El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 58
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CAPÍTULO 58

Los días siguientes fueron una vorágine de actividad.

Con la ayuda de Azriel, Felicity refinó su currículum, actualizó su perfil de Linkedin, y comenzó a prepararse para las entrevistas.

Iba a ir a por todas.

Azriel la sometió a rigurosos simulacros de entrevista, interpretando desde el seleccionador amable hasta el ejecutivo intimidante, asegurándose de que estuviera preparada para cualquier pregunta incómoda sobre su salida de Reid Enterprises.

—¿Por qué dejó su último empleo? —preguntó una tarde, sentado frente a ella con una expresión neutral que había ensayado para la ocasión. Las dotes de actor de Azriel eran incontables.

Felicity respiró hondo, recitando la respuesta que habían perfeccionado.

—Buscaba nuevos desafíos profesionales y un entorno donde pudiera expandir mis habilidades en diferentes áreas. Si bien mi experiencia en Reid Enterprises ha sido invaluable, sentía que era el momento adecuado para explorar oportunidades que me permitieran crecer en nuevas direcciones.

Azriel asintió, aprobando su respuesta.

—Perfecto. Ni una mentira, ni toda la verdad. El arte de la entrevista de trabajo.

Cada día que pasaba, Felicity sentía que recuperaba un poco más de sí misma, de esa parte que parecía haber perdido con la ruptura.

El dolor seguía ahí, por supuesto, apareciendo en los momentos más inesperados: cuando pasaba frente a la cafetería del SoHo donde tantas veces había recogido el café egipcio de Alexander, cuando veía a un hombre con un traje similar al que él solía usar, cuando la radio tocaba alguna canción que habían escuchado juntos.

Pero esos momentos ya no la paralizaban completamente. Eran como nubes pasajeras en un cielo que lentamente se iba despejando.

Hasta que un viernes, dos semanas y media después de su ruptura, Azriel irrumpió en el apartamento como un huracán, dejando caer en el suelo las bolsas de todas las compras que había hecho en la Quinta Avenida y corriendo hacia donde Felicity estaba sentada leyendo un libro.

—¡LO CONSEGUÍ! —exclamó, prácticamente saltando de emoción.

Felicity bajó el libro, sobresaltada por la entrada de Azriel en el salón.

—¿El qué? ¿Ver la última colección de Dolce & Gabbana? ¿La receta secreta del café de esa cafetería que te obsesiona?

—¡Mejor! —declaró Azriel, dejándose caer en el sofá junto a ella con tanta fuerza que Gatsby, que había estado durmiendo pacíficamente en el otro extremo, saltó indignado al suelo—. ¡Te conseguí una entrevista!

Felicity se enderezó de golpe.

—¿Una entrevista? ¿Dónde?

—En Vogue —respondió Azriel, pronunciando el nombre como si fuera una palabra sagrada—. Bueno, técnicamente en el edificio de Condé Nast, pero estarías trabajando directamente con el equipo editorial de Vogue.

Felicity lo miró boquiabierta.

—¿Vogue? ¿La revista Vogue? ¿Cómo...? ¿Por qué...?

—Estaba en una prueba de vestuario con Miranda Roberts —explicó Azriel, refiriéndose a una de sus clientas más prestigiosas, una legendaria directora de moda—.

Mencioné casualmente que tenía una amiga con experiencia como asistente ejecutiva buscando nuevas oportunidades.

Le conté cosas sobre tu trabajo, obviamente sin mencionar el drama Reid, y ella pareció interesada.

Hizo una pausa para tener un efecto dramático.

—Resulta que su asistente acaba de renunciar para mudarse a París con su novio insoportablemente perfecto, y necesita a alguien inmediatamente. Le mostré tu currículum desde mi teléfono y dijo, y cito textualmente: «Tiene experiencia. Que venga el lunes a las nueve.»

Felicity se quedó sin palabras, intentando procesar la información.

