El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 85.
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—¡Mierda! —dice Marcos de repente, despertándome.

—¿Qué pasa? —pregunto sobresaltado.

Pestañeo un par de veces y veo que sigo abrazado a él, los dos muy pegados sobre mi cama. Pero él ya se está empezando a incorporar, así que me aparto un poco para darle espacio.

—Nos hemos dormido.

—Joder. ¿Qué hora es?

—Menos cuarto pasadas —responde, y pasa por encima de mí para ponerse en pie—. Tenemos que ir a la ducha ya. Tu madre siempre llega antes de las en punto.

—Joder, si no nos va a dar tiempo —contesto mientras me levanto yo también, sintiendo que me invade un poco el pánico—. ¿Y si no nos duchamos?

—Fran, ¿nos has visto? Estamos sudados, despeinadísimos y, sinceramente, olemos a sexo. Recoge las velas y yo voy abriendo la ventana, anda. Ya sabes que tu madre suele entrar a saludarte siempre que llega; hay que ventilar un poco la habitación.

Me apresuro a apagar las velas y esconderlas todas bajo la cama, con cuidado de no derramar la cera.

Después, lo sigo en dirección al cuarto de baño, los dos recogiendo nuestra ropa por el camino.

Cerramos la puerta y nos metemos en la ducha sin perder más tiempo; esta no va a ser una de las duchas que tantos nos gusta tomarnos juntos.

Por suerte, nos compenetramos bien. Nos enjabonamos mutuamente en apenas unos segundos, y después nos aclaramos por turnos. Enseguida, Marcos ya está fuera de la ducha y secándose con la toalla mientras yo termino de aclararme. Lo hemos conseguido, pero por los pelos.

De pronto, suenan unos golpes en la puerta del baño y nos quedamos paralizados, mirándonos con los ojos llenos de pánico.

—¿Sí? —respondo, con el corazón latiéndome con fuerza.

—Fran, ¿te estás duchando?

—Sí, ahora mismo salgo.

—¿Todavía no ha llegado Marcos? Me parece que no está en su habitación.

Joder. Joder, joder, joder. Lo miro, y él se encoge de hombros. No nos queda otra, así que…

—Yo también estoy aquí —responde.

—¿Qué hacéis los dos en la ducha? —pregunta mi madre, claramente sorprendida.

Mierda. Nos miramos con pánico una vez más, y entonces Marcos se lleva un dedo a los labios.

—Es que he entrado a mear —dice. Me hace un gesto para que añada algo que dé verosimilitud a su historia.

—El muy imbécil no se ha podido esperar a que terminara de ducharme.

Marcos se está secando con rapidez mientras hablamos, y después se viste en apenas unos segundos.

Por suerte, hemos tenido el buen juicio de traernos la ropa.

Tira de la cisterna, hace sonar el grifo del lavamanos y, sin mirarme siquiera, sale a toda prisa del cuarto de baño.

Yo me quedo un tanto extrañado, pero permanezco dentro la ducha un par de minutos más.

Cuando termino, vuelvo a mi habitación, ya sin rastro de él, y le escribo un mensaje.

Joder, por los pelos

Su respuesta no tarda en llegar, pero no es lo que esperaba.

A ti te parece cosa de risa?

Porque a mí no.

Pestañeo un par de veces, confuso por su reacción.

A ver, que no me estoy riendo

El emoji era por quitar un poco de tensión y tal

Ya, bueno

Pues a mí no me hace ninguna gracia

Joder, ni a mí

Pues no lo parece

No es para tanto, Marcos

No ha pasado nada

Pero podría haber pasado

Y qué cojones, claro que ha pasado

Tu madre nos ha pillado en la ducha

No, te ha pillado entrando a mear mientras me ducho, que es muy diferente

En serio, Marcos, no te ralles

Es verdad que casi la cagamos, pero todo ha salido bien

Sí, bueno

Pero por los pelos

Por los pelos o no, lo importante es que no ha pasado nada

Mira, déjalo

Está claro que a ti te da todo igual

***

A qué viene eso ahora?

Da igual

Me voy a estudiar.

Pues vale

Y, entonces, deja de aparecer en línea. Releo la conversación, cada vez más extrañado por el rumbo que ha tomado todo.

Vale, sí, Marcos tiene razón al decir que hemos estado a punto de cagarla.

Pero lo importante es que al final no ha pasado nada, ¿no?

La excusa que hemos dado es perfectamente razonable, y mi madre ni siquiera ha insistido ni ha hecho más preguntas.

Pero, entonces, ¿por qué se ha puesto así tan de repente?

Una parte de mí quiere quitarle importancia al asunto; al fin y al cabo, todas las parejas discuten de vez en cuando, ¿no?

Sin embargo, no puedo evitar tener un mal presentimiento con todo esto.