El chico de la habitación vacía (El chico de al lado 2) 24.
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—Si vas a proponerme que nos hagamos una paja, te puedes ir a la mierda ahora mismo.

Mis palabras salen mucho más hostiles de lo que pretendía, pero Marcos suelta una risita. Al menos, no parece que le haya molestado.

—Tranquilo, que no es eso. Ven conmigo.

Oigo cómo se levanta, y entonces coge el móvil y enciende la linterna para alumbrar el camino.

—Joder, que tienen que ser como las dos y pico de la mañana —me quejo—. Quiero dormir.

—Pero no estás durmiendo. Confía en mí, en serio.

Quiero decirle que perdió el derecho a pedirme que confiara en él cuando decidió dejarme, pero me trago mis palabras. Veo que sigue plantado frente a su cama, expectante, así que suelto un resoplido y me pongo en pie. Solo entonces echa a andar y lo sigo hasta el baño.

El corazón comienza a latirme con fuerza cuando entramos.

Es la primera vez que estamos solos en este cuarto de baño en concreto, pero hemos compartido muchos momentos especiales en muchos otros cuartos de baño, y no puedo evitar preguntarme si él también estará pensando lo mismo.

Pero no puedo verle la cara, porque se encuentra de espaldas a mí y ha dejado el móvil sobre el lavabo mientras rebusca dentro de su neceser.

—Aquí está —dice al fin, sacando un botecito cuya etiqueta no logro distinguir.

—¿Qué es eso?

—Melatonina. Va muy bien para dormir —me explica mientras coge los dos vasos de agua que hay sobre la repisa y los llena con agua del grifo—. Llevo unas semanas tomándola.

El corazón me da un vuelco mientras miro la pastilla y el vaso que me tiende.

Si lleva unas semanas tomando melatonina para dormir, eso coincide más o menos con nuestra ruptura.

Y, si no ha podido dormir bien en estas semanas…

¿será por las mismas razones que yo? Pero eso debería ser bueno, ¿verdad?

Si no ha podido dormir bien después de haberme dejado, ¿eso no debería significar que no está del todo convencido de lo que ha hecho?

Esa persistente chispa de esperanza hace su aparición una vez más, pero me esfuerzo por ahogarla.

Aun así, no puedo evitar sonreír mientras acerco la mano a la suya.

Y entonces, cuando tomo la pastilla de su palma abierta, mis dedos rozan los suyos y es como si una corriente eléctrica nos recorriera a los dos, conectándonos a través de sus dedos.

Lo miro a los ojos y él me devuelve la mirada.

Por un momento, no estoy muy seguro de lo que vamos a hacer ninguno de los dos.

Pero, entonces, el momento pasa y me llevo la pastilla a la boca antes de beberme el agua.

Lo observo mientras él hace lo mismo y vuelve a guardar el bote de melatonina en su neceser.

—Bueno —dice, esbozando una leve sonrisa—. Pues vamos a ver si nos dormimos de una vez, ¿no?

—Sí —respondo, a falta de nada mejor que decir.

Salimos del cuarto de baño y nos dirigimos cada uno hacia nuestra cama.

En estos minutos fuera me ha entrado frío y estoy empezando a temblar, así que me apresuro a volver a taparme bien antes de abrazarme a la almohada.

Después de que Marcos haya encendido la linterna del móvil ya no puedo ver tan bien como antes en la oscuridad, pero lo oigo mientras se mete en su cama y vuelve a taparse, preparándose para dormir.

—Buenas noches, Fran.

—Buenas noches, Marcos —respondo, ignorando la punzada de dolor que siento al oírlo pronunciar mi nombre.

De nuevo, transcurren los minutos mientras trato de conciliar el sueño.

No sé cuánto tarda lo que me ha dado en hacer efecto, pero pronto oigo que su respiración se está volviendo más profunda, lo que indica que ya se está quedando dormido.

Con un poco de suerte, yo también seré capaz de hacerlo pronto.

Aun así, vuelvo a sentir esa familiar punzada de dolor en el estómago al darme cuenta una vez más de que está a solo unos metros de mí y no puedo tocarlo.

Trato de contener un suspiro, repitiendo el momento del baño dentro de mi cabeza.

Sí, estar tan cerca de él sin poder tenerlo es difícil.

Pero también me ha demostrado que se preocupa por mí, que quiere que esté bien, y eso tiene que ser bueno, ¿verdad?

No permito que la esperanza crezca demasiado, pero sí que me doy permiso para pensar algo diferente: a lo mejor podría acostumbrarme a esta situación, no a corto plazo, pero sí con el tiempo.

A lo mejor podría acostumbrarme a tener otra clase de relación con él; después de todo, es mejor tenerlo como amigo que no tenerlo en absoluto, ¿no?

Y, también con el tiempo, tal vez acabe volviendo a casa y podamos aprender a ser amigos, hermanos incluso.

Supongo que eso es mejor que nada, ¿verdad?

—Fran… —murmura de repente, cuando ya estoy quedándome adormilado.

Abro los ojos, sobresaltado.

—¿Qué pasa? —susurro. Aguardo unos segundos, pero no responde—. ¿Marcos? ¿Qué pasa?

Sin embargo, sigue sin decir nada. Oigo que su respiración sigue siendo profunda y constante, lo cual solo puede significar una cosa: está dormido.

Y, si ha pronunciado mi nombre mientras dormía…

¿será porque está soñando conmigo? ¿O tal vez ha sido solo cosa de mi imaginación?

Después de todo, yo mismo estaba ya medio dormido.

Pero no, no puede ser eso. Estoy seguro de que lo he oído, de que realmente ha dicho mi nombre en sueños.

En cualquier caso, no tengo ocasión de plantearme más preguntas. El sueño está comenzando a vencerme al fin, y así, con un agradable cosquilleo en la tripa al pensar que tal vez esté soñando conmigo, me quedo dormido yo también.