El chico de la habitación prohibida (El chico de al lado 3) 56.
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La conversación con Fran no deja de darme vueltas en la cabeza durante toda la comida.

No soy capaz de mirarlo. Sé que, si lo hago, me costará mantenerme firme.

Por eso aparto un poco la silla de la suya, evitando cualquier roce entre nuestras piernas, cualquier mínimo contacto.

Es una estupidez, porque nadie se fijaría en un detalle así, pero necesito poner distancia entre los dos.

Necesito recordarme a mí mismo por qué estoy haciendo esto: porque hemos estado a punto de perderlo todo.

Mientras mastico casi sin enterarme de lo que hay en el plato, no dejo de imaginar situaciones que por suerte no han llegado a ocurrir.

Belén abriendo la puerta del baño. Papá haciéndonos preguntas.

Natalia atando cabos. Y es que hoy ha sido la gota que ha colmado el vaso, pero ya llevamos mucho tiempo arriesgándonos demasiado.

Hemos sido unos inconscientes. Mi mente se llena de situaciones terribles, cada una peor que la anterior.

Y, por mucho que me duela aceptarlo, acabo llegando siempre a la misma conclusión: no podemos seguir haciendo esto. Aquí no. Dentro de esta casa no.

Después de comer, en lugar de ayudar a recoger como suelo hacer, me excuso diciendo que tengo que estudiar y me encierro en mi habitación. En parte es verdad; tengo cosas de la facultad que hacer. Pero, sobre todo, necesito estar solo para ordenar mis ideas.

No quiero romper con Fran, joder. Ni siquiera quiero dejar de dormir con él.

Lo único que quiero es dejar de vivir con el miedo constante de que cualquier descuido pueda destrozar la familia que tanto nos ha costado reconstruir.

El problema es que ambas cosas no son compatibles y, por mucho que me duela, tengo que aceptar que no puedo tenerlo todo.

Intento concentrarme en los apuntes, pero apenas avanzo unas páginas. Cada poco tiempo me descubro mirando al vacío. Después de un par de horas, mi móvil vibra con un mensaje de Fran.

Ánimo con el estudio… te quiero

Durante unos segundos, me planteo responder con normalidad. Darle las gracias. Decirle que yo también lo quiero. Que luego hablamos.

Pero sé exactamente lo que pasaría: esta noche volvería a ir a su habitación. Volveríamos a convencernos de que no pasa nada. Y cualquier día dejaríamos de tener tanta suerte.

Así que dejo el móvil boca abajo y continúo estudiando. O lo intento.

A la hora de la cena hago exactamente lo mismo que durante la comida.

Me siento todo lo lejos que puedo de él, respondo cuando alguien me pregunta algo y procuro no cruzar la mirada con Fran.

Sé que debe de estar haciéndole daño, y odio ser yo quien se lo esté causando.

Pero prefiero que me odie un poco ahora a que más adelante los dos tengamos que afrontar unas consecuencias mucho peores.

Cuando terminamos de cenar, vuelvo directamente a mi habitación. Apenas han pasado unos minutos cuando el móvil vuelve a vibrar.

Espero que haya ido bien el estudio

Quieres que vaya a tu cuarto? O te vienes tú?

Suelto un suspiro y me obligo a escribir unas palabras que odio.

Esta noche no

Te pasa algo?

Cierro los ojos un momento antes de contestar.

Estoy agobiado con el examen y necesito descansar

Cuando dormimos juntos no descanso igual

Por supuesto, es mentira: sí que descanso cuando estoy con él. De hecho, probablemente nunca haya dormido mejor que estas últimas semanas. Pero, si no, habría acabado cediendo.

Ah

No me lo habías dicho

Yo pensaba que dormías a gusto

Bueno, pues ya te lo estoy diciendo ahora

Quieres que vaya a tu cuarto un rato?

