?

Él tarda un rato en responder.

—Es complicado. Prefiero no hablar de ello hoy, ¿vale?

—Claro. Perdona.

—No pasa nada. Pero bueno, ¿tú qué tal? ¿Algún chico interesante en tu vida?

Me echo a reír. Para haber estado con tantas dudas sobre su sexualidad hace menos de un mes, ahora parece que esté a tope con el tema.

—Pues… ¿quieres que te cuente una cosa?

—¡Claro!

—Marcos y yo estamos juntos —susurro, enrojeciendo al instante.

—¡Lo sabía! —responde, casi a gritos.

—Tío, baja la voz —le pido entre risas—. Que nos van a oír.

—Perdón. Pero… Lo dices en serio, ¿verdad?

—Sí —contesto, sintiendo un agradable cosquilleo en la tripa—. Somos novios.

—Joder, qué guay —responde con sinceridad, aunque puedo oír cierto anhelo en su voz, como si él también tuviera ganas de pronunciar esas palabras—. Me alegro mucho.

—Gracias, enano.

—Pero supongo que los demás no lo saben, ¿no? Os estaba viendo muy juntitos hoy, pero tampoco actuabais como si fuerais pareja.

—A ver, es que todavía no se lo hemos contado al resto de la familia —le explico—. La única que lo sabe es tu hermana.

—Ah, claro. Entiendo.

—Tú no le digas nada a nadie, ¿vale? Estamos esperando al mejor momento, y no queremos joderle las vacaciones a la familia.

—Claro… me imagino que está un poco chunga la cosa.

—Pues sí —admito—. Pero bueno, ya te contaré lo que pasa.

—Seguro que sale todo bien —me anima, y no puedo evitar sonreír. Víctor es un buenazo—. ¡Pero no te creas que me vas a dejar así!

—¿De qué estás hablando?

—¡Quiero que me lo cuentes todo!

Me echo a reír.

—¿Sobre Marcos?

—¡Claro! Tienes que contarme cuánto tiempo lleváis juntos, cómo empezasteis a gustaros, cómo empezasteis a salir… ¡todo!

El pobre no se da cuenta de que hay pocas cosas más difíciles que lo que me acaba de pedir.

Después de todo, mi relación con Marcos comenzó básicamente centrada en el sexo, y los sentimientos no empezaron a surgir hasta más adelante, con el roce continuado del día a día y las noches de hormonas descontroladas.

Pero Víctor es mi primo pequeño y, aunque ya sea mayorcito dentro de lo que cabe, me cuesta dejar de verlo como un crío.

Apenas soy capaz de asimilar la idea de que le guste un chico y hasta se haya besado con él; para mí, todavía sigue siendo ese niño tan mono pero muy pesado que nos seguía a Vero y a mí por todas partes.

Así pues, decido contarle una versión alterada y bastante edulcorada de los hechos, omitiendo casi por completo todos nuestros escarceos sexuales, lo que significa que tengo que inventármelo prácticamente todo.

Pero Víctor no parece darse cuenta de nada, sino más bien todo lo contrario: no deja de hacer preguntas, claramente entusiasmado, hasta que al final tengo que pararle un poco los pies porque ya es demasiado tarde y tendríamos que estar durmiendo desde hace un buen rato.

Sin embargo, me doy cuenta de algo. Aunque me ha hecho feliz pasar la noche con Marcos y estar todos juntos con el resto de la familia en una noche tan señalada, no me gusta tener que fingir con él delante de los demás.

Sí, al principio tenía su gracia, cuando todavía estábamos descubriendo lo que sentíamos el uno por el otro, cuando no sabíamos hasta dónde iba a llegar todo aquello.

Era divertido buscar el contacto a escondidas, tocarnos las piernas y los brazos por debajo de la mesa, robarnos besos cada vez que podíamos.

Pero ahora ya tenemos claro lo que hay entre nosotros; los dos hemos tomado la decisión de seguir adelante, de ir en serio.

En una situación así, tener que ocultarlo le quita un poco de magia a toda esta situación.

Y eso significa que no podemos esperar mucho más para mantener esas conversaciones que tenemos pendientes.

Víctor ha empezado ya a roncar con suavidad, pero yo soy incapaz de dormir y no dejo de dar vueltas en la cama.

Al otro lado de la pared, oigo el sonido periódico del colchón de Marcos, la señal inconfundible de que él también está teniendo problemas para quedarse dormido.

Como si me estuviera leyendo la mente, mi móvil vibra suavemente y la pantalla se ilumina con un mensaje.

No puedes dormir?

Qué va

Tú tampoco?

No… es muy difícil dormir sin ti

Ya ves…

Tu primo me cae genial, que lo sepas

Pero hoy ha sido un poco inoportuno, jajaja

Por supuesto, no le he contado a Marcos nada sobre los problemas amorosos de Víctor porque eso es algo entre él y yo, así que no sabe nada sobre sus dudas y su curiosidad por mi vida romántica.

