El chat que me cambió la vida Capítulo 3
9%

Capítulo 3

Candela

Atravesé el salón como si fuera una reina, con la cabeza alta y una sonrisa en los labios, aunque ellos no se percataron de mi presencia, pues estaban demasiado atareados felicitando a la parejita de novios.

Me senté en la mesa que me indicó el jefe de sala y pedí una copa de vino blanco, bien frío, y una bandeja degustación de entrantes para una persona, pues cenaría sola.

No pedí plato principal porque no sabía si iba a ser capaz de comer nada más.

Según me dijo el camarero cuando me sirvió la copa de vino, la bandeja era bastante contundente.

En mi mente iba planeando todo lo que haría. Ellos todavía estaban con el plato principal, así que tendría tiempo de comer y acercarme a felicitarlos antes de que terminaran.

Quise apartar la mirada de ellos, pero no podía. Ver a Jorge sonreírle a esa mujer como hacía mucho tiempo que no me sonreía a mí, hacerle carantoñas y besarla en los labios o en la cabeza me dolía como nunca antes me había dolido nada.

No entendía por qué seguía conmigo. Tenía claro que en el corazón no se mandaba y que podía haberse enamorado de ella, pero no encontraba ninguna justificación para la mentira.

Esa mujer sabía que Jorge tenía pareja y que vivíamos juntos, así que cualquiera de los dos podría haber tenido el valor de venir a decirme que lo nuestro se había terminado.

Comí de manera automática y ni siquiera saboreé nada. En aquel momento, todo lo que entraba en mi boca tenía el mismo sabor, como a metal. Ni siquiera fui capaz de analizar los ingredientes, como me gustaba hacer cuando probaba algo nuevo, y en ese restaurante no había comido en mi vida.

Conmigo, Jorge era más de pedir comida a domicilio o de ir a algún asador, pero nunca me había llevado a un restaurante de tanta categoría, tan elegante. Claro que la ocasión lo merecía: tenía que impresionar a su futura familia política.

Llamé al camarero para que me trajera la cuenta y la aboné de inmediato con la tarjeta de nuestra cuenta conjunta.

Es más, justo cuando iba a levantarme, le pedí que me trajera también la cuenta de ellos.

Así quedaría por encima de Jorge y de su madre.

La pagué también y, además, pedí una botella de champán para que se la llevaran a su mesa.

—Señores, esta botella es cortesía de aquella señorita de la mesa cuatro, que también ha tenido el detalle de pagar su cuenta —les dijo el camarero.

—¿Qué señorita? —preguntó el padre de aquella mujer, extrañado.

—Esa de allí, la del vestido rojo —aclaró el camarero, señalando mi mesa.

En el instante en que Jorge y Adela se dieron cuenta de que era yo, les cambió la cara. Adela hizo una mueca de miedo mientras negaba con la cabeza, como si quisiera advertirme de que no hiciera nada. Jorge, en cambio, me miraba asombrado, sin saber qué hacer ni cómo comportarse.

Era el momento idóneo para hacer lo que tenía en mente. Por eso me levanté, con mi copa de champán en la mano, y me acerqué a la mesa con una sonrisa en los labios, aunque por dentro me estuviera muriendo de pena.

—Candela… —dijo Adela.

—Por favor, ¿podemos hablar luego? —me preguntó Jorge, algo asustado.

—No, cariño. Lo vamos a hablar ahora, aquí y delante de todos.

—Candela, creo que no es el momento, de verdad —me dijo esa mujer, la que se había apropiado de todos mis sueños como pareja.

—Mira, no quiero ser grosera contigo, pero esto no es asunto tuyo.

—¿Conocéis a esta mujer? —volvió a preguntar el padre de ella.

—Sí, es mi compañera de piso —se apresuró Jorge a decir, y yo solté una carcajada.

—¿Ahora se llama así a siete años de noviazgo? Si hasta anoche mismo tuvimos sexo, dormimos abrazados y esta mañana me has dicho que me querías antes de salir de casa. No seas más hipócrita, por favor.

—¿Noviazgo? Según Jorge, hace mucho tiempo que tan solo compartíais piso y que entre vosotros no había nada —dijo su prometida.

—Y así es, cariño, te lo juro. Entre nosotros no hay nada desde hace mucho tiempo. Eres tú la que me hace feliz. Esta mujer está obsesionada conmigo y por eso ya ni íbamos ni volvíamos juntos del trabajo. Sabes que te he recogido todas y cada una de las mañanas desde que estamos juntos.

