El chico de la habitación prohibida (El chico de al lado 3) 39.
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El viernes empieza bastante mejor que el jueves.

Todavía estoy medio dormido cuando desbloqueo el móvil y veo la conversación con Fran. No puedo evitar sonreír al acordarme de lo que pasó anoche. Le escribo antes de levantarme de la cama siquiera.

Buenos días!

Me gustó mucho lo de anoche

Dudo un momento, y entonces añado:

Si quieres que lo convirtamos en costumbre...

Entonces, me estiro bien mientras suelto un prolongado bostezo y me levanto de la cama para irme a la ducha.

Después, me visto y me tomo con calma mi habitual café con unas galletas antes de marcharme con la mochila a la espalda.

El aire frío de la calle termina de despertarme mientras camino hacia el metro.

Una vez dentro del tren, veo que Fran me ha respondido.

No te diría yo que no

Aunque… espero que algún día podamos hacer más cosas

Leo los mensajes con una sonrisa, y de nuevo vuelvo a sentir ese cosquilleo agradable en la parte baja del vientre. Me quedo mirando la pantalla unos instantes, planteándome qué responder.

Pues... precisamente te quería hablar de eso

Tú qué horarios tienes exactamente?

Me quedo mirando la pantalla unos segundos, pero no aparece en línea. Supongo que estará duchándose o desayunando y que ya me contestará en el metro, al igual que he hecho yo. Me pongo los auriculares y aguardo con paciencia hasta que termine el trayecto.

Por suerte, el móvil vuelve a vibrar unos minutos más tarde.

Los jueves y los viernes acabo una hora antes

Y ya vi el jueves pasado que te lo pasabas bien sin mí...

No puedo evitar soltar una risa por lo bajo. Una señora sentada frente a mí levanta la vista del libro que está leyendo durante un instante antes de volver a concentrarse en él.

Ja, ja

Pero bueno, si te apetece, ahora podemos pasarlo bien juntos

Me parece genial

Y ahora que lo pienso, hoy es viernes, así que…

Entonces...

Nos vemos hoy cuando vuelvas de clase?

La respuesta tarda apenas unos segundos.

Hoy no va a poder ser

Bueno, ningún viernes, en realidad

Mi madre sale una hora antes del trabajo

Hago una mueca. No había caído en ese detalle.

Mierda

O sea... que hasta dentro de una semana, nada

Bueno, son solo seis días

Resoplo antes de responder.

Es demasiado

La contestación llega casi al instante.

Exagerado

Puede que tenga razón. Pero tenía ganas de repetir cuanto antes, y no solo por el sexo en sí.

Se me ocurre una idea, así que empiezo a escribir de nuevo.

Vale, pues a ver

Los jueves llegas antes a casa y estamos solos

Te parece si nos reservamos ese día?

La respuesta tarda unos segundos.

Reservar cómo?

Me siento supertorpe mientras respondo.

Sí, en plan... no hacer otros planes

Los jueves podrían ser, no sé...

Dudo un momento antes de escribir el siguiente mensaje.

Nuestro día?

No puedo evitar sentirme como un imbécil, pero contengo la respiración al ver que Fran está contestando.

Me parece bien

Tomo aire de golpe.

Genial

Me voy a vestir y tal ya, vale?

Luego hablamos

Que tengas buena mañana!

Me hace gracia que me diga que se va a vestir cuando yo llevo ya un buen rato en el metro.

Y tú!

Releo nuestras últimas conversaciones una y otra vez durante el resto del trayecto, y también al bajar del metro. Cuando llego a la facultad, me encuentro a Carlos y Laura esperándome en la entrada.

—Hoy sí que has llegado con buena cara —dice Laura nada más verme.

—¿Ah, sí?

—Mucho mejor que ayer, desde luego —añade Carlos.

Me encojo de hombros.

—Supongo que hoy he dormido mejor.

A ver, no es mentira. Aunque sospecho que no ha sido solo por eso.

Entramos en el edificio y, como siempre, acompañamos a Carlos hasta el ascensor para subir juntos a clase. Mientras esperamos a que llegue, Laura me mira de reojo.

—A ver cuánto te dura el buen humor.

—¿Tan borde estaba ayer?

—Un poco gruñón sí que estabas.

—No exageres.

—Yo nunca exagero —responde con una sonrisa.

Las puertas del ascensor se abren y entramos los tres.

Un momento después, ya estamos cruzando el pasillo hacia el aula.

Por suerte, la primera hora se me pasa bastante deprisa.

Cuando termina, saco el móvil casi por reflejo y vuelvo a releer la conversación con Fran.

Hago lo mismo durante las horas siguientes, y también cuando bajamos a la cafetería durante el descanso.

—¿Se puede saber quién te está haciendo sonreír tanto? —pregunta Laura, que acaba de aparecer junto a mí con cafés para los tres.

Bloqueo el móvil automáticamente.

—¿Qué?

—Llevas toda la mañana mirando el móvil con una sonrisita.

Carlos se acerca rodando a Laura para coger su café.

—Es verdad. Y eso que ayer parecía que odiabas el mundo.

Niego con la cabeza.

—Estáis muy aburridos. Os inventáis cosas.

—Eso no responde a la pregunta —insiste Laura.

—Porque no hay ninguna respuesta.

Los dos intercambian una mirada divertida.

—Vale, vale —dice ella entre risas—. No hace falta que nos cuentes nada.

Carlos sonríe.

—Déjalo. Algún día nos enteraremos.

Niego con la cabeza mientras le doy un sorbo al café.

En realidad, no es que quiera ocultarles nada.

