El chico de la habitación de al lado (El chico de al lado 1) 4.
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Esto está empezando a ser bastante surrealista.

Apenas llevamos una hora viviendo en esta casa, pero primero me lo encuentro saliendo del baño en calzoncillos, y ahora esto.

Pero se acabó. No pienso aguantar más tonterías.

Si hay algo que tengo claro es que, si queremos sobrellevar lo mejor posible esa situación en la que nos han obligado a meternos nuestros padres, tenemos que establecer una serie de normas y dejar las cosas bien claras desde el principio.

No voy a soportar gilipolleces por parte de mi nuevo hermano; no ahora que por fin he dejado muy atrás el instituto.

Y, desde luego, no tengo la menor intención de oír cómo se mata a pajas todas las noches.

Sin pararme a pensar siquiera, cojo el móvil de la mesilla de noche y busco su número en el grupo familiar.

Hace unos meses, nuestros padres nos metieron a los dos en un grupo familiar que tuvieron la maravillosa idea de crear, pero no me había molestado en guardar su contacto.

Nunca le había escrito personalmente, y pensaba que jamás tendría que hacerlo.

Hasta ahora. Miro con una mueca su foto de perfil, con esos rizos propios de la oveja negra de la familia, y comienzo a escribir sin filtro.

T importa machacártela menos fuerte?

M gustaría dormir y tal

Oigo la notificación del móvil en la habitación de al lado y, acto seguido, el ruido cesa de inmediato.

Aguardo unos instantes, pero no responde para mandarme a la mierda, tal como esperaba, y enseguida deja de estar en línea.

Suelto un suspiro de alivio. Al menos, no se ha puesto en plan gilipollas; tengo que admitir que ya es mucho más de lo que esperaba de él.

Sin embargo, apenas unos segundos después comienzo a oír un nuevo sonido, mucho más débil que el anterior. Frunzo el ceño y aguzo el oído, tratando de distinguir de qué se trata, y no puedo evitar poner los ojos en blanco al darme cuenta de lo que es.

Efectivamente, ha seguido con lo suyo. Pero, al menos, parece que me ha hecho caso: es evidente que se la está machacando menos fuerte para tratar de no hacer ruido, así que ahora el colchón suena mucho menos que antes.

Sin embargo, parece que las habitaciones de nuestra nueva casa tienen las paredes de papel, así que todavía puedo oírlo mucho más de lo que me gustaría.

Suelto un suspiro, preguntándome qué hacer ahora.

Tampoco quiero ponerme pesado y mandarle más mensajes; después de todo, vamos a tener que convivir y supongo que esta clase de situaciones van a ser inevitables ahora que dormimos pared con pared…

peor sería que se encerrara en el cuarto de baño para hacerlo cuando yo necesitara utilizarlo.

Además, la situación podría haber sido al revés perfectamente y la verdad es que a mí no me haría ninguna gracia que me jodiera la paja, así que supongo que voy a tener que aprender a ceder un poco.

Después de todo, no puedo decir que no lo esté intentando.

Lo malo es que con todo esto al final me he desvelado del todo, y ahora es cuando me doy cuenta de que, ya que estoy, podría hacer lo mismo que él.

Según Alejo, mi mejor amigo, hay tres tipos de pajas: las que te haces porque estás cachondo, las que te haces porque te aburres, y las que te haces porque necesitas coger el sueño.

Y, sinceramente, ahora mismo me vendría bien una de estas últimas.

Ha sido un día intenso y sobre todo muy largo y, aunque estoy cansado, sé que tengo demasiada tensión acumulada encima como para poder quedarme dormido fácilmente.

Además, con Marcos haciendo lo mismo al otro lado de la pared, tengo el aliciente de saber que es imposible que me oiga.

Y, aunque jamás en la vida sería capaz de admitirlo en voz alta…

creo que me da morbo la idea de estar haciéndolo al mismo tiempo que otro chico, a tan solo un par de metros de distancia de él.

Pero entonces recuerdo que el chico en cuestión es el putísimo Marcos y que es un gilipollas terminal, y la tontería se me pasa de golpe.

Sin darle más vueltas, cojo otra vez el móvil de la mesilla de noche y me pongo los auriculares, un hábito que ya tenía en mi auténtica casa y que ahora que hay otra persona justo al otro lado de la pared es todavía más necesario.

Entro en la carpeta oculta del móvil, donde tengo descargados mis vídeos favoritos, y me bajo los pantalones del pijama.

Unos instantes después, ya estoy a tono y con las manos en la masa.

Pero son casi las cuatro de la mañana y ha sido un día muy largo, así que decido darme prisa; ya tendré tiempo para recrearme en otro momento.

