16.
No volvemos a hablar en todo el día. Un rato después de haber dejado a Marcos solo en el salón, oigo que entra en el cuarto de baño, supongo que para lavarse las manos y tirar por el váter los pañuelos que ha utilizado para limpiarse, y en ese momento la imagen de su polla acude de nuevo a mi mente.
Mierda. Está claro que no voy a ser capaz de quitármela de la cabeza en mucho tiempo.
Un par de minutos más tarde, sale del baño y se mete en su habitación, de modo que aprovecho ese momento para ir a la cocina y hacerme algo de comer.
Ya se ha acabado la comida que nos han dejado preparada y no me siento demasiado inspirado, así que hiervo un cazo de agua para prepararme un bote de fideos chinos y me lo llevo a mi cuarto para comer allí.
Después, dedico buena parte de la tarde a hacer la maleta para mañana.
Cuando termino estoy cansado, así que me tiro en el puf para jugar un rato a la consola.
No voy a poder tocarla en cinco días, así que más me vale aprovechar.
Poco antes de las nueve, suenan unos golpes en mi puerta.
—¿Sí?
—Soy yo —dice Marcos—. ¿Se puede?
—Eh… —Frunzo el ceño, un tanto confuso. ¿Qué está haciendo aquí ahora?
Después de lo que ocurrió antes, pensaba que guardaría las distancias.
Es lo que yo habría hecho, y probablemente también me habría cambiado el nombre antes de mudarme de país para que nadie pudiera volver a encontrarme jamás—. Sí, claro.
Cruza la puerta y se queda mirando a su alrededor, y me doy cuenta de que es la primera vez que entra en mi habitación.
Se me hace extraño verlo aquí, como si algo no acabara de encajar en esta escena, como si este no fuera su sitio.
Y, como no podría ser de otra manera, la imagen de su cuerpo desnudo en el salón vuelve a aparecer en mi mente.
Por suerte, toda la estancia está en penumbra, iluminada solo por la pantalla de la televisión, y no creo que Marcos pueda ver mis mejillas sonrojadas.
—Ey —dice simplemente.
—Ey.
—¿Cómo estás? —me pregunta.
Habla con despreocupación, como si lo que pasó hace solo unas horas no hubiera ocurrido. En serio, ¿cómo consigue hacerlo? ¿Y por qué tengo que sentir ese calorcillo en las mejillas cada vez que lo recuerdo cuando fui yo quien lo pilló a él y no al revés?
—Bien. ¿Y tú?
—Bien. —Señala la maleta con un gesto de la cabeza—. ¿Ya lo tienes todo preparado?
¿A qué viene esto de interesarse por mi vida de repente?
—Sí.
—Guay.
Nos quedamos los dos en silencio, como si no supiéramos muy bien qué decir a continuación. Supongo que si ha venido es porque quiere decirme algo, ¿no? Sin embargo, no lo hace.
—¿Querías algo, o…?
—Eh… Pues a ver —empieza, y me doy cuenta de que parece nervioso. Esto sí que es nuevo en él—. Es que mi hermana y yo queríamos decirte una cosa.
Esto cada vez es más raro, pero asiento con la cabeza.
—¿El qué?
—Tienes que venir conmigo. Natalia está en su cuarto.
—¿Y por qué no ha venido ella?
—No sé —responde, y se encoge de hombros—. ¿Vienes?
Con un suspiro de resignación, me levanto del puf y lo sigo hasta la habitación de Natalia. Esta vez, la puerta está abierta, aunque Marcos da un par de golpecitos antes de entrar.
—Pues aquí está —le dice, y ella levanta la vista para mirarnos.
—Ah. Hola.
—¿No le ibas a decir algo a Fran? —pregunta Marcos. Me doy cuenta de que Natalia parece cortada, y eso hace que todo sea aún más extraño.
—Pues… que si quieres cenar con nosotros.
Parpadeo con sorpresa. Eso sí que no me lo esperaba.
—¿Cenar? —repito como un idiota.
—Sí, cenar —responde Marcos, con una sonrisita—. Es esa comida que se hace por la noche, antes de irse a dormir y tal.
—Ja, ja. Pero… ¿en serio?
—Claro —dice Natalia—. Había pensado que podríamos cenar los tres juntos, viendo una peli o algo.
Sigo sorprendido, y tal vez un poco confuso. Mi primer impulso es negarme, pero… ¿por qué no intentarlo? Además, parece tan ilusionada por alguna razón que me sabría mal decirle que no.
—Eh… Bueno. Vale.
—¡Genial! —responde ella, entusiasmada.
—¿No se te olvida algo? —le pregunta Marcos.
—¡Es verdad! —dice Natalia—. ¿Quieres que pidamos pizza?