Lo que pasa es que ni yo mismo sé qué es lo que estamos haciendo Fran y yo.

Durante las noches, todo parece totalmente natural, completamente fluido y sin forzar nada.

Pero durante el día es como si todo fuera un sueño extraño, uno que no alcanzo a comprender del todo.

¿Es posible que me gusten los chicos, que me guste Fran?

No lo sé, y lo peor es que tampoco sé cómo averiguarlo.

Lo único que sé ahora mismo es que estoy deseando que llegue el jueves.

Las clases terminan a la una en punto.

—Por fin es viernes —dice Laura nada más salir del aula, estirándose como si llevara allí encerrada una semana entera—. Se me ha hecho el día larguísimo.

—No exageres, que ayer dijiste exactamente lo mismo —la pico.

—Porque también era verdad.

Carlos se ríe mientras gira la silla hacia el ascensor.

—Venga, vamos, antes de que empecéis con otra discusión filosófica sobre qué día de la semana es peor.

Como casi todos los viernes, acabamos en el bar de siempre, a un par de calles de la facultad. El camarero nos reconoce en cuanto entramos.

—¿La mesa de siempre?

—Si está libre, sí —contesta Carlos.

Por suerte, así es. Nos sentamos junto al ventanal mientras esperamos la comida.

—Bueno —dice Laura en cuanto el camarero se aleja—. Hoy que vuelves a estar de buen humor… ¿qué tal el viaje?

Carlos asiente con la cabeza.

—Sí, porque todavía no nos has contado absolutamente nada.

Sonrío.

—No hay mucho que contar.

—Venga ya.

—En serio.

—¿Ni una sola anécdota?

Me encojo de hombros.

—Ya os lo dije ayer… playa, piscina, comer muchísimo y volver con sueño.

Laura pone cara de decepción.

—Qué aburrido eres contando las cosas.

—Es que fueron unos días bastante tranquilos.

A ver, en realidad no estoy mintiendo; tan solo omito algunas partes. Y es verdad que los días fueron tranquilos. Las noches, por otra parte…

Pero no me gustaría empalmarme con mis amigos por recordar lo que hacíamos Fran y yo por las noches, así que trato de apartar esos pensamientos de mi cabeza.

La comida transcurre entre bromas y conversaciones sobre la universidad. Laura se queja de un profesor; Carlos asegura que va a suspender una práctica aunque todavía no la ha entregado siquiera. Yo intervengo más que el día anterior, pero sigo teniendo la cabeza un poco lejos.

Por mucho que intente evitarlo, no dejo de pensar en Fran, en volver a verlo en casa, en colarme esta noche en su habitación… en el jueves que viene, aunque parece estar lejísimos.

Alargamos la sobremesa con unos cafés, pero al final nos acabamos marchando del bar. Cuando salimos, Laura comprueba la hora en el móvil y yo también le echo un vistazo al reloj; son cerca de las cuatro. El tiempo se me ha pasado volando.

—Todavía faltan tres horas para la peli… qué coñazo —se queja.

—¿Ves? —dice Carlos—. Te dije que tendríamos que haber cogido entradas para la sesión de las cuatro.

Al principio me quedo un poco descolocado, pero entonces lo recuerdo: el cine.

Habíamos quedado para ver una película hoy, una de esas musicales que les flipan a ellos dos.

A mí no es que me entusiasmen demasiado, pero Laura y Carlos son las únicas personas con las que hago planes, así que no suelo rechazar casi nada de lo que me proponen.

—¿Tú estás loco? —contesta Laura a Carlos—. Esa sala tenía los asientos accesibles en la última fila.

—¿Y qué problema hay?

—¿Que íbamos a tener que ver la peli con prismáticos, a lo mejor?

–Mejor eso que verla en primera fila.

–Pues por eso he cogido esta sesión, que tiene los asientos accesibles en medio.

Carlos pone los ojos en blanco, y yo contengo una risita.

Nuestro cine es de los pocos de la ciudad que están bien adaptados, y él no es demasiado quisquilloso con la zona después de haberse pasado casi toda la vida teniendo que conformarse con la primera fila.

Pero Laura está obsesionada con el cine y se niega en rotundo a ver las películas en la última fila, así que siempre acabamos yendo a horas que nos vienen peor para poder pillar los asientos accesibles en medio.

Contengo un suspiro. Aunque normalmente tendría ganas de ir al cine con ellos, hay un problema: Fran.

Pensaba que lo vería pronto, después de comer con mis amigos, pero resulta que no voy a verlo hasta la noche.

Por alguna razón, eso me provoca cierta tristeza. Y eso a su vez me hace sentir estúpido.

—Te habías olvidado del plan —dice Laura, mirándome con ojos perspicaces—. ¿A que sí?

—No, no. Es que se me había pasado avisar en casa.

—Vamos, que te habías olvidado —repite, aunque sé que solo está tratando de picarme—. A ver, que si prefieres no ir…

—Que no, coño —insisto—. Es que con la vuelta del viaje todavía estoy un poco perdido, pero claro que quiero ir. Voy a avisar en casa. No me da tiempo a volver para cenar, ¿verdad?

—La peli empieza a las siete, habrá como quince minutos de anuncios de mierda y casi dos horas y media de peli… Saldríamos a las diez menos veinte, más o menos. No llegas.

—Podríamos cenar en el burger de la esquina después —propone Carlos.

—Me parece bien —respondo.

Saco el móvil y le mando un mensaje a papá avisando de que no me esperen para cenar. Contengo un suspiro. Me habría gustado cenar con Fran, pero al menos tenemos el resto del fin de semana.