El chico de la habitación prohibida (El chico de al lado 3) 28.
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Despierto poco antes de las siete de la mañana, con la vejiga a punto de explotar.

Miro a mi derecha y distingo la silueta de Fran en la penumbra, durmiendo plácidamente.

Con cuidado de no despertarlo, me bajo de la cama y voy al cuarto de baño.

Está claro que las copas del bar me han pasado factura, así que tomo nota para tratar de acordarme de ir al baño la próxima vez que me corra, antes de quedarme dormido. Odio despertarme en mitad de la noche.

Cuando vuelvo a la cama, Fran sigue profundamente dormido, así que me tumbo con cuidado junto a él.

En esta ocasión, me acerco más que antes.

Está tumbado en posición fetal, abrazado a su almohada, aunque tiene el brazo derecho ligeramente extendido.

Las ganas de establecer contacto con él, por escaso que sea, son demasiado fuertes.

—¿Fran? —susurro para comprobar que realmente esté dormido. Vuelvo a probar, alzando un poco la voz—: ¿Fran?

Pero no contesta; de hecho, suelta un ligero ronquido que me hace sonreír.

Entonces, vuelvo a moverme para acercarme todavía más a él, de modo que las yemas de sus dedos rocen ligeramente mi brazo.

Vuelvo a cerrar los ojos, Y así, sonriendo ampliamente mientras me concentro en esa caricia inventada, no tardo en quedarme dormido de nuevo.

Cuando vuelvo a despertar, me quedo de piedra: Fran me está abrazando.

No es que me esté rozando como antes, ni tampoco es como si tuviera la mano alrededor de mi brazo. No. Me está abrazando por completo, con el brazo sobre mi pecho desnudo. Su cara está tan cerca de la mía que noto su respiración contra mi cuello.

El corazón comienza a latirme con fuerza. ¿Lo habrá hecho a propósito? ¿O ha sido en sueños, sin darse cuenta siquiera?

—¿Fran? —susurro, pero no contesta.

No es que esté incómodo, al contrario. Lo que pasa es que, de nuevo, quiero más.

Levanto el brazo derecho y, milímetro a milímetro, lo acerco a él.

Entonces, lo dejo sobre sus hombros para abrazarlo contra mí.

Echo un vistazo a mi reloj; son casi las ocho y media.

Cierro los ojos y suelto un suspiro, disfrutando de la sensación.

Me gusta sentir el cuerpo cálido de Fran contra el mío, su respiración contra mi nuca. Su palma sobre mi corazón palpitante.

Ni siquiera trato de volver a dormir; sé que ya no voy a ser capaz de hacerlo. En vez de eso, me limito a disfrutar del momento.

Y de Fran.

No sé cuánto tiempo habrá pasado, pero de pronto noto a Fran moviéndose ligeramente junto a mí, antes de tensarse por completo. Abro los ojos para mirarlo.

—Ey —lo saludo, y él sonríe.

Esperaba que rompiera el abrazo, pero no lo hace.

—Ey.

—¿Has dormido bien?

—Muy bien —responde—. ¿Y tú?

—También.

—¿Qué hora es?

Le echo un vistazo al reloj.

—Ya son casi las nueve. Está a punto de sonar el despertador.

—¿Llevas mucho tiempo despierto?

—Qué va —miento—. Cinco minutos o así.

En realidad habrá sido alrededor de media hora; la media hora más agradable de toda mi vida. Ni siquiera tengo palabras para describir la paz y la tranquilidad que he sentido con este abrazo mutuo, sumergiéndome y emergiendo constantemente de un lugar intermedio entre el sueño y la vigilia.

De repente, suena el despertador de Fran. Aparto el brazo con el que lo tengo rodeado para darle libertad, y él me da la espalda para apagar la alarma.

Permanecemos un par de minutos más en la cama, ahora sin tocarnos y en completo silencio, sumidos en una calma agradable. Tengo la sensación de que podría quedarme aquí para siempre.

Pero, por desgracia, tenemos que bajar a desayunar.

—Bueno —dice Fran, poniéndose en pie—. Me voy a la ducha. ¿Tienes que entrar antes?

—No, tranquilo. Ve tú.

—Vale.

Cuando se encierra en el baño, no puedo evitarlo. Me deslizo ligeramente hacia su lado de la cama, cojo la almohada e inspiro profundamente. Huele a él, y me doy cuenta de que su aroma está empezando a convertirse en mi olor favorito.

Y así, inundado por esta oleada de sensaciones agradables, me permito cinco minutos más de profunda satisfacción mientras respiro su esencia, antes de levantarme al fin de la cama.