El chico de la habitación prohibida (El chico de al lado 3) 55.
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Una serie de notificaciones vibrando en mi reloj me despiertan de pronto. Le echo un vistazo y veo los mensajes de Laura y Carlos en el grupo… y entonces me fijo en la hora.

—¡Mierda! —se me escapa.

Fran también se despierta, sobresaltado.

—¿Qué pasa?

Tardo apenas un segundo en evaluar la gravedad la situación. Estamos en su cama, desnudos y pegajosos, con él abrazado a mí. El corazón me da un vuelco mientras me incorporo.

—Nos hemos dormido.

—Joder. ¿Qué hora es?

—Menos cuarto pasadas. —Me pongo en pie—. Tenemos que ir a la ducha ya. Tu madre siempre llega antes de las en punto.

El pánico empieza a extenderse por todo mi cuerpo. ¿Cómo hemos podido ser tan idiotas?

Después de todo lo que he estado pensando estos días…

Después de darle tantas vueltas al aniversario de la muerte de mamá, a lo mucho que me asusta perder la familia que tanto nos ha costado reconstruir...

hemos estado a punto de echarlo todo por tierra por quedarnos dormidos cuando no deberíamos. Y todavía no nos hemos librado.

—Joder, si no nos va a dar tiempo —responde, levantándose también—. ¿Y si no nos duchamos?

Lo miro como si acabara de proponer prenderle fuego a la casa.

—Fran, ¿nos has visto? Estamos sudados, despeinadísimos y, sinceramente, olemos a sexo. Recoge las velas y yo voy abriendo la ventana, anda. Ya sabes que tu madre suele entrar a saludarte siempre que llega; hay que ventilar un poco la habitación.

Mientras él apaga las velas y las esconde bajo la cama, yo abro la ventana de par en par. El aire fresco entra de golpe, pero apenas sirve para tranquilizarme. No puedo dejar de imaginar lo que habría pasado si Belén hubiera llegado y nos hubiera encontrado así, desnudos y abrazados.

Todo se habría ido a la mierda.

Recogemos la ropa desperdigada por la habitación, salimos casi corriendo hacia el cuarto de baño y nos metemos directamente bajo el agua.

Esto no tiene nada de romántico ni sexual, ni siquiera cariñoso: simplemente nos enjabonamos el uno al otro de forma mecánica lo más rápido que podemos.

Después, me apresuro a enjuagarme toda la espuma y salgo de la ducha para secarme a toda velocidad mientras Fran termina de aclararse.

Lo hemos conseguido. Al menos, eso es lo que pienso durante unos segundos, hasta que alguien llama a la puerta.

Los dos nos quedamos completamente inmóviles. Siento como si se me congelara la sangre en las venas, dejando mi cuerpo tan frío como un bloque de hielo.

—¿Sí? —responde Fran.

—Fran, ¿te estás duchando?

Es Belén. Cierro los ojos un instante. Que se vaya, por favor, que se vaya.

—Sí, ahora mismo salgo.

Durante un segundo pienso que todo ha terminado, pero entonces escucho la pregunta que termina de destrozarlo todo.

—¿Todavía no ha llegado Marcos? Me parece que no está en su habitación.

Mierda. Mierda. Mierda.

Fran me mira, completamente pálido. Yo tampoco sé qué hacer.

Al final, no me queda otra.

—Yo también estoy aquí.

Pero me arrepiento nada más decirlo.

—¿Qué hacéis los dos en la ducha?

El corazón me late tan fuerte que me cuesta pensar. Ni siquiera puedo respirar con normalidad. Tengo que decir algo. Lo que sea.

Me llevo un dedo a los labios para que Fran no hable.

—Es que he entrado a mear.

Le hago un gesto para que añada algo.

—El muy imbécil no se ha podido esperar a que terminara de ducharme.

Podría funcionar; tiene que funcionar. No es la primera vez que hacemos algo así, toda la familia lo sabe.

Belén no responde; supongo que se habrá marchado. Me visto a toda velocidad, tiro de la cisterna y abro el grifo para disimular. Todo tiene que parecer normal.

Después, salgo del baño sin atreverme siquiera a mirar a Fran. Necesito alejarme.

Todavía tengo el corazón y la respiración acelerados cuando me encierro en mi habitación. Demasiado acelerados; por un momento, pienso que va a darme un ataque de ansiedad.

Me paseo de un lado a otro, tratando de tranquilizarme, pero no dejo de darle vueltas a lo que acaba de pasar. Podría habernos descubierto. Podría haber abierto la puerta. Podría haber empezado a sospechar. Podría...

De pronto, me vibra el móvil. Es Fran.

Joder, por los pelos

Me da rabia ver esa puta carita riéndose. ¿En serio le parece gracioso?

A ti te parece cosa de risa?

Porque a mí no.

A ver, que no me estoy riendo

El emoji era por quitar un poco de tensión y tal

Manda cojones. ¿Es que se la suda todo o qué? Necesito que entienda lo cerca que hemos estado de perderlo todo.

Ya, bueno

Pues a mí no me hace ninguna gracia

Joder, ni a mí

Pues no lo parece

No es para tanto, Marcos

No ha pasado nada

Siento un pinchazo de rabia. ¿Que no es para tanto? Llevo tres días asustado pensando en mamá, en papá, en Belén, en Natalia... preguntándome si podríamos cargarnos la familia con lo nuestro. Y hoy hemos estado a punto de comprobarlo.

Pero podría haber pasado

Y qué cojones, claro que ha pasado

Tu madre nos ha pillado en la ducha

La respuesta llega casi de inmediato.

No, te ha pillado entrando a mear mientras me ducho, que es muy diferente

En serio, Marcos, no te ralles

Es verdad que casi la cagamos, pero todo ha salido bien

No. No ha salido bien. Hemos tenido suerte, pero no siempre va a ser así. No podemos seguir tentándola.

Sí, bueno

Pero por los pelos

Por los pelos o no, lo importante es que no ha pasado nada

En serio, ¿cómo es posible que se la sude absolutamente todo? ¿Es que no es consciente de lo que nos estamos jugando?

Mira, déjalo

Está claro que a ti te da todo igual

En cuanto envío el mensaje, me arrepiento un poco. Sé que no le da igual. Lo sé. Pero odio que le esté quitando importancia de esta manera, como si no nos estuviéramos jugando algo importantísimo.

***

A qué viene eso ahora?

Cierro los ojos. No quiero seguir discutiendo, y menos por mensaje.

Da igual

Me voy a estudiar.

Pues vale.

Dejo el móvil boca abajo sobre la mesita de noche y me tumbo en la cama. Con los ojos cerrados, me llevo los puños a las sienes. Tengo un nudo en el pecho.

No estoy enfadado solo con Fran, sino también conmigo mismo. Los dos éramos perfectamente conscientes de la situación, los dos hemos actuado como si no fuera a pasar nada. Pero ha estado a punto de pasar.

Si algún día perdemos esta familia por culpa de lo nuestro, no creo que pudiera perdonármelo jamás. Y eso significa que tenemos que tomar una decisión. Y, si Fran no puede hacerlo… supongo que tendré que hacerlo yo. Por mucho que duela.