CAPÍTULO 35 #3
—Además, admiro cómo has manejado toda la situación con Marcus Vaughn. Alexander me comentó que fue idea tuya contraproponer una estructura de control compartido para preservar su autonomía creativa, lo que realmente inclinó la balanza a su favor.
Felicity parpadeó un par de veces, sorprendida porque Isobel tuviera conocimiento de esa información confidencial.
¿Alexander realmente había hablado de eso con ella? Parecía improbable dada su relación actual.
—¿El señor Reid te dijo eso? —preguntó, incapaz de ocultar completamente su escepticismo.
Isobel sonrió de forma enigmática.
—Alexander y yo aún mantenemos ciertas... conversaciones —insinuó—. No todo entre nosotros está perdido, a pesar de que lo parezca.
El comentario cayó como una piedra en el pecho de Felicity. La idea de Alexander e Isobel manteniendo conversaciones privadas, posiblemente discutiendo sobre distintos proyectos, era inquietante por razones que no quería examinar demasiado de cerca.
—No estaba al tanto de eso —respondió simplemente.
—Oh, hay muchas cosas de las que probablemente no estés al tanto —continuó Isobel.
Su tono se volvió ligeramente condescendiente—.
Alexander es muy selectivo con lo que comparte y con quién.
El hecho de que te mencionara en el acuerdo que Reid Entreprises ha llevado a cabo con BioGen es... significativo.
Felicity sintió una punzada de orgullo profesional, seguida inmediatamente de cautela.
Isobel estaba jugando con ella, alternando entre información aparentemente privilegiada e insinuaciones personales para que se confiara y así bajar sus defensas.
—Mi idea fue solo parte de mi trabajo —confirmó finalmente, decidiendo ofrecer información mínima que Isobel ya sabía.
Isobel asintió varias veces con entusiasmo.
—¡Eres brillante! —exclamó.
—Gracias —dijo Felicity, fingiendo que aceptaba su halago.
—Es extraordinario considerando las complicaciones iniciales que hubo con las cláusulas de propiedad intelectual —añadió Isobel, como si estuviera simplemente continuando una conversación casual—. Marcus Vaughn siempre ha sido muy protector con sus patentes.
Ese era un detalle mucho más específico, algo que no habría sido fácil de averiguar sin acceso en algún momento a la negociación. Felicity sintió su guardia elevarse aún más.
—Todas las negociaciones tienen sus complejidades —respondió vagamente.
Isobel se inclinó ligeramente hacia adelante.
—¿Sabes?, entre nosotras —dijo, bajando la voz—, admiro cómo manejasteis el tema de las aplicaciones tecnológicas.
La estructura de control compartido que propusisteis, amparada por tu idea, fue brillante.
Preserva la autonomía creativa de BioGen mientras mantiene la autoridad final de Reid Enterprises sobre las decisiones estratégicas de mercado. Una solución elegante para los dos.
Felicity se quedó momentáneamente sin saber qué decir.
Esas eran prácticamente las mismas palabras que había usado en su conversación con Alexander justo antes del casi-beso. Una solución que se había incorporado a la versión final del contrato, pero que no había sido discutida públicamente.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó directamente, abandonando toda pretensión de que aquella conversación fuera casual.
Isobel parpadeó inocentemente, pero había un brillo de satisfacción en sus ojos que confirmó las sospechas de Felicity.
—Como dije, Alexander y yo aún conversamos sobre ciertas cosas —respondió con suavidad, dejando caer que había algo entre ellos… de vez en cuando—. Y admira tu... perspicacia.
Era una trampa. Una jodida trampa, y Felicity lo sabía.
Maldita arpía.
—Ya te he dicho que no puedo comentar nada sobre los detalles específicos de ningún acuerdo —repitió, aquella vez con una firmeza inequívoca—.
Lo que sí dudo mucho es que el señor Reid discuta los términos confidenciales de una adquisición pendiente con la vicepresidenta de una empresa de la competencia.
El rostro de Isobel se endureció. Una grieta en su fachada perfectamente compuesta, perfectamente teatralizada. Luego, como una máscara deslizándose nuevamente en su lugar, sonrió con calculada tristeza.
—Supongo que tienes razón en ser cautelosa —dijo—. No debería haber intentado hablar de negocios. Es solo que... es un terreno familiar para mí. Más fácil que discutir sentimientos y malentendidos.
Felicity miró su plato, que apenas había tocado, y luego consultó su reloj.
—Aprecio tu intento de aclarar las cosas —dijo, y decidió poner fin a aquel peligroso juego—. Y agradecería si pudieras, como prometiste, ayudar a disipar los rumores que hay sobre mí. Pero debo regresar a la oficina ahora.
Isobel asintió, todo amabilidad superficial nuevamente.
—Por supuesto, no quiero que llegues tarde —dijo, haciendo un gesto al camarero para pedir la cuenta—. Y no te preocupes, hablaré con las personas adecuadas. Lamento mucho cualquier inconveniente que mis... indiscreciones hayan causado.
Mientras esperaban la cuenta, Felicity no pudo evitar sentir que acababa de participar en algún tipo de esgrima verbal donde, a pesar de sus mejores esfuerzos, había sido tocada más veces de las que le gustaría admitir.