70.
Sus palabras me dejan descolocado al principio.
Cuando empezó todo esto, las cosas estaban muy claras entre nosotros.
Lo que hacíamos no era más que un desahogo, y cuando fuimos más lejos, la cosa tampoco cambió demasiado en la práctica.
A él le gustaba que se la chupara, y a mí me gustaba chupársela.
A él le gustaba metérmela, y a mí me gustaba que me la metiera.
Vale, sí, me ha estado comiendo el culo, pero también era un poco el trámite para ayudarme a dilatar.
Sin embargo, esto es diferente. Esto es la mayor prueba hasta el momento de que lo que ha dicho antes es cierto: que le gustan los chicos.
Que le gusto yo. Y, aunque recibir una mamada no es lo que más me gusta hacer en la cama, eso no significa que no lo disfrute.
Y la idea de que sea él quien me lo haga me gusta todavía más.
—Vale —respondo.
Sin decir palabra, Marcos comienza a besarme otra vez.
Pero ya no son esos besos tiernos y delicados que hemos compartido hasta hace unos minutos, sino unos besos intensos y llenos de pasión.
Lleva la mano hasta mi entrepierna y, mientras tanto, su boca se entretiene con mis labios, mi cuello y mis orejas, sintiendo cómo crece mi excitación en su mano.
Baja por mi torso y comienza a jugar con mis pezones con los labios, los dientes y la lengua, arrancándome gemidos mientras mueve la mano de forma rítmica.
Después, su boca desciende todavía más… y entonces se detiene.
Bajo la mirada y lo veo mirándome a la cara.
—Bueno… ¿y ahora qué hago? —dice con una timidez que me llena de ternura y excitación a partes iguales.
—¿Cómo que qué haces?
—Pues eso… ¿Cómo lo hago?
—Pues no sé, si te la metes en la boca y tal… —respondo con sarcasmo.
—Ja, ja. —Pone los ojos en blanco—. A ver, es que nunca he hecho esto. Si hay algo que debería saber, algo que te guste o no te guste…
—A ver, Marcos, piensa que es la primera polla que te vas a comer. No lo vas a hacer perfecto, ¿vale? Y no pasa nada, que nadie lo hace bien a la primera —me aseguro de recalcar—. Si quieres, tú ve haciendo lo que te parezca y yo te voy guiando, ¿vale?
—Es que no quiero hacerlo mal —me dice, y su mirada de cachorrito hace que me entren ganas de comérmelo a besos.
—No sé, es que yo creo que es algo que sale de forma natural.
O sea, ten cuidado con los dientes y tal.
Juega con la lengua y esas cosas. Y utiliza las manos también, que al final todo ayuda.
—Parece tan concentrado mientras hablo, como si estuviera tomando nota de cada una de mis palabras, que tengo que contener la risa—.
Tú piensa en las cosas que te gustan cuando yo te lo hago a ti y seguro que lo haces bien.
—Vale.
—Y tranquilo, que no es tan difícil.
—Entonces… ¿me la meto en la boca?
—Venga, empieza así si quieres.
Le dirijo una sonrisa para darle ánimos y él me la devuelve.
Entonces, sus labios se cierran alrededor de mi glande.
Me doy cuenta desde el principio de que es la primera vez que lo hace.
Pero, como ya le he dicho, no pasa nada.
Si quiere aprender a hacer buenas mamadas, yo estaré más que encantado de hacer de sujeto de experimentos.
Al igual que antes, su torpeza y su timidez tienen algo que por alguna razón me excita todavía más.
Y, también al igual que antes, su entusiasmo no tarda en suplir su falta de experiencia.
Aunque le tengo que guiar un poco al principio, pronto parece cogerle el truco, y en cuestión de unos minutos ya me tiene gimiendo y disfrutando de las sensaciones que inundan mi cuerpo.
—¿Qué tal? —me pregunta entonces. Estiro el cuello para mirarlo y veo que tiene el rostro enrojecido.
—Genial.
—¿En serio? ¿Te gusta?
—Mucho —le aseguro con una sonrisa que se refleja en su rostro. Y entonces, con cierta timidez, añado—: ¿Quieres jugar también con mi culo?
—Claro —responde, y entonces se estira para coger el bote de lubricante que hemos dejado sobre la mesita de noche—. Tú relájate y disfruta.
Vuelvo a reposar la cabeza sobre la almohada y hago lo que me pide.
Tengo las piernas separadas, y Marcos aprovecha para colocarme un cojín bajo las nalgas.
Después, hunde la cara entre ellas y su lengua comienza a darme placer otra vez, mientras su mano me masturba con suavidad.
Siento un estremecimiento a causa de la oleada de sensaciones.
Ya estoy bastante dilatado después de lo de antes, así que pronto un dedo se desliza en mi interior con ayuda del lubricante.
Es la primera vez que tenemos, y eso hace que sea mucho más fácil que en el otro hotel.
Marcos juguetea con suavidad en mi interior hasta que encuentra ese punto que me hace gemir con fuerza, y entonces se dedica a estimularlo hasta que mi glande comienza a segregar un fluido transparente que él se apresura a lamer.
Y entonces continúa lamiendo, succionando y acariciando con su lengua mientras su dedo se mueve en mi interior, hasta que la oleada de sensaciones se convierte en una tormenta tan intensa que siento que estoy a punto de explotar en más de un sentido.
—Marcos… Para —susurro al cabo de unos segundos, y su dedo se detiene—. Me voy a correr.
—Pues córrete.
—¿Y tú?
—Yo estoy bien así —responde.
—¿Seguro?
—Seguro.
—¿Quieres que te avise para que te apartes, o…?
—No —contesta con una sonrisa tímida—. Quiero… Quiero probarlo.
—¿Seguro? —pregunto de nuevo.
—Seguro.
—Bueno. Pero si no te gusta, lo escupes, ¿vale?
—Vale —responde entre risas.
Y, una vez más, siento la calidez húmeda de su boca y el movimiento cada vez más hábil de su dedo dentro de mí.
Enseguida noto que me acerco de nuevo al punto sin retorno, y muy pronto mi cuerpo entero tiembla invadido por el placer mientras estallo en su boca.
Me quedo inmóvil durante unos instantes, jadeando con fuerza, y no abro los ojos hasta que siento su dedo saliendo de mi interior.
Entonces, me mira directamente a los ojos y veo el movimiento de su nuez mientras traga. Acto seguido, se acerca a mi cara para besarme. Hay un par de gotas de semen bajo sus labios, así que se las lamo antes de devolverle el beso.
Mientras saboreo los restos de mi propio placer en su boca, incapaz de creer que todo esto esté ocurriendo de verdad, no puedo evitar preguntarme cómo hemos llegado a este punto.
Y, sobre todo, cómo es posible que haya podido vivir tantos años sin esto.