El chico de la habitación vacía (El chico de al lado 2) 31.
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Cuando despierto por la mañana, tardo apenas unos instantes en comprender dónde estoy.

Entonces, la presencia de Marcos invade todos mis sentidos de golpe.

Su aroma envolviéndome. Mi mano sobre su pecho.

El sonido suave pero profundo de su respiración.

Abro los ojos y lo veo bajo la débil luz que se cuela entre las rendijas de la persiana, todavía dormido, con la boca ligeramente entreabierta y una expresión de paz en el rostro.

El único sentido del que no se ha adueñado es el gusto, aunque sé que eso está fuera de mi alcance.

Pero, por ahora, me conformo con que invada los demás.

Me estiro para ver su reloj de muñeca y compruebo que solo son las ocho y media, así que todavía nos queda una hora antes de tener que levantarnos.

Sonriendo, vuelvo a acomodarme y me abrazo bien a él, disfrutando una vez más de la sensación.

Ahora que es de día, parece imposible que haya pasado esto.

¿De verdad hemos dormido juntos? ¿De verdad ha sido él quien lo ha propuesto, de verdad yo he aceptado?

Me cuesta creerlo y, sin embargo, no podría ser más cierto.

Mientras cavilo sobre ello, ahora que me siento más descansado me doy cuenta de que, en realidad, sí que teníamos más opciones.

Podríamos haber colocado las sábanas sobre el radiador y tratar de sacarlas con el secador.

Podría haberme tapado con las toallas limpias del cuarto de baño.

Podríamos haber subido la calefacción, y entonces ni siquiera tendría necesidad de taparme.

Y tal vez no habría habido ningún problema si hubiera bajado a la recepción para pedir sábanas limpias; seguro que, aunque no hubiera nadie en el mostrador, habría alguna forma de contactar con alguien.

Pero, ¿a quién pretendo engañar? Esta solución me gusta mucho más que todas las demás.

Y todavía me queda una hora más con él, por corta que sea, así que estoy dispuesto a aprovecharla.

Tengo ganas de ir al baño, pero no quiero desperdiciar ni un minuto, ni mucho menos arriesgarme a despertarlo y que se vuelva a su cama, así que me quedo donde estoy.

Incapaz de dejar de sonreír, cierro los ojos mientras continúo abrazado a él, respirando su aroma, oyendo su respiración profunda y sintiendo su calor.

No me quedo dormido del todo, sino en una especie de estado intermedio, lo suficientemente despierto como para disfrutar de la sensación, pero también lo suficientemente dormido como para poder descansar un poco más.

* * *

De pronto, la alarma de mi móvil me saca del estado de duermevela del que he estado disfrutando la última hora. Marcos se mueve debajo de mí, y noto que estira el brazo y toquetea la mesita de noche para apagar el despertador.

—Buenos días —dice con la voz áspera a causa del sueño.

—Buenos días —respondo con timidez; siempre parece que las cosas son muy diferentes por la mañana—. ¿Has dormido bien?

—Genial. ¿Y tú?

—También.

—Me alegro.

Seguimos como estamos, él boca arriba y yo abrazado a él.

De pronto, me invade un pánico repentino.

¿A lo mejor se siente incómodo ahora que es de día y sigo abrazado a él?

¿Y si está deseando que me aparte pero no sabe cómo decírmelo sin parecer un maleducado?

Le quito el brazo de encima y hago ademán de alejarme, pero él me toma la mano con la suya y, con la otra sobre mi espalda, me mantiene donde estoy.

La chispa de esperanza brilla un poco más fuerte todavía que por la noche, y sé que a estas alturas ya me va a costar mucho tratar de apagarla.

—Espera —susurra, tan cerca de mi oído que me estremezco por completo—. Cinco minutos más.

De nuevo, el corazón se me detiene. Se supone que esto es bueno, ¿verdad?

Recuerdo que así fue como empezaron a crecer los sentimientos entre nosotros.

Al principio, entre Marcos y yo no había más que sexo, tan solo era una forma de dar rienda suelta a nuestras necesidades fisiológicas mientras estábamos obligados a compartir cama en contra de nuestra voluntad.

Lo único que hacíamos era dejarnos llevar por las hormonas, la curiosidad, y también un deseo cada vez más intenso.

Pero, entonces, comenzaron los abrazos. En un hotel muy lejos de aquí, al otro lado del océano, Marcos también me había pedido que me quedara cinco minutos más abrazado a él.

Entonces no tenía forma de saber todo lo que pasaría después, pero en retrospectiva creo que ese fue el momento preciso que lo cambió absolutamente todo.

En cualquier caso, tengo demasiadas ganas de seguir disfrutando de esto, así que no pienso quejarme.

Pero, cuando veo en su reloj que ya han pasado más de quince minutos, no me queda otra que despegarme de él.

—Marcos —le digo.

—¿Hum…? —murmura, todavía medio dormido.

—Se nos va a hacer tarde.

—¿No podemos quedarnos aquí un rato más? —rezonga.

Lo observo con una ligera sonrisa, contemplando la expresión perezosa de su rostro. Esto también se parece tanto a aquellas mañanas en aquel hotel que no puedo evitar que el corazón se me acelere; es todo demasiado parecido.

Pero sé que necesito mantenerme fuerte.

