El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 48.
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Es evidente que Marcos nunca ha hecho esto, pero eso hace que todo sea más tierno.

Primero, presiona el glande contra mi ano y, ayudándose con una mano, comienza a introducirlo lentamente en mi interior.

Va despacio y con cuidado, consciente de que la situación no es la ideal y de que podría hacerme daño.

Y, aunque molesta un poco al principio y le tengo que pedir varias veces que pare y eche un poco más de saliva, hay algo en lo que estamos haciendo que va mucho más allá de lo puramente sexual, que es casi mágico.

Después de todo, sé que mi culo es el primero que folla.

No sé con cuántas chicas habrá estado, aunque no parece que hayan sido demasiadas a juzgar por su falta de experiencia, pero soy el primer chico con el que ha estado en la vida.

Y, por alguna razón, eso me gusta mucho más de lo que sería capaz de admitir en voz alta.

Al cabo de unos minutos probando, con infinita paciencia por parte de los dos, ya puede penetrarme del todo sin problemas.

Una vez más, comienza a mover las caderas de forma rítmica, entrando y saliendo de mí mientras aumenta poco a poco la velocidad, arrancándome gemidos de placer con cada embestida.

Pronto parece cogerle el truco al movimiento, y tengo que reconocer que lo está haciendo mucho mejor de lo que esperaba.

Él mismo está gimiendo también; unos sonidos roncos y deliciosos que me ponen la piel de gallina.

—¿Te gusta? —me pregunta, y no se me escapa el matiz de preocupación en su voz.

—Me encanta.

—¿En serio?

—En serio —le confirmo con una sonrisa que no puede ver—. ¿Y a ti?

—A ver… sí. Pero es raro.

—Entonces, ¿no te gusta? —le pregunto, y ahora el preocupado soy yo.

—No, no es eso; sí que me gusta —me asegura—. En serio. Solo es eso, que la sensación se me hace un poco rara. Tendré que acostumbrarme y tal, supongo.

—Supongo. ¿Te parece si probamos de otra forma?

—Vale, como quieras. ¿Te la saco?

—Sí, pero ve despacio.

Contengo un gruñido de frustración cuando sale de mi interior; si por mí fuera, lo tendría dentro eternamente. Pero, ahora que estoy bien dilatado, sé que ambos vamos a disfrutarlo mucho más en otra postura.

Me tumbo boca arriba, con la respiración entrecortada, y solo entonces hacemos contacto visual por primera vez desde que lo he tenido dentro de mí.

Sonríe con timidez, y yo le devuelvo la sonrisa.

Siento el impulso repentino de besarle, pero no puedo hacerlo; sé que jamás podré hacerlo.

Trago saliva y desvío la mirada al mismo tiempo que me aparto un poco del centro de la cama, sintiéndome algo cohibido de repente.

—Mira, túmbate tú ahí —le indico.

—¿Boca arriba?

—Sí. —Lo observo mientras lo hace, y entonces añado—: Me voy a sentar en tu cara, ¿vale?

—Eh… Vale.

Y eso es lo que hago. Me coloco a horcajadas sobre él, con las rodillas dobladas e hincadas en la cama, las piernas a ambos lados de su cara y mis nalgas directamente sobre su cara.

Él comienza a lamer de inmediato y con ganas sin que tenga que pedírselo siquiera; me da la impresión de que le ha gustado lo de antes.

Entonces, aprovechando mi posición, bajo la parte superior del cuerpo hasta que mi cabeza queda a la altura de su polla.

Le quito el condón, lo tiro al suelo y comienzo a chupársela una vez más.

Al principio sabe un poco a látex, pero es su polla y eso es lo único que me importa, así que me entrego a ella y me dedico a darle placer de esa forma que tanto nos gusta a los dos.

Por suerte, lubrica tanto de forma natural que pronto desaparece el sabor del preservativo, y entonces se la chupo con más ansias aún que antes.

Eso a su vez provoca que Marcos me coma el culo con más ganas todavía, y enseguida nos mezclamos los dos en una sinfonía de gemidos y jadeos ahogados.

—Fran… para —me pide al cabo de unos minutos—. Como sigas así, me voy a correr.

