80.
El lunes por la mañana, decidimos poner en marcha un nuevo plan.
Ayer por la noche nos dimos cuenta de que necesitábamos más, de que no podíamos esperar hasta el jueves para volver a quedarnos solos.
Y, aunque fuéramos capaces de esperar, con una hora juntos no es suficiente. Necesitamos más, mucho más.
Así pues, hemos decidido fingir que estamos enfermos.
No sería tan raro que enfermáramos a la vez, porque nos hemos pasado buena parte del fin de semana juntos, aunque nuestra familia no sabe realmente hasta qué punto.
Además, los dos ya somos mayorcitos y siempre nos hemos responsabilizado de nuestros estudios, así que nuestros padres no se oponen cuando les decimos que queremos quedarnos en casa a descansar.
Pero, por supuesto, tenemos muchas más cosas en mente.
Desde que se marchan nuestros padres, que siempre se van juntos en coche por las mañanas, salgo de mi habitación y me meto en el cuarto de baño para prepararme.
A continuación, sin molestarme siquiera en volver a vestirme, me voy directamente a la habitación de Marcos y me meto con él en la cama.
Es la primera vez que estamos solos en casa con varias horas por delante para nosotros solos, así que estamos decididos a aprovechar hasta el último segundo.
Apenas quince minutos después ya estoy cabalgándolo, y la sensación de que por primera vez no tenemos que darnos prisa ni reprimir nuestros gritos de placer no podría ser más liberadora.
Cuando me corro sobre su pecho desnudo y él me da las últimas embestidas antes de correrse también, me dejo caer sobre él sin preocuparme lo más mínimo por pringarme con mis propios fluidos.
Nos besamos durante un largo rato antes de meternos juntos en la ducha, algo que parece que cada vez nos va gustando más.
Una vez allí, nos enjabonamos y nos enjuagamos mutuamente, todo ello sin poder parar de besarnos.
Es como si no fuéramos capaces de permanecer más de un segundo separados.
Al volver a la cama, me doy cuenta de que sigue húmeda a causa del sudor de antes, y por alguna razón, eso vuelve a excitarme otra vez. Comienzo a besar a Marcos casi con furia, pero él no tarda en darse cuenta de qué es lo que pretendo.
—Si quieres que follemos de nuevo, me parece que todavía no voy a poder —admite con timidez—. Vas a tener que darme un rato para que me recupere.
—No te preocupes —susurro contra sus labios.
—Pero, si quieres, puedo jugar un poco con tu culo —añade.
—Me parece genial —respondo con una sonrisa.
Desliza un dedo hasta mi boca, y yo me aseguro de lamérselo bien. A continuación, baja hasta mis nalgas y me lo introduce poco a poco, aunque entra sin ningún problema después de lo que hemos hecho hace apenas un rato.
—Túmbate —me pide entonces.
Obedezco y me coloco boca abajo, y entonces me estremezco al sentir su cara entre mis piernas.
Utiliza ambas manos para separar mis nalgas y, con cuidado y un cariño infinito, comienza a lamer y succionar con ganas, arrancándome unos gemidos de placer que apenas soy capaz de controlar.
Al cabo de un rato comienza a introducirme los dedos otra vez, estimulando ese punto que me hace retorcerme de placer.
—Oye, ¿tienes algún juguete? —pregunta de repente.
—Eh… pues la verdad es que sí —admito, un tanto avergonzado—. ¿Quieres que lo traiga?
—Puedo ir yo si quieres. ¿Dónde está?
—En el tercer cajón de mi mesita de noche, dentro de la caja de cartas de Pokémon —respondo, y él se echa a reír—. ¿Qué pasa ahora?
—¿En una caja de cartas de Pokémon? ¿En serio?
—¿Qué pasa? —digo a la defensiva, notando cómo enrojecen mis mejillas—. No voy a dejarlo donde pueda encontrarlo todo el mundo.
Lo observo mientras se limpia las manos con las toallitas húmedas que hemos empezado a tener siempre a mano para estas cosas, y entonces sale de la habitación.
Oigo un sonido metálico y después una risita, y pongo los ojos en blanco.
Marcos aparece apenas unos segundos más tarde, con el dildo en la mano.
No es nada del otro mundo, de silicona negra y un tamaño estándar, sin vibración ni nada por el estilo, pero está bien para jugar yo solo de vez en cuando.
—Si te soy sincero, no sé cómo se usan estas cosas —admite cuando vuelve a acercarse a mi culo—. ¿Te lo meto como si fuera mi polla y tal?
—Sí, pero no me lo metas de golpe. Ve con cuidado, ¿vale?
