El chico de la habitación prohibida (El chico de al lado 3) 2.
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Por fin, me meto entre las sábanas, me tapo hasta arriba y me dispongo a dormir.

Sin embargo, mi mente vuelve por su propia voluntad al momento de hace solo unos segundos con Fran.

Recuerdo sus ojos recorriendo mi cuerpo, deteniéndose en mis bóxers.

Por supuesto; ahora que lo recuerdo, Fran es abiertamente gay.

Aunque eso no supone ningún problema para mí, a lo mejor a él le resulta incómodo que me pasee medio desnudo delante de él.

No puedo evitar preguntarme si él también tendrá costumbre de hacerlo, aunque, a juzgar por su comentario, lo dudo mucho.

Quiero dormir, pero ahora que he empezado a darle vueltas al tema, ya no consigo sacármelo de la cabeza.

Me llevo las manos a los bóxers. Son un tanto ajustados; ¿cuánto habré estado marcando exactamente?

¿Y cuánto se habrá fijado Fran? Noto que se me calientan un poco las mejillas; a lo mejor voy a tener que empezar a acostumbrarme a usar pantalones.

Cuando quiero darme cuenta, mi polla está creciendo bajo mi mano.

Es normal, supongo; estos días he estado agobiado con los últimos viajes de la mudanza y los preparativos de la boda, así que no he hecho demasiado caso a las necesidades de mi cuerpo.

Me quito la sábana de encima, pero entonces una ráfaga de viento fresco entra por la ventana y me pone la piel de gallina.

Me apresuro a levantarme para cerrarla y vuelvo a meterme en la cama.

De nuevo, llevo la mano derecha hasta mi polla. Con la izquierda, cojo el móvil y entro en mi página favorita, aunque me aseguro de mantener el sonido al mínimo para que nadie se entere. A fin de cuentas, Fran está durmiendo al otro lado de la pared.

Fran… Sin poder evitarlo, vuelvo a recordar ese momento de hace unos minutos en el baño.

Me ha mirado el paquete, cada vez estoy más seguro.

Pero, ¿por qué eso hace que la polla se me ponga más dura aún?

No lo sé, pero de todos modos es tarde, así que será mejor no entretenerme demasiado.

Prefiero terminar rápido e irme a dormir lo antes posible.

Enseguida, mi respiración y los latidos de mi corazón comienzan a acelerarse.

De pronto, el móvil me vibra en la mano y suena el pitido de una notificación. Sorprendido, frunzo el ceño al ver que se trata de un mensaje de Fran, el primero que me manda en la vida. Lo abro para leerlo.

T importa machacártela menos fuerte?

M gustaría dormir y tal

Mierda.

Me ha pillado.

Y yo pensaba que estaba siendo discreto.

¿Es que estas paredes son de papel o qué?

Aguardo durante unos segundos, tratando de pensar alguna respuesta, pero estoy tan avergonzado que no se me ocurre nada.

En vez de eso, dejo el móvil sobre la cama y cierro los ojos.

A lo mejor, si no veo ningún vídeo, podré concentrarme un poco más en no hacer ruido.

Oigo el débil chirrido del colchón al otro lado de la pared; supongo que Fran se estará acomodando para dormir.

Antes de continuar, abro el cajón de la mesilla de noche, que ya he dejado bien provisto de pañuelos.

Saco unos cuantos y los dejo junto al móvil; prefiero evitar accidentes.

Entonces, comienzo a darme placer con la mano una vez más.

Mi intención era terminar rápido, pero no quiero molestar a Fran, de modo que lo hago despacio y con cuidado, con calma, disfrutando de las sensaciones que recorren mi cuerpo.

Esto también está muy bien, la verdad. Y, ahora que estoy teniendo cuidado, no creo que Fran pueda oírme.

Fran… Ya sospechaba que su cama se encontraría justo al otro lado de la pared, pero esto lo confirma.

Se me hace raro, y ya me he dado cuenta del primer inconveniente: voy a tener que ser muy cuidadoso para no hacer ruido por las noches.

Y, teniendo en cuenta que mi rutina antes de dormir casi siempre es la misma, me parece que esto va a ser un engorro.

