El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 82.
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Me quedo inmóvil de repente; esto sí que no me lo esperaba. Sus palabras resuenan en mis oídos una y otra vez, y creo que ese sonido se me va a quedar grabado dentro de la mente para siempre. Pero, al mismo tiempo me cuesta creer que lo he oído bien.

—¿Qué has dicho?

Marcos se aparta de mí de repente, y me doy cuenta de que sus ojos parecen asustados.

—Joder. Lo siento —se apresura a decir, con la cara y la voz llenas de pánico—. Se me ha escapado, es que estaba tan a gusto que…

—Marcos, para —lo interrumpo—. Para.

—Es que…

—Para, por favor —insisto, y lo miro con una sonrisa que parece tranquilizarlo un poco—. ¿Lo decías en serio?

Él aparta la mirada, con las mejillas sonrojadas y claramente azorado. Veo que su garganta se mueve cuando traga saliva, y entonces asiente ligeramente con la cabeza, de forma casi imperceptible.

—Sí —responde con un hilo de voz que me provoca un temblor en el corazón—. Pero no te preocupes, o sea, tampoco significa que…

—Marcos, en serio. Para —le pido una vez más. Con toda la delicadeza de la que soy capaz, llevo la mano hasta su mejilla y le giro la cara para poder mirarlo a los ojos. Le dirijo una leve sonrisa que parece tranquilizarlo un poco—. Yo también te quiero.

Y, de pronto, cualquier atisbo de pánico desaparece de su rostro y queda reemplazado por una expresión de profundo júbilo.

—¿En serio?

—En serio —confirmo, ensanchando la sonrisa, y él sonríe también.

—Joder.

—¿Qué pasa?

—Nada. Que te quiero. —Se abalanza hacia mí, me abraza otra vez y me mira directamente a los ojos—. Te quiero, Fran —susurra, con los labios a solo unos centímetros de los míos, acariciándome la mejilla con los dedos.

—Te quiero, Marcos —respondo, y le acaricio ese pelo rizado que tanto odiaba al principio y que ahora tanto me gusta.

No sé quién de los dos inicia el movimiento, pero enseguida nuestros labios vuelven a encontrarse y comenzamos a devorarnos otra vez, compartiendo unos besos que ahora significan mucho más que antes.

Me doy cuenta de que en algún momento ha salido de mi interior, pero no importa. No sé cómo ha pasado, pero aunque ya no esté físicamente dentro de mí, ahora llevo a Marcos en lo más profundo de mi ser.

Ya no hay barreras de ningún tipo entre nosotros, ni físicas ni mentales. Ya no estamos tratando de engañarnos a nosotros mismos; los dos hemos aceptado al fin lo que sentimos.

Quiero a Marcos, y él también me quiere a mí.