20.
Media hora más tarde, Vero y mi tía ya se han marchado. Con mi primo, ya solo quedamos seis en casa.
—Bueno… yo creo que me voy a dormir ya, que me caigo de sueño —dice Marcos, y se dirige a su padre para darle un abrazo—. Feliz Navidad.
—Feliz Navidad, campeón.
Permanecen unos segundos así, y entonces Marcos se separa de él y se acerca tímidamente a mi madre.
—Feliz Navidad, corazón —dice ella, salvándolo un poco de la vergüenza, y lo rodea con los brazos. Todavía no me he acostumbrado a que mi madre tenga muestras de cariño con ellos, pero, por alguna razón, verlos ahora me hace sonreír ligeramente.
Entonces, se separan también y Marcos se dirige hacia Natalia.
—Feliz Navidad, mocosa —le dice entre risas, rodeándola con los brazos.
—Feliz Navidad, payaso —responde ella, abrazándolo también.
—Haya paz… —interviene su padre, aunque está sonriendo. De nuevo, la situación me hace sonreír levemente.
Pero, entonces, trago saliva al darme cuenta de lo que va a ocurrir a continuación.
Marcos se separa también de Natalia y se acerca a donde estamos Víctor y yo, con evidente timidez.
Supongo que le resultará incómoda la idea de abrazarnos; a mi primo, porque apenas lo conoce, y a mí por razones evidentes.
Pero quedaría mal si no lo hiciera, así que me imagino que se está obligando a hacer el paripé para que nuestra familia no sospeche que pasa nada extraño.
—Me ha encantado conocerte mejor —le dice a Víctor.
—Y a mí.
Marcos hace ademán de acercarse un poco a él y, cuando mi primo le corresponde, lo abraza también, aunque de forma mucho más breve.
Después, se dirige a mí.
—Bueno —dice, claramente incómodo.
—Bueno.
—Feliz Navidad.
Entonces se acerca para darme un breve abrazo, todavía más incómodo que si no hubiera llegado a hacerlo.
Y, a pesar de ello, es como si una descarga eléctrica pasara entre nosotros en los puntos donde nuestros cuerpos se tocan.
Pero el momento es breve y, cuando quiero darme cuenta, ya está saliendo por la puerta.
Diez minutos más tarde, Víctor y yo ya hemos colocado la cama supletoria en mi habitación, cerca de la mía. Estamos los dos cansados, así que nos metemos directamente entre las sábanas y apagamos la luz. Cierro los ojos sin tratar de dormir, esperando a que hable.
—Oye, Fran —me llama al cabo de un par de minutos.
—Dime —respondo con una sonrisa; sabía que no tardaría en decir algo.
—¿Recuerdas lo que te conté? ¿Lo de que… tenía dudas y tal?
—Sí.
—Nos hemos besado —susurra, con la voz casi inaudible.
Abro mucho los ojos, sorprendido. Esto sí que no me lo esperaba.
—Entonces, supongo que ya no tienes tantas dudas, ¿no?
—Al contrario —responde, y esta vez puedo oír la angustia en su voz—. Tengo dudas precisamente porque nos hemos besado.
—Oye, Vic, es tarde y estoy medio dormido, así que vas a tener que ser más claro, ¿vale? —le pido—. ¿Qué pasó exactamente? Ya sabes que puedes contarme lo que quieras.
Y lo digo en serio. Yo no tuve a nadie que me ayudara cuando descubrí que me gustaban los chicos, y habría dado cualquier cosa por tener un primo mayor a quien pudiera pedirle consejo. Pero, como yo no lo tuve, quiero ser esa persona para él.
—A ver, es que ayer estábamos unos cuantos en casa de un amigo, y jugamos a «Verdad o reto». Adri… Bueno, Adri es mi mejor amigo, ¿recuerdas? Le tocó reto, y le dijeron que tenía que besar a un chico. Y me besó a mí.
Joder. Pues sí que son lanzados los chavales de ahora. Tan solo hace cuatro o cinco años que yo mismo tenía su edad y jamás me habría atrevido a hacer algo así.
—Y entonces, ¿ya tienes claro si a ti te gusta Adri?
—Ese es el problema. Que no lo sé. ¿Cómo puedo saber si me gusta o no?