A lo mejor debería cambiar la cama de sitio, pero eso supondría cargarme la distribución de mi nuevo cuarto y, sinceramente, me gusta mucho cómo ha quedado.

De pronto, oigo un sonido y me detengo de golpe.

Presto atención y un segundo después vuelvo a oírlo: es Fran, con la respiración un tanto acelerada.

Y, a juzgar por el ligero chirrido del colchón que oigo al otro lado de la pared, casi imperceptible pero constante, me doy cuenta de que está haciendo exactamente lo mismo que yo.

Después de su mensaje, tal vez debería enfadarme por su hipocresía…

pero no soy capaz de hacerlo. Al contrario: el hecho de saber que los dos estamos haciendo exactamente lo mismo tiene algo que me gusta.

Continúo masturbándome en silencio, procurando no hacer más ruido que él y concentrándome en los sonidos que me llegan desde el otro lado de la pared, esa respiración acelerada, esos jadeos que no podría escuchar si estuviera tan solo unos centímetros más lejos de la pared.

Me doy cuenta de que es la primera vez que escucho algo parecido; al menos, en la vida real.

No sé por qué, pero el sonido me excita.

Y no sé si él me estará oyendo o no, pero si los dos estamos haciendo lo mismo, no puede quejarse de que yo haga ruido, ¿verdad?

Así pues, aprovecho para aumentar la velocidad.

Llevo mucho más tiempo de lo habitual sin hacer esto, y eso se une a los sonidos que estoy escuchando para hacer que mi excitación vaya en aumento cada vez más, hasta que, al fin, tapándome la cara con la almohada para no hacer más ruido de la cuenta, comienzo a correrme sobre los pañuelos que he dejado sobre mi tripa.

Mientras mi respiración vuelve a la normalidad, decido devolvérsela y alcanzo el móvil para mandarle un mensaje.

Aplícate el cuento

No oigo el sonido de su móvil; supongo que debe de tenerlo en silencio.

Continúo escuchando su respiración acelerada y lo que solo puede ser el sonido frenético de su mano, hasta que al fin oigo un sonido semejante a la mezcla entre un gruñido y un gemido prolongado que me pone la piel de gallina.

Acaba de correrse; no tengo la menor duda.

Vuelvo a abrir la conversación con él y, un instante después, aparece en línea. Su respuesta no se hace esperar.

Ups

Se me oía mucho?

Bueno…

Jadeabas bastante, la verdad

De hecho, juraría que he oído "el momento"…

No sé si me entiendes

Sonrío mientras espero su respuesta; esta situación no podría ser más divertida. Por no mencionar lo alejada que está de nuestras conversaciones habituales. A lo mejor nos hacemos amigos y todo gracias a unas pajas, ¿quién me lo iba a decir?

Lo siento

A ver, que no pasa nada

Mientras no estuvieras pensando en mí…

No sé por qué he añadido esto último, pero, tras enviar el mensaje, me doy cuenta de que tengo curiosidad por su respuesta, así que aguardo con expectación.

Tranquilo, que no eres mi tipo

Frunzo ligeramente el ceño y mi sonrisa desaparece de golpe. A ver, obviamente no esperaba que Fran estuviera pensando en mí, ni mucho menos que fuera su tipo, pero su forma de decirlo me ha escocido más de lo que esperaba.

Pero en serio… lo siento

Anda tío, no te ralles

Yo no cuento lo tuyo si tú no cuentas lo mío

Trato?

Trato

Pues venga, me voy a dormir

Si es que has dejado de hacer ruido, claro…

Ja, ja

Pero, a pesar de los emojis, ya no estoy sonriendo. Vuelvo a releer ese mensaje de antes. «No eres mi tipo». Como si no supiera perfectamente que no soy el tipo de nadie, ¿pero en serio hacía falta decirlo así? En fin, supongo que sigue siendo el mismo Fran de estos últimos meses.

Aun así, es indudable que hemos tenido un pequeño momento de complicidad, por surrealista que sea. Y, aunque sus palabras me han dolido un poco, sigo teniendo claro mi objetivo: voy a conseguir que nos llevemos bien, cueste lo que cueste.