—Pero... pero yo no sé nada de moda —protestó—. ¡Por Dios, Azriel, tú mismo te burlas constantemente de mi ropa!

—Con amor —aclaró él rápidamente—. Y eso no importa.

No estarías escribiendo sobre tendencias o seleccionando prendas para sesiones fotográficas.

Estarías haciendo exactamente lo que hacías para el Señor Limón Amargo , pero en un entorno infinitamente más glamuroso y con la posibilidad de conocer a celebridades reales, no solo a aburridos ejecutivos financieros.

Felicity se levantó, nerviosa, y comenzó a pasearse por el salón.

—¿El lunes? ¿Este lunes? ¿En tres días?

—Ajá —confirmó Azriel, observándola con una sonrisa de satisfacción—. Lo que significa que tenemos exactamente 72 horas para transformarte en la candidata perfecta para Vogue. Comenzando con tu vestuario para la entrevista.

A pesar de su nerviosismo, Felicity no pudo evitar sonreír.

Entonces, Azriel se levantó de un salto.

—Necesitaremos algo sofisticado, pero no pretencioso.

Profesional, pero con un toque de audacia —declaró, dirigiéndose ya hacia su estudio, donde Felicity sabía que guardaba algunas de sus creaciones personales—.

Te prestaré mi bolso de Hermès. Es vintage y me costó mi primer sueldo, así que si lo pierdes tendrás que vender un riñón para reemplazarlo.

Felicity lo siguió, aturdida pero también emocionada. La perspectiva de una entrevista, de regresar al mundo laboral, de tener un propósito más allá de lamer sus heridas emocionales, era exactamente lo que necesitaba.

—Estoy nerviosa —admitió, apoyándose en el marco de la puerta mientras Azriel ya comenzaba a sacar prendas de su armario meticulosamente organizado—. ¿Y si me preguntan por Reid Enterprises? ¿Y si ya saben lo del escándalo?

Azriel se detuvo, girándose para mirarla con una expresión sorprendentemente seria.

—Lo sabrán —contestó sin rodeos—. Como te he dicho, Manhattan es un pueblo pequeño disfrazado de metrópolis. Pero no creo que les importe, al menos no negativamente.

—¿Por qué no? —preguntó Felicity, confundida.

—Porque en el mundo de la moda y las publicaciones, el drama personal es prácticamente un requisito previo —explicó—. Además, Miranda tiene su propia historia de relaciones complicadas con hombres poderosos de la industria. Probablemente te verá cómo alguien con quien puede relacionarse.

Volvió a su tarea de seleccionar prendas, sosteniendo ocasionalmente algo contra Felicity para comprobar el efecto.

—Lo más importante —continuó— es que te presentes como lo que eres: una profesional consumada que está lista para nuevos desafíos. El pasado es el pasado. Esta es tu oportunidad de reinventarte.

Felicity reflexionó sobre sus palabras.

Quizás Azriel tenía razón. Quizás esta era su oportunidad no solo de conseguir un nuevo trabajo, sino de reescribir su narrativa, de ser algo más que «la asistente que tuvo un romance con Alexander Reid».

—Tienes razón —dijo finalmente, enderezando los hombros—. Es hora de pasar página.

—Exactamente —confirmó Azriel, sosteniendo un elegante vestido negro contra ella con expresión crítica—. Y la primera página de tu nuevo capítulo será impresa en papel cuché con un vestido de Carolina Herrera.

Felicity rio, dejando que el entusiasmo de Azriel la arrastrara.

—No sé si Vogue es el lugar adecuado para mí —admitió—, pero estoy dispuesta a averiguarlo.

—¡Ese es el espíritu! —aplaudió Azriel—. Y si no funciona, tengo al menos otros tres contactos listos para conocerte. La cuestión es que estás avanzando, Felicity. Y eso, más que cualquier trabajo, es lo que importa.

Y por primera vez en semanas, Felicity sintió emoción por lo que vendría. Por el futuro.

No era felicidad, no exactamente, pero era un paso en esa dirección.