No podía ser más idiota. El muy cabrón, para que ella no se diera cuenta, llevaba un tiempo marchándose antes que yo, alegando que tenía una reunión a primera hora y que debía prepararla.

No pensaba entrar en más descalificaciones porque no me iba a poner a su altura y mucho menos a la de la falsa de su madre.

—Mira, no voy a entrar en tu juego. Tan solo te voy a pedir una cosa: que esta noche no vuelvas a mi casa y que mañana, a primera hora, envíes a alguien a recoger tus cosas. Ya las tendré preparadas en bolsas.

—De tu casa, nada, que es de los dos. Además, no quiero que nadie se ocupe de mis cosas, lo haré yo mismo. Si no hubieras venido hasta aquí, te lo habría contado yo mismo y no tendrías que haber pasado por esta humillación —me dijo él, haciéndose la víctima.

—¿Antes o después de que hubiéramos follado? Porque te recuerdo que, cada vez que te marchabas de casa como te has marchado hoy, enfadado, cuando volvías, la reconciliación era en la cama. Y ahora entiendo que todas esas broncas eran las excusas que buscabas para poder irte con tu amante.

—Ella no es mi amante.

—Ah, ¿no? ¿Estás seguro de eso? Porque, de toda la vida de Dios, a la persona con la que se mantiene una relación a espaldas de tu pareja oficial se la ha llamado así. Aunque, visto lo visto, al final va a resultar que la querida era yo.

—No te arrastres más, hazme el favor, y vete a casa. Cuando vuelva, hablamos de todo con tranquilidad.

—¿Arrastrarme? ¿Yo? No me hagas reír. Me estaría arrastrando si te pidiera que volvieras conmigo, que no te casaras con ella, que es conmigo con quien deberías hacerlo. Pero no estoy haciendo nada de eso.

—Márchate, por favor, te lo pido, y deja que la velada termine en paz.

—Es más, ahora entiendo que esto es lo mejor que me podía haber pasado: quitarme de encima a un hombre como tú, un cobarde que no ha tenido los cojones de decirme que estaba con otra —seguí con mi discurso.

—Candela, preciosa, vamos fuera y hablas conmigo, ¿sí? —me dijo Adela, con la misma buena cara y el mismo tono que utilizaba cuando me decía que no perdiera la esperanza.

—No, contigo no tengo nada que hablar. Eres igual de falsa y cobarde que tu hijo. No te quiero volver a ver en mi vida. Me decías que no perdiera la esperanza, que tu hijo algún día se daría cuenta de que tenía que casarse conmigo, cuando sabías que me estaba corneando a base de bien.

—Yo no lo sabía…

—Sí que lo sabías, no mientas más. Si no, ¿qué haces aquí esta noche? ¿Por qué les has dicho a tus hermanas que le habías pedido a tu hijo que tuviera un bebé pronto? No sé quién me metió por error en ese chat, pero dale las gracias de mi parte. Me ha hecho abrir los ojos con todos vosotros.

Me giré y me marché de aquel restaurante.

Una vez en la puerta, paré el primer taxi que vi pasar, me monté y le di al conductor la dirección de mi casa.

Dios, cuánto echaba de menos a mis amigas en aquel momento, pero no las iba a llamar.

No pensaba fastidiarles los planes que tenían; ya les contaría todo cuando volvieran.

Lo que sí tenía claro era que no iba a quedarme a vivir en aquella casa. No estaba dispuesta a sentarme en ese sofá que había sido testigo de tantos momentos íntimos entre nosotros y permitir que aquellos recuerdos me impidieran pasar página y seguir adelante.

Como tenía unos días libres pendientes de coger, no me lo pensé. Le envié un correo electrónico a mi jefe en el que le explicaba que, por un problema personal, necesitaba tomármelos a partir del lunes. Me contestó que cogiera todos los que necesitara, que no había ningún problema.

Entré en la aplicación del banco y transferí la mitad de lo que había en la cuenta conjunta a mi cuenta privada.

Ya me había robado bastante en mi vida como para permitir que también me quitara mi dinero.

Nunca me había fijado demasiado en los cargos de aquella cuenta, pero ahora que sabía lo que ocurría sí me dispuse a analizarlos.

Encontré muchos movimientos de joyerías y restaurantes, y nada de lo que se había comprado era para mí.