El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 62
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CAPÍTULO 62

Acababa de rellenar su taza cuando su teléfono sonó con la entrada de un email.

Echó un vistazo a la pantalla y vio el remitente: «Miranda Roberts – Vogue»

Detuvo la taza a medio camino hacia sus labios. Con dedos torpes, desbloqueó el teléfono y abrió el correo electrónico, intentando controlar el latido acelerado de su corazón.

Estimada señorita Ashford:

Después de nuestra reciente entrevista, me complace ofrecerle formalmente el puesto de asistente personal en Vogue. Su experiencia y habilidades demostradas se alinean perfectamente con nuestras necesidades, y creemos que sería muy valiosa para nuestro equipo.

Adjunto encontrará los detalles del puesto, incluyendo sueldo, beneficios y fecha de inicio propuesta (próximo lunes, si es posible).

Por favor, confirme su aceptación antes del jueves a mediodía.

Saludos cordiales, Miranda Roberts, directora de moda de Vogue.

Felicity leyó el mensaje tres veces, como si las palabras pudieran cambiar o desaparecer si apartaba la vista de la pantalla. Luego, muy lentamente, dejó el teléfono sobre la encimera y respiró profundamente.

—¡AZRIEL! —gritó de golpe. Su voz resonó por todo el loft—. ¡AZRIEL, VEN AHORA MISMO!

Un estruendo procedente de la habitación de Azriel fue seguido por el sonido de pasos apresurados.

Apareció en la puerta de la cocina con una mascarilla facial a medio aplicar, vistiendo una bata de seda y con una expresión de pánico absoluto en la cara.

—¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Se incendia algo? ¿Gatsby se ha comido algo venenoso? ¿Has descubierto que tienes una gemela malvada? —empezó a preguntar como si fuera una metralleta, escaneando frenéticamente la cocina en busca de señales de algún desastre.

Felicity simplemente le tendió el teléfono, incapaz de articular las palabras.

Azriel lo tomó con cautela, como si pudiera contener malas noticias.

Sus ojos recorrieron la pantalla rápidamente, y Felicity observó cómo su expresión cambiaba de confusión a comprensión y, finalmente, a pura alegría.

—¡OH-DIOS-MÍO! —exclamó, alzando la vista del teléfono—. ¡Lo conseguiste! ¡Lo conseguiste, Felicity!

Dejó caer el teléfono sobre la encimera y la envolvió en un abrazo tan fuerte que casi la levantó del suelo, ignorando completamente el hecho de que la mitad de su mascarilla facial estaba manchando el hombro de la camiseta de Felicity.

—¡Me han dado el trabajo! —dijo ella—. Vogue. Azriel, voy a trabajar en Vogue.

Se separaron y Felicity vio que, a pesar de la mascarilla a medio aplicar, los ojos de Azriel brillaban con orgullo.

—Por supuesto que sí —respondió él con absoluta convicción—. ¿Cómo no iban a contratarte? Eres brillante, organizada, profesional, y además tienes experiencia lidiando con ejecutivos temperamentales, lo cual es básicamente un requisito indispensable para sobrevivir en la industria de la moda.

Felicity se echó a reír.

Una risa burbujeante y ligeramente histérica que liberaba la tensión de semanas de incertidumbre.

—No puedo creerlo —dijo, pasándose las manos por cabeza—. Hace un mes estaba destrozada, sin trabajo, sin... —se interrumpió, evitando mencionar a Alexander—. Y ahora voy a trabajar para una de las revistas más prestigiosas del mundo.

—La vida tiene un sentido del humor peculiar —comentó Azriel, limpiándose los restos de mascarilla con un trozo de papel de cocina—. Y un buen sentido de la justicia. Miranda Roberts no sabe la suerte que tiene de haberte contratado.

Felicity revisó nuevamente el correo, prestando atención a los detalles específicos.

—El salario es... jodidamente bueno —comentó, ojeando los números—. Igual que en Reid Enterprises, de hecho.

—Por supuesto que sí —dijo Azriel, como si fuera un dato obvio—. Es Vogue, querida. La biblia de la moda. No contratan a cualquiera, y cuando encuentran talento, lo pagan debidamente.

Una sonrisa se extendió por el rostro de Felicity. Una sonrisa de verdad que iluminó sus ojos de una manera que Azriel no había visto desde antes de la ruptura con Alexander.

—Voy a aceptar —declaró con determinación—. Ahora mismo. No voy a esperar hasta el jueves.

—¡Así se habla! —vitoreó Azriel—. Y esto merece una celebración por todo lo alto. Cena en Lucien esta noche, mi regalo. Podemos brindar por tu nuevo comienzo y por el fin definitivo de la era Reid en tu vida.

Mientras Felicity redactaba entusiasmada su respuesta a Miranda Roberts, expresando su gratitud y la aceptación del puesto, no notó cómo la sonrisa de Azriel se suavizaba, convirtiéndose en algo más cercano a la preocupación.

No porque dudara de su decisión (Vogue era, sin duda, una oportunidad extraordinaria en la carrera de cualquier persona), sino porque se preguntaba si realmente sería tan fácil cerrar el capítulo de Alexander Reid como ella parecía creer.

Pero esa era una preocupación para otro momento. Ahora era tiempo de celebrar, y Azriel era un maestro en el arte de la celebración de las cosas.

—Voy a terminar mi rutina facial y luego nos iremos a comer al Lucien. ¡Amo ese restaurante francés! —anunció, dirigiéndose nuevamente hacia su habitación—. ¡Este es el comienzo de algo maravilloso, Felicity Ashford!

Y mientras veía a su amiga sonreír radiante pulsando «enviar» con su respuesta, realmente esperaba que fuera cierto.