Podemos hacer cositas y después me voy

Así te relajas un poco antes de dormir

Pero, por supuesto, el problema no es dormir juntos. El problema es que estamos jugando con fuego, y ya hemos estado a punto de quemarnos una vez. Rechazarlo tiene que ser una de las cosas más difíciles que he hecho en toda mi vida, pero me obligo a hacerlo.

Mejor no

Voy a darte un beso y me vuelvo?

Joder. ¿Por qué tengo que renunciar a algo que me hace feliz? ¿Y por qué él me lo tiene que poner tan difícil?

En serio, Fran

Déjalo

Me quedo mirando la pantalla unos segundos. Sé que solo intenta arreglar las cosas. Sé que lo hace porque me quiere. Pero precisamente porque me quiere debería entender por qué no podemos seguir haciendo esto.

Bueno, como quieras

Pero si ves que te apetece, avísame

Respiro hondo; no puedo seguir posponiéndolo.

Será mejor que no hagamos nada más en casa

Qué??

Por qué??

Joder, es que no has visto lo que ha pasado hoy???

Es demasiado arriesgado

Pero si no ha pasado nada!

Aprieto la mandíbula.

Eso es justo lo que más me atormenta desde esta tarde: que él siga pensando que no ha pasado nada.

No voy a repetir esta conversación

Ya te lo he dicho, esta mañana casi nos pillan

Nos la estamos jugando

Podemos tener más cuidado

Fran, en serio

No me insistas más, vale?

Se acabó y punto

Nada más enviar el último mensaje, siento un vacío enorme en el pecho. Odio tener que escribir esas palabras. Ojalá no hiciera falta. Pero, si no soy yo quien pone el límite, ninguno de los dos lo hará.

Ok

La conversación termina ahí.

Dejo el móvil sobre la cama y me quedo sentado, mirando la pared, imaginándomelo al otro lado. Cuando quiero darme cuenta, tengo las mejillas húmedas a causa de unas lágrimas que no sabía que estaba derramando,

Me duele haberle hablado así. Me duele imaginarlo solo en su habitación. Y, por encima de todo, me duele saber que esta noche voy a dormir sin él por primera vez en mucho tiempo.

Pero necesito que entienda que lo de esta tarde no ha sido solo un susto. Sé que nuestras circunstancias son diferentes, pero necesito que entienda lo importante que es proteger nuestra familia.

Por mucho que lo quiera, por mucho que esté enamorado de él, no puedo poner mi felicidad por encima de la de los demás.

Ya sé lo que es tener una familia rota, pero la muerte de mamá era inevitable.

Ahora, en cambio, salvar nuestra familia depende de nosotros.

Y, si Fran no quiere entenderlo, dependerá solo de mí.

Con suerte, este distanciamiento solo será temporal.

En Navidad nos iremos todos juntos de vacaciones y es muy posible que esos días tengamos más libertad que en casa, aunque todavía falta más de un mes que se me va a hacer interminable.

Y a lo mejor, si en un futuro conseguimos independizarnos y todavía sentimos lo mismo, entonces podremos vivir lo nuestro sin peligro.

O tal vez ni siquiera haya que esperar tanto.

Tal vez podamos preparar el terreno durante los próximos meses para que, llegado el momento, a nuestros padres no les resulte tan complicado de entender lo que hay entre nosotros.

Puedo empezar saliendo del armario, aunque sé que todavía no estoy preparado para hacerlo y, sinceramente, creo que tardaré bastante en estarlo.

Podría empezar por Natalia. Sé que David, su mejor amigo, es gay, lo que significa que no es homófoba.

¿Será capaz de entender que su hermano mayor es bisexual?

Quiero creer que sí, aunque tal vez necesite un tiempo.

Y, en cualquier caso, no me imagino diciéndoselo en un futuro cercano.

Joder. Todo esto es demasiado complicado.

Lo único que tengo claro es que, si para evitar que nos lo carguemos todo tengo que renunciar a dormir con él, a besarnos o incluso a estar juntos durante un tiempo, lo haré.

Aunque me parta el corazón.