Es que necesitaba hablar

No está muy bien últimamente

Ya, me lo estaba imaginando

Parecía tristón el pobre

Se ha dormido ya?

Le echo un vistazo a Víctor con la pantalla del móvil; aunque no puedo verle la cara, sus suaves ronquidos y el movimiento de su pecho indican que está frito.

Parece que sí

Te quieres venir un rato am i cuarto?

Qué dices

En serio??

Solo un rato… en plan no para dormir, sino ya sabes

Comerme la boca?

Joder, qué bestia

Pero es verdad

Yo lo llamaría más bien darte besitos de buenas noches

Muchos besitos de buenas noches?

Muchísimos

Venga, vale

Pero sabes que si nos calentamos no vamos a poder hacer nada, verdad?

Es demasiado arriesgado con tanta gente en casa

Y eso por no mencionar a tu primo durmiendo justo al lado, jaja

No te preocupes

Me conformo con besitos

Venga, pues voy

Me pongo en pie despacio, con cuidado de no hacer ruido. Iluminando la habitación solo con la pantalla del móvil, rodeo la cama de Víctor fijándome bien para no chocarme, y después camino de puntillas hasta la puerta.

—¿Fran? —me sobresalta la voz de Víctor cuando ya tengo la mano sobre el pomo, provocándome siete infartos seguidos—. ¿Qué haces?

—Nada, es que tengo que ir al baño. Tú duérmete.

—Vale.

Salgo de mi habitación y cierro la puerta con suavidad, tratando de no hacer ruido.

Mientras paso frente a la puerta del baño, me planteo entrar para disimular, pero no me parece que vaya a ser necesario: Víctor siempre ha tenido el don de quedarse dormido en cuestión de segundos.

Así pues, continúo caminando hasta la habitación de Marcos y abro la puerta con cuidado, sintiéndome nervioso y con el corazón palpitante.

Todavía no me he acostumbrado a que podamos hacer esto.

Una vez dentro, me dirijo hacia su cama, donde puedo ver su cara sonriente tenuemente iluminada por la pantalla de su móvil.

—Hola —lo saludo, sonriendo yo también.

—Hola —responde él, y se acerca un poco más a la pared para hacerme hueco.

Había olvidado la parte buena de estar en su cama, y es que aquí tenemos mucho más espacio.

Tras haber pasado varios días durmiendo y haciendo toda clase de cosas juntos en una cama individual en el hotel, esto está muchísimo mejor.

Y, ahora que por fin volvemos a estar solos después de una tarde y una noche muy largas, nos besamos durante tanto tiempo que, cuando nos separamos, los dos tenemos la respiración entrecortada.

—Debería irme —susurro contra sus labios.

—Deberías.

—Pero no quiero.

—Yo tampoco —responde con una sonrisa pícara—. ¿Y si te quedas a dormir aquí?

—Hay demasiada gente hoy en casa… es muy arriesgado.

—Nadie va a venir a nuestra habitación hasta que sea de día. Podemos ponernos una alarma, como siempre.

«Como siempre». Está hablando de lo que solíamos hacer antes de que se fuera de casa, cuando yo me colaba en su habitación para dormir con él los fines de semana y nos poníamos una alarma para marcharme antes de que se despertara nadie.

Ni siquiera pasamos tanto tiempo juntos, así que tampoco es que tuviéramos ocasión de hacerlo muchas veces, pero es como si ya fuera una costumbre, algo nuestro.

Sin embargo, hoy no es el mejor momento para recuperar el hábito.

—Se supone que estoy durmiendo con Víctor…

—Pero él ya está dormido, ¿no?

—Sí.

—Pues ya está. Si se despierta y no está, pensará que has ido al baño.

—A ver… —Me muerdo el labio—. Le he contado lo nuestro, así que realmente no pasaría nada si se diera cuenta de que no vuelvo.

—Pues entonces, más a mi favor, ¿no?

Marcos me da un beso en los labios, y eso es lo único que necesito para terminar de convencerme. Soy demasiado débil cuando hay besos de por medio.

—Venga, vale.

Sin perder más tiempo, comenzamos a besarnos otra vez. Esta noche no vamos a ir más allá, no con Víctor durmiendo al otro lado de la pared, pero eso no nos impide dejarnos llevar un poco por la pasión, permitir que nuestros labios disfruten con ganas del reencuentro.

Entonces, todo ocurre muy rápido. Una luz brillante nos ilumina de repente, sobresaltándonos a los dos. Antes de que podamos tratar de separarnos siquiera, suena una voz.

—¿Qué cojones?

Mierda. Nos separamos de golpe, pero ya es demasiado tarde.

Casi siento náuseas mientras giro la cabeza para mirar a la recién llegada, que evidentemente lo ha visto todo, y trago saliva al ver su silueta iluminada por la luz de su móvil.

Es Natalia.