CAPÍTULO 47
Felicity marcó el número de su madre y esperó, tamborileando con los dedos sobre el reposabrazos del sofá.
—¿Felicity? —La voz cálida y ligeramente preocupada de Aurora sonó al otro lado de la línea—. ¿Está todo bien, cariño?
Felicity sonrió, imaginando a su madre probablemente en la cocina, quizás en medio de la preparación de una de sus famosas tartas de arándanos, con el teléfono apoyado entre el hombro y la oreja mientras sus manos amasaban la masa.
—Hola, mamá —respondió, dejando que una sonrisa se filtrara en su voz—. Todo está mejor que bien, en realidad. Te llamo porque tengo noticias. Noticias muy buenas.
Hubo un breve silencio al otro lado, y Felicity casi podía visualizar a su madre deteniéndose en medio de lo que estuviera haciendo, con toda su atención enfocada en la llamada.
—Dime, cariño —dijo Aurora.
Felicity respiró hondo.
—Se ha resuelto, mamá —comenzó—. Todo el asunto de Reid Enterprises, las acusaciones, todo. Se ha descubierto quién era el verdadero responsable de las filtraciones.
—¡Oh, Felicity! —La exclamación de Aurora estaba cargada de emoción—. ¿En serio?
—Fue gracias a Azriel, mamá —explicó, acomodándose mejor en el sofá—. ¿Recuerdas que te conté que estaba ayudándome a investigar todo este asunto? Bueno, accidentalmente escuchó una conversación que incriminaba a Morgan Hargrove, uno de los directores jurídicos adjuntos.
—Oh, Dios.
—Resulta que llevaba un tiempo vendiendo información a Winters Corporation. Y lo peor era que, él e Isobel Winters me pusieron a mí en la mira para desviar la atención y que las sospechas no recayeran en él.
—¡Qué sinvergüenzas! —La indignación de Aurora era casi palpable a través del teléfono—. Siempre supe que eras inocente, cariño. Nadie que te conozca realmente podría creer que harías algo así.
Felicity sintió una punzada agridulce ante esas palabras. Su madre nunca había dudado de ella, ni por un momento. A diferencia de Alexander...
—Bueno, finalmente todos lo saben —continuó, apartando ese pensamiento—. Azriel y yo diseñamos un plan para atraparlo, pero al final fui directamente a Alexander con la información.
—¿Y te creyó? —La pregunta de Aurora contenía un filo protector que hizo que Felicity sonriera.
—Al principio, no —admitió—. Pero juntos ideamos una trampa. Creamos información falsa, se la pasamos solo a Morgan Hargrove y, tal como esperábamos, corrió directamente a contárselo a Isobel Winters.
—¡Ajá! —exclamó Aurora—. ¡Lo pillasteis con las manos en la masa!
—Sí. —Felicity no pudo evitar reír ante el entusiasmo de su madre—. Tenías que haber visto su cara cuando se dio cuenta de que lo habíamos descubierto.
—Me lo imagino —murmuró Aurora—. ¿Y qué pasó después? ¿Tu jefe se disculpó contigo como es debido?
Ahí estaba, la pregunta que Felicity sabía que vendría. Su madre no conocía personalmente a Alexander Reid, pero había desarrollado una comprensible antipatía hacia el hombre que había despedido y desacreditado a su hija sin darle la oportunidad de defenderse.
—Sí, mamá —respondió—. Se disculpó.
—Mmmm —el sonido escéptico de Aurora hizo que Felicity sonriera—. Supongo que algo es algo. ¿Y qué hay de tu puesto?
—Alexander Reid me ha pedido que vuelva a ser su asistente personal y he dicho que sí.
Hubo un silencio tan prolongado al otro lado de la línea que por un momento Felicity pensó que la llamada se había cortado.
—¿Mamá? ¿Sigues ahí?
—Sí, estoy aquí —respondió Aurora finalmente—. Solo estoy... procesando todo lo que me estás contando. ¿Vas a volver a ser la asistente personal del hombre que te despidió de tu puesto y arruinó tu reputación?
Felicity se mordió el labio, entendiendo perfectamente la preocupación de su madre. Incluso su dramatismo.
—No es tan simple, mamá. Alexander cometió un error. Pero fue manipulado por Isobel Winters y Morgan Hargrove. Cuando ha descubierto la verdad, no solo se ha disculpado, sino que ha hecho todo lo posible para reparar el daño.
—¿Y eso incluye darte tu antiguo puesto? —preguntó Aurora, su tono aún cauteloso.
—Sí —confirmó Felicity—. Como ya te he dicho, vuelvo a ser su asistente personal.
Otro silencio, aunque menos prolongado esta vez.
—¿Y eso es lo que quieres, cariño? —La voz de Aurora se había suavizado, pasando de una especie de indignación protectora a la preocupación—. Después de todo lo que pasó, ¿estás segura?
Era una pregunta justa, oportuna, una que la misma Felicity se había hecho cuando Alexander le había ofrecido nuevamente ser su asistente personal.
¿Era lo correcto volver? ¿Podría realmente reconstruirse la confianza entre ellos?
—Lo estoy —respondió con una certeza que la sorprendió incluso a ella misma—.
Sé que suena extraño, pero a pesar de todo, sigo creyendo en Alexander y en lo que estamos construyendo en Reid Enterprises.
A partir de ahora nuestra relación profesional va a ser más fuerte, porque ambos hemos aprendido lo frágil que puede ser la confianza, y que en cualquier momento podemos ser manipulados.
