13.
El miércoles me despierto casi una hora antes de lo habitual, después de haber dormido fatal a causa de los nervios.
Suelto un suspiro. Sé que necesito descansar todo lo que pueda, pero también soy consciente de que no voy a ser capaz de hacerlo por mucho que lo intente, de modo que decido levantarme y así tendré un rato más para repasar antes del examen.
Salgo de la habitación y me alegro al encontrarme la puerta del cuarto de baño abierta.
Supongo que Marcos no se habrá levantado todavía, porque no oigo ningún ruido en la casa.
Me acerco a hurtadillas a la puerta cerrada de su habitación y trato de escuchar, pero no sé si estará despierto o no.
En cualquier caso, no pienso darle la oportunidad de que se me adelante, así que me apresuro a encerrarme en el cuarto de baño.
Siempre me gusta ducharme con música, pero no lo hago en deferencia a Marcos.
Después de todo, él nunca hace ruidos por la mañana que puedan molestarme, así que tampoco quiero dar razones para iniciar una guerra en casa.
Bastante tenemos ya con lo que tenemos después de mi actitud de gilipollas del otro día.
Estoy extendiéndome el champú por el pelo cuando llama a la puerta.
—¿Sí?
—Soy yo —contesta Marcos—. ¿Puedo pasar?
—Es que me estoy duchando.
—Tengo que mear. ¿Te importa que entre?
Pongo los ojos en blanco. Sí, vale, él me dejó entrar aquella primera mañana.
Pero yo también lo dejé entrar a él cuando me estaba afeitando, y encima me gané un corte por ello.
¿No se supone que ya deberíamos estar en paz?
¿Es que tenemos que convertir en costumbre esto de mear cuando el otro está utilizando el cuarto de baño o qué?
No necesito esa clase de confianzas entre nosotros, muchas gracias.
Sin embargo, supongo que es un poco inevitable que esta clase de situaciones se conviertan en una constante en mi vida ahora que comparto baño con él, así que tampoco es que tenga muchas más opciones.
—¿Fran? —insiste al ver que no contesto.
—Sí, perdona… es que me había entrado champú en los ojos —le miento para disimular—. Espera, que te abro.
—Gracias.
Voy hacia la parte trasera de la bañera y me asomo por la cortina para abrir el pestillo. En cuanto suena el ruidito metálico, la puerta comienza a abrirse de inmediato.
—¡Tío! —grito mientras hago fuerza contra la puerta para cerrarla—. ¿Qué coño haces?
—Joder, pues entrar. ¿No me has dicho que sí?
—Pero al menos espérate a que vuelva a meterme en la ducha, cojones.
Con el corazón latiéndome con fuerza, me aparto de la puerta para meter todo el cuerpo en la bañera y me aseguro de que la cortina esté bien cerrada por todos lados.
Puede que él no tenga el más mínimo pudor y no haya tardado ni dos días en enseñármelo todo (o, al menos, todo lo que podía ver a través del espejo empañado y el baño lleno de vapor), pero yo no soy así.
—¿Ya? —pregunta impaciente.
—Sí, pasa.
—Gracias.
La puerta se abre, y entonces me doy cuenta de que la luz del cuarto de baño proyecta la sombra de Marcos sobre la cortina.
La parte buena es que puedo ver exactamente los movimientos que hace, pero la mala es que eso significa que muy probablemente él pudo ver todo lo que hice yo cuando entré el otro día en el cuarto de baño, incluido el momento en que me puse de espaldas a la cortina para que no pudiera ver nada si la abría de sopetón.
Siento una oleada de vergüenza tan grande que las mejillas comienzan a arderme de inmediato.
Ignoro las ganas de que me trague la tierra y continúo enjabonándome, sin dejar de seguir los movimientos de Marcos al otro lado de la cortina.
Estando aquí dentro, completamente desnudo y protegido únicamente por un trozo de plástico que no tardaría ni un segundo en apartar, no puedo evitar sentirme vulnerable. Indefenso, incluso.
¿Y si este es el momento que ha estado esperando?
¿Y si lo del otro día cuando fui yo quien le pidió pasar no fue más que una forma de ganarse mi confianza o algo así?
A lo mejor estaba esperando este momento, a lo mejor estaba esperando a que me confiara para…
No sé, ¿para qué exactamente? ¿Para abrir la cortina y reírse de mi cuerpo?
¿Para grabarme incluso y mandar el vídeo a los demás gilipollas del instituto?
Si Alejo sigue siendo mi mejor amigo, estoy seguro de que Marcos también conserva a sus amigos, y recuerdo perfectamente que eran todos unos imbéciles.
En realidad, nunca tuve ningún conflicto personal con él, más allá del hecho de que formaba parte del grupito de idiotas de mi clase.
Si hay algo que tengo claro en la vida es que la mierda se pega, y no puedes juntarte con un capullo sin serlo tú también.
Por mucho que el capullo en cuestión haya tratado de ser amable conmigo desde que nos han obligado a vivir juntos.
Tengo el cuerpo lleno de espuma, así que hago lo posible por reunirla a toda prisa y colocarla bajo mi cintura, lo suficiente como para ocultar esa parte en concreto de mi anatomía.
Marcos se encuentra ya frente al retrete.
Oigo el chorro delator que indica que ha empezado a orinar, pero todavía no acabo de fiarme del todo.
Con el cuerpo completamente en tensión, acerco la mano al borde de la cortina y la pego a la pared.
Así, aunque tratara de abrirla, no le resultaría tan fácil.
—¿Qué haces? —pregunta Marcos desde el otro lado, sobresaltándome.
—¿Qué?
—Que qué haces con la cortina. —Sin esperar a que responda, añade—: ¿Es que quieres verme la polla o qué?
Suelto una risita a causa de los nervios que parece más culpable que otra cosa.
—No, joder. Es que estaba colocándola bien, para que no se salga el agua y tal.
—Ah.
Tratando de disimular y de hacer como si nada, suelto la cortina y pongo la ducha en marcha otra vez. Me coloco bajo el agua, pero no me enjuago el pelo ni el resto del cuerpo. En lugar de eso, permanezco inmóvil con ambas manos sobre la ingle, esperando a que termine.
Unos segundos después, el chorro cesa, Marcos tira de la cisterna y después se aleja para lavarse las manos.
—Hasta luego —dice al cabo de un minuto.
Entonces, la puerta se abre y vuelve a cerrarse un par de segundos más tarde.
Sin embargo, no acabo de fiarme; soy incapaz de quitarme de la cabeza la idea de que todo esto es una especie de encerrona.
¿Y si al salir se ha agachado o algo así para que no pueda ver su sombra y ha vuelto a entrar?
¿O a lo mejor estoy siendo excesivamente paranoico?
Con una mano todavía colocada en el lugar estratégico, utilizo la otra para abrir un poco la cortina y asomarme al exterior.
Nada. El cuarto de baño está vacío, tal como debería haber imaginado, y el único rastro que queda de Marcos es el sonido del agua rellenando la cisterna.
En cualquier caso, y solo por precaución, cierro el pestillo otra vez para que no pueda volver a entrar sin mi permiso.
Solo entonces me permito relajarme y, con un suspiro, cierro los ojos y apoyo la espalda contra la pared de azulejos.
Me doy cuenta de que el corazón me late con fuerza, así que respiro hondo y aguardo unos segundos para tratar de calmarme.
Cuando retiro la mano con la que me he estado cubriendo, compruebo con sorpresa que tengo la polla medio dura.
¿Qué cojones está pasando aquí?