31.
Trato de disimularlo, pero soy incapaz de quitarle los ojos de encima mientras se acerca a la cama. Él parece nervioso, pero también decidido. Mientras sigo masturbándome, él se sube a la cama por la parte de los pies y se acerca a mí gateando, despacio.
Entonces, llega hasta mi polla y me aparta las manos para apropiarse de ella. Sin detenerse en preliminares, se la mete directamente en la boca. A estas alturas ya he empezado a lubricar y Fran comienza a lamerlo todo; está claro que le gusta.
Se mueve para colocarse igual que ayer, con su polla cerca de mí, y capto la indirecta al instante. La rodeo con mis dedos y empiezo a masturbarlo mientras él sigue chupando, arrancándonos gemidos de placer mutuamente.
Tras unos minutos, Fran se aparta un poco y se lleva la mano a la nuca, como para masajeársela un poco.
—¿Estás bien? —le pregunto.
—Sí, sí. Tranquilo.
Continúa con lo que estaba haciendo, pero es evidente que la postura le está empezando a molestar.
Y no es justo que le pase eso por darme placer, así que llevo ambas manos a su nuca y comienzo a masajeársela con cuidado, trabajando los nudos de tensión y ocupándome también de los hombros.
Sus gemidos de alivio se mezclan con mis gemidos de placer en una sinfonía perfecta.
—¿Quieres follarme la boca? —me propone de repente.
—Eh… Vale.
No me queda del todo claro lo que quiere que haga exactamente, así que lo miro mientras espero más instrucciones.
—¿No sabes cómo se hace? —me pregunta, sonriente.
—A ver, claro que sí —miento—. Pero, no sé… ¿Cómo quieres que nos coloquemos y tal?
Fran sonríe todavía más.
—Mira, lo mejor es que yo me tumbe boca arriba —dice—. Y, después, tú te sientas encima de mí y me la metes en la boca.
—Eh… Vale.
Me da vergüenza, pero mentiría si dijera que no me atrae la idea. Observo a Fran mientras se apropia de mi almohada, la coloca sobre la suya y reposa la cabeza sobre ambas, supongo que para estar más cómodo.
—Siéntate encima —me instruye.
—¿Encima de ti? —pregunto para asegurarme.
—Sí, Marcos. Encima de mí.
Noto que se me calientan las mejillas mientras me acerco a él y me siento sobre su torso. Avanzo un poco hacia delante, hasta que mi polla le roza el cuello. Fran no dice nada, y no tengo ni la menor idea de si lo estoy haciendo bien o no. Lo miro a los ojos, sonriendo ligeramente.
—Entonces… ¿te la meto en la boca?
—Claro.
—Avísame si te ahogo o algo, ¿vale? —le pido, preocupado.
Él pone los ojos en blanco.
—Tampoco te flipes, que no la tienes tan grande.
—Vete a la mierda —le digo mientras río.
Sé que es una broma, pero le meto la polla de golpe en la boca a modo de venganza. Fran se atraganta, así que la saco mientras él empieza a toser.
—Joder, qué bestia eres —se queja, aunque se está riendo.
—Eso te pasa por bocazas.
—A ver si te vas a quedar sin mamada… —me amenaza, pero sé cómo contraatacar.
—A ver si te vas a quedar sin polla…
—Eres imbécil.
—Sí, pero estás deseando que te folle la boca —respondo, sonriendo de nuevo, y él vuelve a poner los ojos en blanco—. ¿Me equivoco?
—Empieza ya, anda —replica, confirmando mis sospechas.
Con mucho más cuidado que antes, vuelvo a meterle la polla en la boca Esto es muy parecido a cuando él me la chupa, solo que ahora soy yo quien controla la situación.
Cuando llego hasta la carne cálida y húmeda de su garganta, me muevo hacia atrás para sacarla y comienzo a mover las caderas despacio, de atrás hacia delante, permitiendo que mi polla entre y salga de su boca.
Al principio me cuesta un poco hacerme al movimiento, pero pronto le cojo el ritmo y comienzo a disfrutarlo, rindiéndome al placer al mismo tiempo que trato de no hacerle daño a Fran.
Mientras tanto, él me acaricia la espalda. No sé cuánto tiempo lleva así, pero entonces sus manos comienzan a descender muy despacio, hasta que llegan a mis nalgas. Me quedo paralizado de repente y lo miro a los ojos, preguntándome qué pretende hacer. Nunca me habían tocado el culo de esta manera.
Pero Fran sigue chupándome la polla mientras me acaricia las nalgas, y pronto vuelvo a relajarme de nuevo, acostumbrándome a las nuevas sensaciones.
Comienza a utilizar las manos para animarme a acelerar mis movimientos, y eso es justo lo que hago, sintiendo cómo el placer continúa creciendo como oleadas que recorren todo mi cuerpo.
Por los movimientos debajo de mi cuerpo, soy vagamente consciente de que él se está masturbando mientras chupa, mientras yo le follo la boca cada vez más fuerte.
No puedo evitar preguntarme cómo sería follarle otra cosa.
—Joder… —digo—. Qué pena que solo pueda follarte la boca.
Entonces, Fran se saca mi polla de la boca.
—¿Quién dice que solo puedas follarme la boca?
Me quedo inmóvil y trago saliva, sorprendido.
—¿En serio?
—¿En serio qué?
—Ya lo sabes.
—No, no lo sé —responde con tono provocador—. ¿Por qué no me lo dices claramente?
Lo miro a los ojos, y es como si un torrente de energía pasara entre nosotros.
—¿En serio puedo… follarte el culo?