Si él supiera la de días que me pasé sin aceptar cuánto me gustaba realmente Marcos…
—No sé, ¿tú qué sientes cuando estás con él? ¿Notas algo especial?
—A ver… es mi mejor amigo. Mi persona favorita, en realidad.
—Lo suelta todo del tirón, como si le hubiera dado muchas vueltas al tema—.
Siempre tengo ganas de estar con él, y de hacer cosas con él.
¡Pero no cosas de esas! —se apresura a decir, arrancándome una sonrisa.
Tiene que estar rojísimo, y me obligo a contener una risita—.
Cuando no estoy con él, lo echo de menos, y a veces me pongo nervioso antes de que nos veamos, y… Perdón. Estoy siendo un pesado.
—No eres un pesado —le aseguro, todavía sonriendo.
—Bueno, pero entonces, ¿qué piensas?
—Vamos a ver, Vic. A mí me parece que está claro que sí que te gusta, ¿no?
Hace una larga pausa antes de responder.
—No lo sé… ¿puede ser? Es que nunca me había pasado esto, te lo juro.
—A ver… ¿Dirías que te gustó el beso?
—Creo… creo que sí —admite con la voz llena de vergüenza—. Pero estoy rallado.
—Bueno, pero es que eso es normal, es algo muy nuevo para ti. ¿Has hablado con él?
—Ese es el problema. Que ahora está raro.
—Es posible que él también esté rallado —señalo—. Tienes que buscar la forma de hablar con él.
—Ya… Supongo.
—Seguro que todo sale bien, ya verás.
Nos quedamos de nuevo en silencio, pero me doy cuenta de que todavía quiere decir algo más. De nuevo, aguardo hasta que se sienta preparado.
—Oye, Fran —comienza con voz dudosa al cabo de un par de minutos—. ¿Te puedo hacer una pregunta?
No puedo evitar sonreír.
—¿Otra más?
—Perdón.
—Dime, anda.
—¿Qué pasa con Marcos?
El corazón me da un vuelco de repente. Trato de mantener la calma antes de contestar; no quiero que se dé cuenta de nada.
—¿A qué te refieres?
—No sé, es que estáis como… tensos. Me di cuenta el otro día, y hoy también.
—No sé de qué me hablas, la verdad.
—Siempre lo miras a escondidas cuando crees que nadie te ve —señala, y me quedo de piedra al oírlo. ¿De verdad es tan evidente?—. Y él también te mira a ti.
Eso sí que no me lo esperaba.
—¿En serio?
—En serio. —Hace una pausa, y entonces añade—. Te mira bastante. Y, cuando estábamos con el postre, se dio cuenta de que yo lo estaba viendo mientras te miraba y apartó la vista de golpe, todo rojo.
Joder. ¿Qué cojones significa esto ahora? No es suficiente como para que vuelva a aparecer la chispa de esperanza que creía olvidada, pero, ¿y si…?
—No nos llevamos muy bien —respondo, lo cual no es del todo mentira.
En otra situación, no me habría importado contarle a Víctor lo que sentía por Marcos.
Pero todavía me duele demasiado y, de todos modos, si mi primo se está cuestionando su sexualidad, no quiero meterle dramas en la cabeza, no quiero que se le quiten las ganas de intentarlo solo porque a mí me haya ido mal—.
Casi no nos conocíamos cuando nuestros padres se casaron, y en fin, la convivencia es complicada.
—Ah, vale —responde, aunque no sé si parece muy convencido.
—Pero gracias por preocuparte.
Permanecemos unos minutos más en silencio, roto solo por el movimiento de Marcos sobre el colchón al otro lado de la pared.
—Estaba guapo hoy —dice Víctor con una voz casi inaudible, como si le diera vergüenza decirlo.
Se me escapa una risita por la sorpresa. Es muy posible que sea la primera vez que dice algo así de un chico.
—Sí —respondo, y trato de contener la necesidad de soltar un suspiro—. La verdad es que sí.
—¿Y a ti no te gusta?
—No —miento descaradamente.
—¿Ni siquiera un poquito? —insiste.
—Duérmete ya, enano. Que es tarde.
—Vaaaleee…