La idea que vuelva a llenarme la boca de ese semen caliente y delicioso es demasiado tentadora, pero también lo son las ganas de que vuelva a follarme, así que obedezco.

Con mis nalgas todavía sobre su cara, estiro el brazo para coger uno de los condones sin usar y abro el envoltorio para ponérselo.

Escupo sobre él, lo masajeo para extender la saliva, y solo entonces aparto el culo de la cara de Marcos.

Me coloco del revés, de forma que pueda mirarlo directamente a los ojos, y me doy cuenta de que esto va a ser todavía más íntimo que antes.

Marcos me sonríe, como dándome ánimo, y entonces me siento sobre su polla.

La estoy sujetando con una mano, así que la guío hacia el orificio hasta que se introduce apenas un par de centímetros.

Solo entonces la suelto y comienzo a bajar yo el cuerpo, sintiendo cómo se introduce dentro de mí centímetro a centímetro, arrancándome unos gemidos que no soy capaz de controlar.

No dejamos de mirarnos a los ojos en todo momento, y cuando ya está dentro de mí por completo, suelto un prolongado suspiro de pura satisfacción.

—¿Qué tal? —le pregunto con una sonrisa.

—Joder, qué pasada.

—Veo que te gusta.

—Ni que lo digas.

—Pues venga… fóllame.

Y eso es lo que hace. Planta las manos a ambos lados de mis caderas y, dejando olvidada la delicadeza de antes, comienza a embestirme con fuerza.

Una vez más, noto su torpeza y también sus ganas que la compensan y, poco a poco, encuentra un ritmo placentero para los dos que nos hace gemir con fuerza al unísono.

Nos estamos mirando a los ojos, ya acostumbrados a la penumbra de la habitación, y de algún modo eso es casi más íntimo que la parte puramente física de lo que estamos haciendo.

Comienzo a masturbarme con ganas mientras lo siento dentro de mí, consciente de que no voy a aguantar mucho más. Me gustaría que esto no se acabara nunca, pero la sensación es demasiado intensa.

—Joder, reviéntame —le suplico al cabo de unos minutos—. Marcos, reviéntame, que me corro.

—Yo también —dice con una voz ronca que me pone la piel de gallina.

Seguimos mirándonos a los ojos mientras aumentamos la velocidad, yo de mi mano y él de sus caderas.

El placer llega a un punto que se vuelve casi insoportable, y entonces estallo en gemidos mientras eyaculo con fuerza sobre él.

A juzgar por sus propios gemidos, él también se está corriendo mientras me embiste más fuerte que nunca, con el rostro contorsionado por el placer.

Finalmente, nos quedamos los dos inmóviles y todavía mirándonos a los ojos, con la respiración acelerada.

—Joder —susurramos los dos al mismo tiempo, con una sonrisa en los labios.

Y, entonces, me dejo caer sobre él a causa del agotamiento.

Trago saliva al darme cuenta de lo que he hecho, y me da la impresión de que Marcos se queda paralizado durante un instante.

Estoy a punto de alejarme, pero para mi sorpresa, él levanta ambos brazos y me rodea con ellos, abrazándome con fuerza y pegando mi cuerpo al suyo todavía más.

Mi cabeza descansa entre la curva de su cuello y su cabeza, y una vez más, tengo la sensación de que esto es todavía más íntimo que lo que acabamos de hacer.

No solo estamos con su polla todavía dentro de mi culo, sino que los dos tenemos el pecho y el vientre llenos de mi semen. Pero, sobre todo, estamos abrazados.

Nuestros pechos están en contacto, moviéndose de arriba abajo al unísono, y cierro los ojos mientras me dejo mecer por el ritmo de nuestra respiración.

Su polla debe de estar quedándose flácida, porque noto que se desliza fuera de mi culo y siento algo húmedo en la nalga, pero ninguno de los dos nos movemos.

Aspiro con fuerza su aroma, embargado por una dicha absoluta.

No tengo forma de saber qué estará pensando él, pero me siento tan cómodo y tan a gusto en este momento que no sé cómo voy a soportarlo cuando volvamos a estar en casa y no podamos hacer estas cosas.

Odio que este viaje del que tanto quería escaquearme no pueda durar eternamente.