Al otro lado de la línea, Felicity escuchó lo que sonaba sospechosamente como un sollozo ahogado.
—¿Mamá? ¿Estás llorando?
—No, no —negó Aurora rápidamente, aunque su voz temblorosa la delataba—.
Solo estoy... —Suspiró—… aliviada. Estás últimas semanas han sido tan duras para ti, Felicity.
Verte pasar por todo eso, la injusticia, el dolor...
Como madre me destrozaba no poder arreglarlo.
Y ahora, escucharte hablar con esa seguridad de nuevo, saber que has recuperado tu vida...
La voz de Aurora se quebró ligeramente, y en aquella ocasión no intentó disimular la emoción que sentía.
—Estoy tan orgullosa de ti, cariño. De cómo has manejado todo esto, de cómo no te has rendido, aunque habría sido lo más fácil.
Felicity sintió que sus propios ojos se humedecían.
—Pero ya sabes lo que decía la abuela de las mujeres irlandesas, que no se doblegan ante la injusticia; que la enfrentan de pie, con la frente alta y un plan en la manga —dijo.
Aurora se echó a reír ligeramente.
—Sí, tienes razón.
—Gracias, mamá. En el fondo no habría podido superarlo sin ti y sin Azriel. Saber que creías en mí, incluso cuando todo indicaba lo contrario...
—Siempre, cariño. —La firmeza en la voz de Aurora no dejaba lugar a dudas—. Siempre creeré en ti.
Felicity sonrió, secándose una lágrima rebelde que se había escapado de sus ojos.
—Lo sé, mamá. Te quiero.
—Y yo a ti, mi niña —respondió Aurora, su voz ahora más recompuesta—. Y ya que estamos con las buenas noticias, ¿esto significa que podrás venir a casa para mi cumpleaños?
—¡Por supuesto! —prometió Felicity—. No me lo perdería por nada del mundo.
—Invita a Azriel, me encantaría que viniera para conocerle.
—Azriel estará encantado de ir —dijo Felicity.
Continuaron hablando durante varios minutos más de cosas triviales. Cuando finalmente se despidieron, Felicity se sentía más ligera, como si la conversación hubiera completado (y cerrado) algún tipo de círculo.
Apenas había dejado el teléfono cuando escuchó la llave en la cerradura de la puerta. Segundos después, Azriel irrumpió en el apartamento como un torbellino de energía y bolsas de la compra.
—¡Felicity Ashford! —exclamó, dejando caer las bolsas en la entrada y avanzando hacia ella con los brazos extendidos dramáticamente—. ¡Necesito todos los detalles jugosos ahora mismo! ¡Me he estado muriendo de curiosidad todo el día!
Felicity no pudo evitar reír ante su dramatismo.
Iba vestido con un traje de color ciruela que habría sido excesivo en cualquier otra persona pero que en él parecía perfectamente natural. Azriel era la personificación de la exuberancia.
—Acabo de hablar con mi madre —dijo, levantándose para ayudarlo con las bolsas—. Le he contado todo lo que ha pasado.
—¿Y cómo se lo ha tomado? —preguntó Azriel, siguiéndola hasta la cocina—. ¿Está planeando un viaje a Nueva York para arrancarle la cabeza a Alexander Reid por haber dudado de su preciosa hija?
Felicity rio mientras comenzaba a sacar los comestibles de las bolsas.
—Sorprendentemente bien, en realidad. Estaba emocionada. Ha medio llorado cuando le he dicho que todo se ha resuelto.
—Normal —asintió Azriel, apoyándose en la encimera—. Pero no nos distraigamos. Quiero saber exactamente qué ha sucedido hoy con Morgan Hargrove. ¿Cómo fue el enfrentamiento? ¿Hubo sangre? ¿Lágrimas? ¿Suplicó de rodillas por su miserable vida?
Felicity sacudió la cabeza, descojonada de la risa por el entusiasmo de Azriel.
—No hubo sangre…
—Mejor, porque sale fatal de la ropa —interrumpió Azriel.
Felicity volvió a echarse a reír.
—Pero fue un enfrentamiento muy duro —respondió, recordando la escena—. Alexander lo llamó a su despacho después de confirmar que había filtrado la información falsa a Isobel Winters. Yo estaba allí, sentada, observándolo todo.
—¡Sí! —Azriel aplaudió con deleite—. ¡En primera fila para ver el espectáculo! Continúa, por favor.
Felicity se apoyó en la encimera opuesta, recreando mentalmente la escena.
—Al principio, Morgan Hargrove intentó mantener la compostura, fingir que no sabía de qué estaba hablando. Pero Alexander tenía todas las pruebas: el registro de cuándo había abierto el documento, las llamadas que hizo inmediatamente después, la conversación con Isobel Winters...
—Atrapado como una rata —murmuró Azriel con satisfacción.
—Completamente —asintió Felicity—. Azriel, nunca había visto a Alexander así. Siempre es tan controlado, tan medido, pero... explotó.
Azriel se inclinó hacia adelante, totalmente cautivado.
—¿Explotó cómo? Dame todos los detalles sórdidos. No te atrevas a censurar ni uno.
—Empezó a gritarle —explicó Felicity, aún algo sorprendida al recordarlo—. Le dijo que cómo se atrevía a traicionar a la empresa después de quince años, que cómo podía poner en riesgo los trabajos de todos por su propia codicia, que había decidido joder a las personas que confiaban en él.
—¡Dios mío! —Azriel parecía absolutamente encantado—. ¿Y Morgan? ¿Cómo reaccionó?