Acelero el ritmo mientras veo uno de mis vídeos favoritos, y enseguida me doy cuenta de que ya no me falta mucho para llegar.

Entonces, dejo el móvil a un lado y cierro los ojos, con los auriculares todavía puestos y los gemidos del vídeo sonando en mis oídos.

No sé por qué, pero siempre me ha gustado más oír que ver.

Me subo la camiseta hasta la altura del pecho, dejo que los sonidos del vídeo me invadan y me imagino que soy partícipe de la situación, tal como siempre hago.

Acabo apenas un par de minutos más tarde, jadeante y con el corazón latiendo con fuerza.

Permanezco inmóvil durante unos instantes para recobrar el aliento, y después saco los pañuelos del cajón de la mesita de noche para limpiarme antes de quedarme dormido; no quiero levantarme por la mañana hecho un asco.

Cuando termino, hago una bola con los pañuelos, la dejo al lado de la cama para tirarla al váter cuando vaya al baño, y cojo el móvil para quitar el vídeo, que todavía sigue sonando en mis oídos.

Pero, entonces, me fijo en las notificaciones y veo con sorpresa que Marcos me ha respondido.

Tan solo son tres palabras seguidas de un emoji, enviadas hace apenas un par de minutos.

Aplícate el cuento

Agradezco que no esté aquí para poder verme la cara, porque me pongo rojo al instante. Todavía está en línea, así que decido responder.

Ups

Se me oía mucho?

Bueno…

Jadeabas bastante, la verdad

Joder. Me quiero morir de la vergüenza. Por supuesto, no me había dado cuenta por culpa de los auriculares, y ahora me maldigo a mí mismo por mi torpeza.

¿Por qué no habré tenido un poco más de cuidado?

¿Por qué no he sido capaz de controlarme un poco?

¿Por qué he tenido que hacer precisamente lo mismo que le había criticado apenas unos minutos antes? Habré quedado como el mismísimo culo…

Pero entonces veo que me está escribiendo algo más, así que aguardo hasta que aparece su mensaje en la pantalla, seguido por otro apenas un par de segundos más tarde.

De hecho, juraría que he oído "el momento"…

No sé si me entiendes

Tendría que haberme clavado ese cuchillo en las tripas después de todo, porque ahora sí que me quiero morir de verdad.

No, eso no es suficiente: me quiero morir y acabar enterrado en la tumba más profunda de todo el planeta, donde nadie pueda encontrarme jamás.

Tengo las mejillas tan calientes que casi creo que voy a estallar en llamas de un momento a otro, aunque la verdad es que lo agradecería si así puedo evitar esta situación.

Me apresuro a responder, tratando de actuar de forma cordial. Después de lo borde que he sido con mi mensaje y de lo que acaba de pasar ahora, supongo que lo mínimo que puedo hacer es disculparme.

Lo siento

A ver, que no pasa nada

Mientras no estuvieras pensando en mí…

Las mejillas me arden todavía más al leer sus palabras, porque lo cierto es que sí que he pensado en él, aunque fuera por un segundo. Pero, por supuesto, jamás pensaría en él de la forma que está insinuando.

Tranquilo, que no eres mi tipo

La mentira no podría ser más descarada, pero… ¿qué le voy a decir si no? Además, sé que por alguna razón muchos tíos heteros se rallan mucho con estas cosas. Al releer el mensaje me doy cuenta de que quizás he sonado un poco borde, así que decido añadir algo más.

Pero en serio… lo siento

Anda tío, no te ralles

Yo no cuento lo tuyo si tú no cuentas lo mío

Trato?

Trato

Pues venga, me voy a dormir

Si es que has dejado de hacer ruido, claro…

Ja, ja

Me planteo la posibilidad de escribirle algo más, tal vez un «buenas noches» o algo por el estilo para no quedar demasiado mal.

Comienzo a hacerlo, pero entonces veo que Marcos también está escribiendo, así que me detengo.

Espero a ver si me llega el mensaje, pero él también deja de escribir.

Me quedo mirando la pantalla, expectante, pero después de unos segundos, deja de estar en línea.

Frunzo el ceño y dejo el móvil sobre la mesilla de noche, un tanto confuso por lo que acaba de pasar.

Suelto un suspiro. ¿De verdad acabo de tener un momento de complicidad, colegueo o algo así con Marcos? ¿Como si fuéramos amigos o incluso hermanos de verdad, guardándonos secretos mutuamente? Porque se supone que eso es lo que hacen los hermanos, ¿verdad?

Aun así, es todo tan impropio del Marcos que recuerdo que me cuesta creérmelo. Apenas llevo una hora viviendo en esta casa y ya está siendo todo demasiado surrealista.

Tan solo espero que la cosa no empeore todavía más.