52.
El lunes me despierto a las siete de la mañana con el reloj vibrando en mi muñeca, igual que siempre. Es imposible salir de la cama sin molestar a Fran, así que él también se despierta. Le doy un beso rápido en los labios.
—Uf —susurro—. Me encuentro fatal.
Él suelta una risita y se acurruca en la cama, sustituyéndome por la almohada. Está tan adorable que me cuesta marcharme, como todas las mañanas. Pero hoy va a valer la pena.
Tras pasar por el baño, vuelvo a mi habitación. Tiro la manta al suelo para dar la impresión de que he pasado mala noche y me acuesto en mi cama, tratando de contener la risa. Me permito quedarme adormilado hasta que suenan unos golpes al otro lado de la puerta.
—¿Sí? —rezongo, procurando que mi voz suene lastimera.
—Soy yo, Marquitos —responde papá, entrando en la habitación—. Te has quedado dormido.
—No me encuentro bien… —mascullo.
Él se acerca a mi cama, preocupado.
—¿Qué te pasa?
—He pasado mala noche… me duele la garganta. Creo que he cogido frío.
—Vaya, hombre. Si es que esta época es muy mala para estas cosas.
—Me voy a quedar en casa, ¿vale? Hoy no toca nada importante y prefiero descansar.
—Vale, campeón, tú tranquilo —responde—. Con lo responsable que eres, sé que no te quedarías en casa sin motivo.
Me siento un poco mal por la mentira, pero bueno.
Tampoco es que le esté haciendo daño a nadie.
Papá me abraza, se marcha y yo alcanzo el móvil de la mesita de noche para informar a Laura y Carlos de que hoy no voy a ir a clase.
Todavía queda un rato hasta que llegue la hora de levantarse de Fran, así que me permito cerrar los ojos y dejarme llevar por el sueño.
Fran me despierta metiéndose en mi cama; ni siquiera lo había oído entrar. Me doy cuenta al instante de que está desnudo, y eso me despierta de inmediato.
—¿Ya se han ido?
—Sí.
—Genial.
—¿Te encuentras muy mal? —me pregunta.
—Fatal.
—Pues creo que tengo una medicina que podría ayudarte…
Sus besos terminan de despertarme, y una parte en concreto de mi anatomía está más despierta aún que el resto de mi cuerpo. ¿Cómo puedo tener ganas de él hasta cuando acabo de despertar?
Hoy Fran decide tomar la iniciativa, y la verdad es que no me quejo.
Me obliga a quedarme tumbado boca arriba mientras nos damos placer el uno al otro y enseguida ya está cabalgándome, gimiendo y gritando sin complejos mientras nos miramos a los ojos, prácticamente fusionados.
El placer va en aumento hasta que él comienza a correrse sobre mi pecho.
Eso le hace contraer los músculos de su interior de una forma tan deliciosa que, inevitablemente, yo también me corro.
Entonces se desploma sobre mí y me besa, y seguimos así un buen rato.
—¿Nos vamos a la ducha? —sugiero al cabo de un rato.
Aunque nos cuesta salir de la cama, ducharnos juntos siempre vale la pena.
Tal como hacemos cada vez que tenemos ocasión, nos enjabonamos el uno al otro mientras nos besamos, entreteniéndonos especialmente en las zonas que más nos gustan, disfrutando sin vergüenza de las reacciones que nos provocamos mutuamente.