El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 53.
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Despierto entre los brazos de Marcos y, por un instante, siento que voy a estallar de pura felicidad.

Sin embargo, el momento no dura. La alarma de mi móvil está sonando con fuerza, y él también se ha despertado. Sus brazos dejan de rodearme de inmediato, mientras se despereza antes de estirarse para coger mi móvil y detener la alarma.

—Mierda… —murmura, con la voz pastosa a causa del sueño—. El condón.

—¿Qué pasa? —pregunto adormilado. Me giro y lo veo tirado en la cama, justo entre nosotros—. ¿Y eso?

—No me lo llegué a quitar cuando terminamos —me explica—. Se me ha debido de caer mientras dormíamos.

—Ah… Vale. Tiene sentido.

Marcos recoge el condón, le hace un nudo y se levanta de la cama.

—Te veo con cara de sueño —dice con una sonrisa—. ¿Quieres que me meta en la ducha yo primero? Así te puedes quedar en la cama un poquito más.

—Vale.

Me dejo caer sobre el colchón otra vez mientras él se marcha al cuarto de baño.

Entonces, me abrazo a su almohada y cierro los ojos, con una sonrisa enorme en los labios.

Soy casi incapaz de contener la dicha que me invade en este momento.

¿De verdad está pasando esto? ¿De verdad hemos dormido abrazados?

Todavía me resulta difícil de creer, pero es un pensamiento que me llena de felicidad.

De repente, oigo la puerta del baño abriéndose y me doy cuenta de que he debido de quedarme medio dormido otra vez.

—Fran, ya son casi y cuarto —me avisa—. Tendrías que ir duchándote.

—Voooy… —respondo a regañadientes.

Me pongo en pie con esfuerzo y camino pesadamente hacia el cuarto de baño mientras Marcos abre la persiana, inundando la habitación de una luz cegadora.

Estoy completamente desnudo, pero a estas alturas supongo que ya me da igual que pueda verme.

Cierro la puerta por detrás de mí y, todavía adormilado, me meto en la bañera.

El agua que cae sobre mí me despierta de inmediato, aunque una parte de mi mente todavía sigue perdida en lo que he hecho esta noche con Marcos, en lo que hemos hecho todas estas noches. Todavía no entiendo muy bien lo que está pasando con él, pero me gusta. No, no me gusta: me encanta.

Sin embargo, ahora que la ducha está empezando a despejarme, no puedo evitar preguntarme lo que pasará en el futuro más próximo.

Después de todo, lo de compartir cama se ha acabado esta misma noche.

Seguiremos durmiendo muy cerca, literalmente pared con pared, pero al mismo tiempo, también será demasiado lejos.

No dormiremos en la misma cama, no podremos desnudarnos juntos todas las noches y dejar que la cosa fluya.

Con nuestros padres en casa, sería demasiado arriesgado tratar de hacer nada.

Tal vez debería hablar con él. La atracción sexual entre nosotros es más que evidente, y por parte de los dos, por mucho que me haya dicho ya varias veces que no le gustan los chicos.

Y, aunque de verdad fuera así, aunque de verdad lo único que quiera sea desahogarse conmigo, me gustaría saber qué expectativas de futuro tiene él, si tiene alguna intención de continuar con esto cuando volvamos a casa.

¿Tal vez querrá que quedemos a escondidas por la noche, cuando los demás estén durmiendo?

¿O que aprovechemos el hecho de que compartimos cuarto de baño?

Cualquiera de las dos opciones es demasiado arriesgada con nuestros padres y su hermana pequeña en casa.

Y, si tenemos que esperar a que nos quedemos los dos solos…

No creo que vayan a repetirse muchas situaciones como la del día que lo pillé en el salón, la verdad.

Y eso suponiendo que realmente quiera continuar con esto, claro.

Termino de ducharme, me seco bien y salgo del cuarto de baño con la intención de hablar con él. Apenas nos quedan cinco minutos antes de tener que marcharnos a desayunar con nuestra familia, pero no puedo salir de aquí sin que mantengamos esa conversación.

—Oye, Fran —me dice antes de que tenga ocasión de articular palabra—. Creo que tenemos un problema.

—¿Qué ha pasado?

—Mira —dice.

Estaba sentado en el borde de la cama con el móvil, pero se pone en pie y sus ojos se dirigen hacia el colchón.

Y entonces lo veo.

Ahora que la habitación está bien iluminada, distingo sin problema las manchas de mi semen ya reseco, los salpicones oscurecidos que se extienden por su lado habitual de la cama, donde yo me he corrido.

Estaba tan a gusto después de haber follado con él hace apenas un par de horas que ni me había dado cuenta de que no todo había acabado encima del pañuelo.

Pero eso no es lo único; también veo los restos de su semen que se han salido del condón justo donde hemos estado durmiendo.

—Mierda —digo.

—Sí.

—Joder. Tendría que haberme asegurado de que cayera todo en el pañuelo.

—Ya, bueno. Yo tendría que haberme levantado a tirar el condón.

—Eh… Igual deberíamos hacer algo con las sábanas, ¿no? —sugiero—. No me parece bien dejarlo así para que se lo encuentre quien tenga que limpiar la habitación.

—Sí… Tienes razón. Vamos a quitarlas.

Se coloca del lado contrario y, juntos, retiramos la sábana, la manta y la colcha y las dejamos caer al suelo.

A continuación, sacamos la sábana bajera y después la funda.

Por suerte, esta última es gruesa y de buena calidad, así que el colchón se encuentra totalmente intacto.

Hacemos una bola con las sábanas, y después las envolvemos bien con la funda y la manta.

Las dejamos en un rincón de la habitación, y acto seguido vamos al cuarto de baño para recoger las toallas y las ponemos también por encima, como si simplemente lo hubiéramos dejado todo allí para que el servicio de habitaciones pueda recogerlo cómodamente.

Así, no solo nadie tendrá que tocar los restos de nuestros fluidos corporales, sino que además, les facilitaremos el trabajo.

Para cuando terminamos, ya es la hora de salir.

Nuestros padres ya están ahí fuera esperándonos para ir a desayunar, y también Natalia.

Cuando acabemos, tocará volver rápidamente a las habitaciones para coger las maletas y después salir a tiempo de subir al autobús que nos llevará al aeropuerto, donde tendremos que aguantar la espera de rigor.

Y, entonces, nos pasaremos casi tres horas encerrados en el avión y media hora más en coche hasta que volvamos a estar en casa.

Parece que la conversación va a tener que esperar.