—Lo estás deseando, ¿no? —pregunta, y yo aparto la mirada. Me da vergüenza admitirlo, pero asiento con la cabeza—. Pues yo también.
—¿De verdad?
Mi voz suena apenas audible.
—De verdad.
—Vale —respondo, sonriendo ligeramente.
Entonces, Fran hace una mueca.
—Mierda.
—¿Qué pasa?
—Creo… que igual vamos a tener problemas técnicos.
—¿Por qué?
—Porque no tenemos condones ni lubricante. —Suelta un suspiro—. Mira que siempre llevo a todas partes por si acaso, pero como se suponía que esto iba a ser un viaje familiar y tal… Joder, soy gilipollas. Tendría que haber pensado en comprar antes.
—Tranquilo, no te preocupes por eso —le digo, sonriendo—. Yo tengo.
Él se queda con los ojos como platos.
—¿En serio?
—Bueno, tengo condones —señalo—. Lo del lubricante y tal… No sabía que hacía falta, la verdad.
—Pues entonces tenemos un problema menos, pero nos queda el otro.
Pero no puede ser para tanto, ¿verdad?
—¿En serio? ¿Por qué?
Vuelve a suspirar antes de contestar.
—Digamos que meterla en algunos agujeros es más complicado que en otros —me explica—. Y este en concreto no lubrica de forma natural, así que es necesario utilizar algo para lubricar.
Me quedo pensando, tratando de encontrar alguna alternativa. Las ganas que tengo de follar con él son demasiado fuertes como para no hacerlo.
—A ver, en el baño hay gel de la ducha —sugiero—. Podemos probar.
—Ni de coña. Ya lo hice una vez y te aseguro que no fue agradable.
Se estremece de forma visible.
—Entonces… ¿qué hacemos?
—Supongo que vamos a tener que utilizar mucha saliva y mucha paciencia. —Se encoge de hombros, como resignándose—. Espero que estés bien hidratado.
—Eh… ¿supongo?
—Bueno, pues a partir de ahora, tú asegúrate de reservar para mi culo toda la saliva que produzcas.
—Vale… —respondo, un poco perdido—. ¿Y cómo lo hacemos?
Tarda un instante en responder.
—Podrías empezar comiéndome un poco el culo —sugiere—. Si quieres, claro.
—¿Qué? —pregunto. ¿Cómo que comerle el culo? ¿Eso se hace?
—Pues eso. ¿Nunca lo has hecho?
Niego con la cabeza, preguntándome si lo estará diciendo en serio o no.
—Pues no, la verdad.
—A ver, yo no te voy a obligar a hacer nada que no quieras. Pero creo que, si yo te como la polla y tú me vas a follar, también podrías devolverme el favor así. Pero vamos, que lo entiendo si no quieres, en serio.
La cosa es que la idea me resulta interesante, aunque me da vergüenza admitirlo.
—Tranquilo, no es eso —digo en voz baja—. Es solo que… Pues eso, que nunca lo he hecho. No sé cómo se hace y tal.
—A ver… ¿Te has comido algún coño?
Me encojo de hombros y aparto la mirada, todavía más avergonzado. La verdad es que nunca había tenido sexo con nadie antes de él, pero no pensaba confesárselo tan pronto.
—Solo uno.
—Y yo que pensaba que eras un ligón. —Se ríe y yo sonrío ligeramente, aunque sigo sin mirarlo—. Pero bueno, ¿sabes si le gustó?
Trato de improvisar.
—Eh… Pues no sé, ¿supongo? A ver, estuvo gimiendo y tal.
—Bueno, vamos a suponer que se lo hiciste bien. Yo no tengo experiencias con esas cosas porque todavía no he estado con ningún chico trans, pero me imagino que no puede ser muy diferente, ¿no? Podrías probar a hacer lo mismo, supongo.
—Supongo.
Como si eso fuera a servirme de algo.
—Que no tienes que hacerlo si no quieres, ¿eh? —insiste.
—Que sí, sí que quiero. —Sonrío ligeramente y me apresuro a excusarme por adelantado—: Pero no esperes que lo haga bien a la primera, ¿vale?
—Tranquilo.
—Si quieres, puedes guiarme un poco y tal —le propongo; tal vez eso me ayude a no cagarla demasiado—. Decirme lo que te gusta y lo que no, esas cosas. ¿Te parece?
—Vale, genial.
—Pues, a ver… —Me aparto de su pecho y recorro su cuerpo con la mirada—. ¿Cómo deberíamos ponernos?
—A ver, básicamente hay dos opciones. Puedo ponerme a cuatro patas, o puedo sentarme en tu cara. Lo que tú prefieras.
El problema es que no sé lo que prefiero.
—Eh… ¿Te parece si empezamos a cuatro primero? Luego podemos cambiar si quieres.
—Vale, genial. ¿Me haces hueco?
Me aparto y lo observo mientras se coloca a cuatro patas, con el culo en alto hacia mí.
Mi polla se hincha entre mis piernas; me gusta lo que estoy viendo, y la idea de lo que estoy a punto de hacer cada vez me resulta más atractiva.
Con una torpeza que trato de disimular como puedo, me coloco detrás de él, procurando situarme a la distancia correcta.
Entonces, bajo la cara y me acerco a su culo, tan liso y suave, tan blanco y cálido. Le separo las nalgas, y él se estremece ante el contacto. Espero hacerlo bien, joder, quiero hacerlo bien. Con un poco de suerte, mis ganas podrán vencer a mi falta de experiencia.
—Allá voy, ¿vale? —lo aviso.
—Vale.
Y así, temblando por los nervios, me lanzo a lo desconocido.