—Tenemos que estar fuera dentro de veinte minutos. Si quieres, tú quédate aquí un ratito más mientras me meto en la ducha, pero después te toca a ti.

—Vaaaleee…

No puedo evitarlo; mi sonrisa se extiende por completo al oírlo.

Una vez en el baño, me doy cuenta de que necesito contarle a alguien lo que ha pasado.

Descarto a Álex y a Alejo; al menos por el momento.

Ellos son quienes más han sufrido conmigo todo lo que ha ocurrido, así que no quiero decirles nada cuando ni siquiera yo mismo tengo muy claro lo que está pasando.

Sé que se preocupan por mí, y que han estado muy preocupados por este viaje, así que no quiero darles más razones para seguir haciéndolo.

También están mis amigos del grupo, pero nuestra relación siempre ha sido más grupal; no tengo una amistad especialmente estrecha con ninguno de ellos en concreto.

Por lo tanto, eso me deja solo con mis primos.

Mi relación con Víctor ha crecido a pasos agigantados en estas últimas semanas y sé que le gustaría que confiara en él para contarle algo así, pero siendo objetivo, sé que sigue siendo joven e inexperto.

Además, me resultaría extraño confiarle mis ralladas amorosas a mi primo pequeño, por no mencionar que él tiene sus propias ralladas amorosas en las que pensar.

De modo que, como siempre, decido recurrir a Vero, mi eterna confidente.

Vero

Estás?

Sí, dime!

Todo bien?

Pues… es que he dormido en la misma cama que Marcos

QUÉ

CUENTA TODO AHORA MISMO

A ver, es un poco absurdo todo, la verdad xd

Anoche se me derramó la botella en la cama, así que me quedé sin sábanas

Como no había más, Marcos se ofreció a dormir conmigo

Porque ir a recepción a pedir más sábanas no era una opción, claro

Ya, bueno

El caso es que… hemos dormido abrazados

WHAT

A ver, es que hacía frío y tal

La cama era pequeña y si no era muy incómodo, así que…

Mientras se lo cuento, yo mismo soy consciente de lo absurdo de la situación, ¿pero qué le voy a hacer? Soy débil y, por mucho que lo intentara, jamás habría podido rechazar la posibilidad de dormir abrazado a él una última vez.

Te das cuenta de que eso es de todo menos normal, verdad?

No sé

Supongo?

Joder, Fran

Está claro que todavía le gustas

El corazón me da un vuelco al leer sus palabras.

Tú crees?

Venga ya, tío

Técnicamente sois ex, no?

Es imposible que haya dormido contigo si no quería algo más

En plan… sexo?

Eso no lo sé, no lo conozco

Pero a ver, no podemos olvidar que así empezó todo entre vosotros

A lo mejor estaba cachondo y ya está, los tíos sois así

No sé

No me pareció que estuviera cachondo, y tampoco intentó hacer nada

Pues entonces… yo creo que está claro

Dudo mucho que durmiera contigo solo por pura amabilidad, la verdad

A ver, Marcos es muy buen tío

No sería tan raro

Te recuerdo que hasta hace menos de dos meses era «el putísimo Marcos», pero vale jajaja

Lo que quiero decir es que sí, puede que hubiera amabilidad y tal

Pero dudo mucho que lo hubiera hecho si no le siguieras gustando

La cosa es que ese nunca fue el problema… ya sé que le gusto

O que le gustaba, no lo sé

Ya sabes que no me dejó porque no quisiera estar conmigo, sino por la familia

Ya, bueno, pero precisamente por eso es tan raro que haya accedido a algo así

A menos que haya cambiado de opinión, claro

Crees que es posible?

No lo sé, Fran

Ojalá pudiera decirte que sí, pero no lo conozco y no quiero hacerte ilusiones

Lo que sí pienso por lo que me cuentas es que todavía le gustas

Y eso ya es algo, no?

Sí, supongo que sí

Gracias

De nada

Mantenme informada, vale?

Tranquila

Entre mensaje y mensaje ya han pasado más de cinco minutos y tampoco tenemos mucho más tiempo, así que pongo a correr el agua para que se caliente y empiezo a desnudarme.

Mientras me meto en la ducha, el corazón me late más fuerte todavía.

Vero tiene razón; aquí está pasando algo.

Y eso por no mencionar el entorno, otra vez en un hotel, otra vez compartiendo habitación.

Los paralelismos son más que evidentes. Aunque ahora no hay sexo, está claro que la cosa está avanzando de una forma muy parecida a la última vez, con la diferencia de que en esta ocasión los sentimientos ya están ahí de antemano.

Pequeños gestos, pequeños contactos, pequeños avances.

Y, entonces, un avance enorme, como el hecho de haber dormido abrazados.

Con un poco de suerte, la convivencia de estos días y las noches juntos le estarán sirviendo a Marcos para darse cuenta de que él también me echa de menos a mí, de que los dos éramos mucho más felices juntos.

Y, con un poco más de suerte, tal vez eso servirá para que vuelva a replantearse una decisión que nunca tuvo ningún sentido.

La esperanza de mi interior se está convirtiendo en algo cálido y palpitante, como si fuera un segundo corazón. Pero, por primera vez desde hace más de un mes, ahora no tengo la menor intención de tratar de apagarla.

Y, si vuelvo a llevarme la hostia… En fin, al menos habré podido disfrutar de Marcos un poco más.