El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 55.
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Media hora después, Marcos y yo ya estamos sentamos en el avión.

En el asiento de la ventanilla hay un chico rubio y muy rojo con pinta de extranjero y juraría que un poco de pluma, y Marcos se ha sentado en el asiento del pasillo.

Yo estoy entre los dos, disfrutando en silencio de la compañía de Marcos, aunque sea en el asiento incómodo de un avión.

Nuestros brazos y piernas se rozan constantemente en el estrecho espacio, y eso me provoca un remolino de emociones que me recorre todo el cuerpo.

—¿Qué es eso? —le pregunto al ver que saca una pastilla de la mochila.

—Biodramina —contesta con una media sonrisa—. Es que me mareo un poco.

Le devuelvo la sonrisa y lo observo mientras se toma la pastilla con un trago de agua. Después, cierra los ojos y apoya la cabeza sobre el respaldo.

—¿Te vas a dormir? —le pregunto.

—Seguramente —admite—. Pero avísame si ronco, ¿vale?

—Vale —respondo entre risas.

Continúo observándolo mientras se saca los auriculares del bolsillo y se los pone.

Selecciona algo en su móvil y, de nuevo, cierra los ojos.

Pronto, el avión comienza a moverse por la pista y apenas unos minutos después ya hemos despegado, sin retrasos ni contratiempos.

Me pongo yo también los auriculares, elijo la playlist con mis canciones favoritas de Taylor Swift y cierro los ojos.

No sé si me he llegado a quedar dormido, pero de pronto noto algo en el hombro y abro los ojos de golpe.

Miro hacia un lado y veo que se trata de Marcos, que ha apoyado la cabeza sobre mi hombro.

Tiene los ojos cerrados y está respirando profundamente, y sus rizos me hacen cosquillas en la mejilla.

Me quito un auricular, sin saber si está dormido o despierto, y le doy unos golpecitos con los dedos en el brazo.

—¿Marcos? —susurro.

Pero no contesta, así que debe de estar profundamente dormido por efecto de la Biodramina y la falta de sueño.

Sin embargo, también me doy cuenta de algo más: ya no estamos en la oscuridad protectora de nuestra habitación del hotel, lejos de ojos ajenos, sino en un avión lleno de gente.

Miro hacia el pasillo, invadido por el pánico, pero no parece que nadie se esté fijando en nosotros.

Entonces recuerdo que no estamos solos y miro a mi lado, y veo que el chico rubio nos está observando con una enorme sonrisa en los labios.

— Your boyfriend is adorable —dice con un acento muy marcado; supongo que debe de ser alemán o algo así.

Sus palabras me hacen enrojecer hasta las orejas y olvido todo mi inglés de golpe, así que sonrío tímidamente y asiento con la cabeza a modo de respuesta. Después, vuelvo a ponerme los auriculares.

Por supuesto, Marcos jamás podría ser mi novio ni nada que se le parezca.

Sin embargo, está claro que hay algo especial entre nosotros, algo que no sé muy bien cómo definir, pero me gusta.

Es evidente que las cosas van a ser muy diferentes ahora que no podremos compartir cama y habitación, pero vamos a vivir en la misma casa de todos modos, y también seguiremos compartiendo cuarto de baño.

Y, aunque trato de no pensar demasiado en el futuro, estoy deseando saber lo que va a pasar entre nosotros a partir de ahora.

Será emocionante averiguarlo.