—¿Otra vez? —me extraño—. Pensaba que habíais pedido el otro día.
Ella niega con la cabeza.
—Al final no. Es que queríamos pedir pizza para cenar contigo, pero como no querías…
Muy a mi pesar, no puedo evitar emocionarme un poco por sus palabras.
¿De verdad tenían tantas ganas de hacer algo conmigo, a pesar de lo mucho que me he esforzado estos días en dejarles claro que no quiero tener nada que ver con ellos?
Siento un ardor en los ojos, y me esfuerzo por contener las lagrimillas traicioneras que amenazan con escapar.
Bastante siento que me estoy ablandando como para llorar delante de ellos.
—Bueno, vale —respondo con una amplia sonrisa, aunque me da la impresión de que mi voz suena un poco estrangulada—. Pues vamos a pedir unas pizzas.
Y eso es lo que hacemos. Después, mientras esperamos a que lleguen, nos vamos al salón para tratar de elegir una película que podamos ver juntos. Natalia está empeñada en ver una de terror, pero Marcos y yo queremos ver la última de Marvel, y como somos dos contra una…
—Ponemos la vuestra, pero con una condición —acepta ella a regañadientes—. El próximo día, me toca elegir a mí. ¿Trato hecho?
—Trato hecho —respondemos Marcos y yo al unísono.
—Pues venga, vale, ponemos la de Marvel.
—¡Toma! —grita su hermano.
A continuación, hace algo que no me espero: mientras me mira, sonríe y levanta la mano, claramente esperando que se la choque, como si ahora fuéramos bros o algo.
Yo lo hago, algo cohibido y sintiéndome un poco idiota, y su sonrisa se incrementa.
Bajo la mirada, sin saber muy bien qué decir.
Me doy cuenta de que esta ha sido la primera vez que nuestras manos se tocan.
—¿Tenemos palomitas? —pregunta Natalia—. Así podemos ir comiendo algo en lo que llegan las pizzas.
—Sí, hay en la cocina —dice Marcos—. Ve poniendo la peli y yo las hago. ¿Me ayudas, Fran?
—Eh… Vale. —No entiendo por qué hacen falta dos personas para preparar unas palomitas, pero bueno.
Lo sigo hasta la cocina y lo observo mientras saca un paquete de la alacena y lo mete en el microondas.
A continuación, coge un cuenco grande y lo deja al lado—.
¿Para qué necesitabas ayuda exactamente?
Él me echa un vistazo y sonríe ampliamente.
—Obviamente no necesitaba ayuda. Es que quería que nos quedáramos solos un momento.
El corazón me da un vuelco al oír sus palabras.
—¿Para qué? —pregunto, con un hilo de voz.
—Quería darte las gracias —responde. Parpadeo un par de veces, confuso. Debe de darse cuenta de mi ceño fruncido, porque añade—: Por lo de la peli y tal.
—¿Qué pasa con la peli? Yo también quería verla, no ha sido por apoyarte a ti.
Igual me ha quedado un poco más borde de lo que pretendía, aunque no parece que le haya molestado.
—No me refiero a eso. Lo digo por lo de querer cenar viendo una peli con nosotros y todo eso.
—Ah. —Me encojo de hombros—. A ver, que tampoco es para tanto. Un plan de pizza y peli siempre está guay.
—Ya, bueno. Pero a Natalia le hacía ilusión, así que te lo agradezco.
—Bueno, pues de nada.
Nos quedamos los dos en silencio, sin saber muy bien qué decir, mientras las palomitas comienzan a explotar dentro del microondas. Entonces, Marcos se dirige hacia la nevera.
—¿Qué quieres beber? —me pregunta.
—Coca-Cola —respondo, y saco tres vasos mientras él hace lo mismo con la botella.
—¿Te llevas tú las bebidas al salón? —me pide, tendiéndome la Coca-Cola—. Ya voy yo cuando estén las palomitas.
—Vale.
Mis dedos rozan los suyos al coger la botella, y entonces siento un cosquilleo. Ya van dos veces que su roce me provoca esa sensación, pero trato de ignorar ese hecho.
Con la botella en una mano y los vasos en la otra, salgo de la cocina para volver al salón, donde la tele ya está preparada con la imagen pausada del inicio de la película.
Dejo los vasos y la botella sobre la mesita que hay frente al sofá, y después voy a sentarme en el lado derecho.
Natalia se encuentra en el extremo contrario, lo que significa que Marcos va a tener que sentarse en el centro, al igual que cuando fuimos juntos en coche.
Entonces es cuando me doy cuenta de algo: me voy a pasar las próximas dos horas sentado junto a él, pierna contra pierna. Concretamente, en el mismo sofá donde lo pillé haciéndose una paja hace apenas ocho horas.
Esto va a ser interesante.