El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 66
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CAPÍTULO 66

Cuando llegó a Reid Entreprises, Alexander no fue directamente a su oficina. Se dirigió al ascensor y presionó el botón para la azotea, un lugar que raramente se utilizaba, excepto para algún evento ocasional.

Necesitaba aire, espacio para pensar, para procesar la revelación que acababa de golpearlo con tanta fuerza.

Estaba enamorado de Felicity.

No era solo atracción, no era solo compatibilidad, no era solo la comodidad de tener a alguien que lo entendía. Era amor, completo y devastador en su intensidad.

Y lo había arruinado todo.

La azotea estaba desierta, como esperaba.

Caminó hasta el borde, donde una barrera de vidrio reforzado permitía contemplar la ciudad sin riesgo.

El sol de la tarde bañaba Manhattan con una luz dorada, suavizando los ángulos de los rascacielos y dando al paisaje urbano un aspecto casi onírico.

En algún lugar allí abajo estaba Felicity, siguiendo con su vida.

¿Habría encontrado ya un nuevo trabajo? (Azriel le había comentado el día de la sesión de fotos que había hecho un par de entrevistas para un empleo en una importante empresa) ¿Estaría mejor sin él? ¿Pensaría en él alguna vez, o habría cerrado ese capítulo completamente?

La idea de que pudiera haberla perdido para siempre le produjo una opresión en el pecho.

¿Cómo no se había dado cuenta antes de lo que sentía? ¿Cómo había permitido que las expectativas externas, el deber, la tradición, lo cegaran ante lo que realmente importaba?

Había elegido la empresa por encima de Felicity, y ahora ninguna de las dos estaba realmente bien.

Reid Enterprises funcionaba, sí, pero sin la chispa, sin la visión que una vez lo había animado todo.

Y él mismo se sentía como un huevo vacío, cumpliendo mecánicamente con sus responsabilidades mientras una parte esencial de él estaba ausente.

¿Pero qué podía hacer? Había pasado casi un mes. Felicity había dejado claro que su decisión de priorizar la empresa sobre su relación era injustificable. Probablemente lo odiaba, y con razón. No había sacado la cara por ella ni por la relación que tenían.

Y, sin embargo, la idea de no intentarlo, de rendirse sin luchar, le resultaba de pronto insoportable. No era propio de él, de Alexander Reid, que había construido su reputación sobre la tenacidad, la determinación, y la negativa a aceptar la derrota.

¿Por qué sería diferente cuando se trataba del único ámbito que realmente importaba?

Sacó su teléfono y buscó el contacto de Felicity, todavía guardado, aunque no había tenido el valor de usarlo desde aquel día en el parque.

Su dedo se cernió sobre el botón de llamada, dudando.

¿Qué le diría? ¿Cómo podría explicar que había tardado tanto en comprender lo que ella probablemente había sabido desde el principio? ¿Cómo podría pedirle que le diera otra oportunidad cuando él mismo había tirado por la borda la primera?

No. Una llamada telefónica no sería suficiente. Era una manera fría y superficial. Si iba a hacer algo, tenía que hacerlo bien. Tenía que demostrarle que estaba dispuesto a luchar por ella, a priorizar lo que tenían por encima de todo lo demás.

Pero primero, necesitaba información. Necesitaba saber dónde estaba, qué estaba haciendo, si había alguna posibilidad, por remota que fuera, de que ella todavía sintiera algo por él.

Y para eso, necesitaba ayuda.

Guardó el teléfono y se dirigió de vuelta al ascensor. Su mente empezó a trabajar a toda velocidad. Tenía un plan formándose en la cabeza, un plan que podría ser una locura, que podría terminar en humillación pública, pero que ya no le importaba.

Porque si existía la más mínima posibilidad de recuperar a Felicity, de demostrarle que había aprendido de sus errores; que estaba dispuesto a cambiar, a ser el hombre que ella merecía... entonces cualquier riesgo valía la pena.