—Sí, tranquilo. ¿Voy?
—Venga.
Lo oigo mientras unta el dildo de lubricante para no hacerme daño. Después, utiliza una mano para separarme las nalgas y la otra para manejar el juguete. Siento una ligera presión en la abertura y entonces lo introduce con cuidado, abriéndose camino en mi interior, despacio pero sin pausa.
—¿Vas bien? —me pregunta cuando ya puedo notar su puño contra mis nalgas; debe de habérmelo metido ya todo.
—Sí —respondo; en realidad estoy más que bien—. Ahora mételo y sácalo, ya sabes, igual que cuando me metes la de verdad.
Y eso es lo que hace. Comienza despacio y con cuidado, tal como lo hace siempre, y después va incrementando poco a poco la velocidad.
No tarda en cogerle el truco; sus movimientos se vuelven más hábiles y fluidos, y pronto me tiene gimiendo otra vez.
Al cabo de unos minutos, se tumba encima de mí sin dejar de mover la mano.
Pasa el brazo izquierdo por debajo de mi pecho para abrazarme, y después comienza a besarme el cuello y mordisquear los lóbulos de mis orejas.
No sé cuánto tiempo sigue así, pero siento como si fuera a estallar de puro placer.
—Marcos… —alcanzo a susurrar entre gemidos—. Como sigas así… me voy… a correr… en tu… cama.
—Se me ocurre una forma de que te corras mucho mejor.
Mueve las caderas para pegarse todavía más a mí y entonces siento la dureza de su polla contra mi nalga, muy cerca de su mano con el dildo.
—¿Me la quieres meter?
—Claro.
—Vale, ¿pero te la puedo chupar un poco primero?
—¿Seguro? —dice, tentándome con los movimientos del dildo.
—Se… guro. Si no, me voy a… correr demasiado pronto…, y después no voy a aguantar que sigas follándome… mucho más. Así me calmo… un poco, ¿vale?
—Vale.
—Pues venga…, sácamelo… y te tumbas.
Marcos extrae el dildo con cuidado, lo envuelve en un par de toallitas húmedas y lo deja a un lado.
Yo me doy la vuelta, me incorporo y le hago sitio para que se tumbe.
Ahora me toca darle placer a mí, y estoy más que dispuesto a hacerlo.
Su glande ya está empezando a lubricar cuando me lo meto en la boca, y enseguida es él quien comienza a gemir de placer.
—Joder... —susurra con la voz ronca—. Y yo que antes de empezar a hacer esto contigo pensaba que las mamadas no serían para tanto.
Me saco su polla de la boca y lo miro a los ojos, algo confuso por su elección de palabras.
—Pensaba que ya te la habían chupado.
Él aparta la mirada, algo azorado.
—Igual me lo inventé un poquito —confiesa, y me doy cuenta de que tiene las mejillas sonrosadas—. En realidad, hasta que empezó esto entre nosotros, nunca había hecho nada con nadie.
—Espera. ¿Nada de nada? ¿En serio?
—Sí. Había estado con chicas y tal, pero no habíamos pasado de los besos.
Soy incapaz de creer lo que estoy oyendo.
—Espera un momento, Marcos. Entonces… ¿Me estás diciendo eras virgen cuando empezamos a follar?
—Eh… pues sí —admite, con la cara prácticamente a punto de estallar en llamas.
—Joder. ¿Y por qué no me lo dijiste?
Él se encoge de hombros, y el rubor de sus mejillas se incrementa todavía más. Está prácticamente incandescente.
—No lo sé. Porque me daba vergüenza, supongo. No quería parecer tan inexperto. Y, como casi no nos conocíamos…
—A ver, Marcos, vergüenza ninguna, porque la virginidad no es más que un constructo social creado para oprimir a las mujeres —respondo, repitiendo las palabras que me dijo Álex una vez—. Pero… Joder, tenías que habérmelo dicho.
—Bueno, de todos modos, ya te dije que no había hecho casi nada —me recuerda—. Tampoco fue una mentira del todo.
—Joder, si no es por eso —respondo, un tanto frustrado—. Escucha…, me hice pruebas de ITS literalmente un par de semanas antes de la boda. Llevaba sin follar desde mi ex, y después, tampoco volví a hacer nada con nadie hasta lo que pasó contigo en el hotel.
—¿Y qué pasa? —pregunta, claramente confuso—. Eso es bueno, ¿no?
—Pues claro que es bueno —respondo, pero no me estoy refiriendo a eso. Lo miro a los ojos y, enrojeciendo yo también, le lanzo la pregunta—: Marcos… ¿Quieres correrte dentro de mí?