59.
Durante el resto de la tarde, trato de no pensar demasiado en Marcos y en lo que pretendemos hacer esta noche.
Sin embargo, cuando llega la hora de la cena, no puedo evitar que el pensamiento ocupe un primer plano dentro de mi mente.
Los dos salimos de nuestras habitaciones a la vez, y la sonrisa fugaz que me dirige hace que vuelva a sentir ese cosquilleo en la tripa.
—Ey —me saluda.
—Ey.
Entonces, comienza a caminar hacia el salón por delante de mí, y el pantalón corto que lleva hace que se le marquen las nalgas mientras camina de una forma que transforma ese cosquilleo en un calorcillo que desciende hasta una zona muy poco apropiada cuando estamos a punto de cenar en familia.
Cuando nos sentamos frente a la mesa, me doy cuenta de un nuevo inconveniente en el hecho de que Marcos y yo nos sentemos juntos: nuestras piernas están tan cerca que nuestros muslos se rozan, y como los dos llevamos puesto un pantalón corto para estar por casa, eso significa que su piel está en contacto constante con la mía.
Y eso no ayuda a apagar ese calorcillo tan molesto como agradable, la verdad.
La cena de hoy es pescado al horno con patatas, una de las especialidades de mi madre.
Apenas participo en la conversación mientras saboreo la comida, tratando de concentrarme en ella y de no pensar en lo que vamos a hacer esta noche.
Sin embargo, la pierna de Marcos está ahí, todo el rato contra la mía, y no puedo evitar preguntarme si no lo estará haciendo a propósito.
Cuando terminamos de comer, sigo empalmado. Y eso es un problema, porque ahora tengo que irme de aquí sin que se me note.
—Recoged vosotros la mesa, anda —nos pide mi madre mientras se levanta—. Que nosotros hemos cocinado y todavía tenemos que limpiar la cocina.
Natalia y Marcos se ponen en pie al instante, pero yo no puedo hacerlo. Miro a mi alrededor con pánico, tratando de pensar una excusa.
—¿Te llevas tú los platos? —me pregunta Marcos mientras coge la fuente del pescado.
—Es que se me ha dormido la pierna —miento, lanzándole una mirada que espero que sea lo bastante significativa. Él frunce el ceño, sin comprender lo que quiero decir, y yo bajo la vista hasta mi entrepierna. Es entonces cuando parece darse cuenta y esboza una sonrisita.
—Vale, tranqui. Tú quédate ahí y a ver si se te pasa.
—Qué morro que tienes, chaval —dice Natalia mientras me quita el plato de delante.
—Perdona. Mañana lo recojo yo todo, te lo prometo.
La observo mientras reúne los platos y se marcha hacia la cocina. Mi erección no remite y no parece tener intención de hacerlo, así que aprovecho que no hay nadie más en el salón y salgo corriendo hacia el pasillo.
—¡Que se ha escaqueado! —oigo que grita Natalia cuando llego a la seguridad de mi habitación—. Tendrá morro el tío.
Conteniendo la risa a pesar de la situación, me tumbo en la cama de cara a la pared. La erección sigue sin remitir, así que me pongo a ver tiktoks hasta que se me pase.
Diez minutos más tarde, suenan unos golpecitos en la puerta.
—¿Sí?
—Nos vamos a la cama —anuncia mi madre—. ¿No te acuestas?
—Sí, ahora voy. Buenas noches.
—Buenas noches, cariño. Descansa.
Mi problemilla de antes ya ha pasado, así que me pongo el pijama y voy al cuarto de baño para prepararme antes de dormir.
Bueno, o más bien antes de ir a la cama, porque mi intención no es dormir precisamente.
Cuando termino, me acerco a la puerta de mi madre y Antonio, pero todavía no oigo ronquidos. Habrá que esperar un poco más.
Decido acercarme a la puerta de Marcos y doy unos golpecitos antes de asomarme a su habitación. Por alguna razón, el corazón comienza a latirme con fuerza.
—Buenas noches —le digo para disimular.
—Buenas noches —contesta. A continuación, en voz baja, me pregunta—: ¿Has oído ronquidos?
Niego con la cabeza.
—Hasta mañana —añado con una sonrisa; si todo va bien, volveremos a vernos dentro de poco.
—Hasta mañana —responde él, devolviéndome la sonrisa.
Para seguir manteniendo las apariencias, cierro mi puerta cuando me meto en mi habitación. Después, saco el móvil para mandarle un mensaje a Marcos.
He cerrado la puerta, pero sigo despierto.
Creo que será mejor que vengas tú a mi cuarto
Sí, eso había pensado
Como yo tengo la habitación de Natalia enfrente, es lo más seguro
Genial
Crees que tu padre tardará mucho en dormirse?
No sé, no creo
Ya me he dado cuenta de que andas con ganas…
Ja, ja
Como si tú no las tuvieras xd
Estoy que reviento, la verdad
No me corro desde ayer por la mañana
En serio?
En serio
Yo tampoco
Bueno, es normal… estos días no hemos parado
Supongo que nos hacía falta descansar un poco
Eso díselo a lo que tengo entre las piernas, que parece que no se ha enterado
Me pasa
Y, como no podría ser de otra manera, eso que tengo entre las piernas vuelve a despertar a causa de la conversación. De verdad, ¿no podrían dejarme en paz un rato estas hormonas que corren alborotadas por mi cuerpo?
Ya me estoy empalmando otra vez xd
Same xd
Pero será mejor que pare, que todavía tengo que ir al baño y todo
Vale, pues ya nos vemos en un rato
Entra directamente, vale?
Vale
Y, entonces, deja de aparecer en línea. No sé si es que, como he hecho yo antes, se habrá metido en alguna red social para distraer su mente del tema, o si tal vez se ha puesto algún vídeo para animar un poco la cosa en lo que llega el momento.
En mi caso, opto por lo segundo. Me quito el pijama y los calzoncillos y lo dejo todo sobre la silla que hay frente al escritorio.
A continuación, vuelvo a meterme en la cama y entro en la carpeta de mis vídeos favoritos.
Comienzo a acariciarme despacio, sin prisa, saboreando el momento hasta que llegue Marcos por fin.