El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 47 #2
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CAPÍTULO 47 #2

—Al principio intentó defenderse, dijo que solo había sido últimamente y que tenía problemas financieros —Felicity hizo una mueca de disgusto—.

Como si eso justificara arruinar mi carrera y poner en peligro a toda la empresa.

Pero cuando vio lo furioso que estaba Alexander, creo que finalmente entendió que estaba acabado.

—¿Y entonces qué pasó? —preguntó Azriel, completamente absorto en la historia.

—Alexander lo despidió allí mismo —continuó Felicity—. Sin indemnización, sin referencias, nada. Le dijo que se aseguraría personalmente de que ninguna empresa respetable en Nueva York volviera a contratarlo. Y luego llamó a seguridad para que lo escoltaran fuera del edificio.

—¡No! —exclamó Azriel. En sus ojos apareció un brillo de deleite malicioso—. ¿Lo sacaron como a un delincuente? ¿Delante de todos?

Felicity asintió, permitiéndose disfrutar un poco de la justicia poética de la situación.

—Todo el piso ejecutivo lo vio. Cuando volví al departamento de comunicación, el rumor ya se había extendido por todo el edificio.

—Es una pena que me lo haya perdido —se lamentó Azriel, moviendo la cabeza dramáticamente—. Habría dado un año de mi vida por ver a ese impresentable de Hargrove siendo escoltado fuera de la Torre Reid por el personal de seguridad. ¡Un año entero!

—Admito que fue bastante satisfactorio —dijo Felicity—. Sobre todo porque fue exactamente lo que intentaron hacerme a mí.

Azriel se acercó a ella y la envolvió en un abrazo.

—La justicia poética es mi recurso literario favorito —declaró—. Y hablando de justicia... —se apartó ligeramente, estudiando su rostro con una sonrisa curiosa—. ¿Así que vuelves a ser la asistente personal de Alexander Reid?

Había algo en su tono, una especie de insinuación juguetona, que hizo que Felicity entrecerrara los ojos con sospecha.

—Sí, vuelvo a mi antiguo puesto —confirmó—. ¿Por qué lo dices así?

Azriel se encogió de hombros, pero sus ojos brillaban con picardía.

—Por nada en particular. Solo me preguntaba cómo será la dinámica ahora, después de todo lo que ha pasado. Debe ser... interesante.

Felicity desvió la mirada. De pronto parecía estar muy interesada en organizar las latas de sopa que Azriel había comprado.

—Será profesional, por supuesto —respondió—. Él va a tratar de ganarse mi confianza de nuevo, y yo voy a darle esa oportunidad.

—Oh, estoy seguro de que lo conseguirá —dijo Azriel, guiñándole un ojo descaradamente.

Felicity le lanzó una mirada de advertencia, pero no pudo evitar que una sonrisa traicionera se asomara a sus labios.

—¿Qué estás insinuando exactamente, Azriel?

Él levantó las manos en un gesto de fingida inocencia.

—¿Yo? ¡Nada en absoluto! Solo observo que el poderoso y frío CEO ha pasado de relegarte a un puesto que no tenía nada que ver contigo, a suplicar que vuelvas, y que está desesperado por «ganarse tu confianza».

—Hizo comillas en el aire con los dedos en las últimas palabras—. Todo muy profesional, por supuesto.

Felicity sintió que sus mejillas se calentaban ligeramente, y se maldijo por dentro por ser tan transparente. ¿Por qué su cara tenía que reflejar todas sus emociones?

—Es complicado —murmuró, volviendo a concentrarse en las compras.

—Ya, claro… —murmuró Azriel—. ¿Sabes? Si algún día decides, no sé, mezclar el placer con los negocios, quiero que sepas que apoyaré completamente tu decisión.

Felicity le lanzó un paño de cocina, que él esquivó con gracia.

—¡Eres imposible! —exclamó, aunque no podía evitar reír—. No hay nada entre Alexander y yo excepto una relación profesional que estamos intentando reconstruir.

—Y un casi-beso que quedó en el aire antes de que la arpía de Isobel Winter entrara en escena —le recordó Azriel—. No te olvides de ello.

Felicity puso los ojos en blanco.

—Un casi-beso no es nada —dijo.

—Un casi-beso con cualquier otro tío, quizás no. Un casi-beso con el frío Alexander Reid es todo un mundo.

—Creo que eres demasiado optimista.

—Sí, sí, optimista… Como si tú no lo pensaras.

Felicity puso los ojos en blanco.

—En vez de andar viendo cosas donde posiblemente no haya nada —dijo, cambiando deliberadamente de tema—, ¿por qué no me cuentas cómo va el reportaje para Fortune? ¿Has terminado los diseños?

Azriel entrecerró los ojos, claramente consciente de la táctica de distracción de Felicity, pero decidió seguirle la corriente.

—Casi terminados, y son absolutamente espectaculares, si me permites la falta de modestia —respondió, su entusiasmo profesional desplazó un momento su curiosidad por la vida amorosa de Felicity—.

La directora de arte de Fortune está encantada.

Dice que son exactamente lo que estaban buscando para dar un toque fresco a la sección de perfiles ejecutivos.

—Eso es genial, Azriel —dijo Felicity con sinceridad—. Estoy segura de que este trabajo va a ser un trampolín para cosas más grandes.

—Eso espero —asintió él—. Después de todo lo que hemos pasado, creo que nos merecemos un poco de buena fortuna profesional, ¿no crees?

Felicity sonrió, sintiendo una oleada de afecto por aquel chico extravagante y leal que se había convertido en su mejor amigo.

—Definitivamente lo merecemos —coincidió—. Y hablando de fortuna, ¿qué te parece si pedimos comida china para celebrarlo? Yo invito.

—Eso es música para mis oídos —declaró Azriel, frotándose las manos con anticipación—. Hay pocas cosas que me gusten más que el cerdo agridulce.