CAPÍTULO 35 #2
Felicity se encontró involuntariamente intrigada a pesar de sus reservas. La versión de Alexander que había llegado a conocer era tan privada, tan contenida, que cualquier vestigio de su vida sentimental parecía valioso.
—¿Qué sucedió? —preguntó, antes de poder detenerse.
—La vida —respondió Isobel con un encogimiento de hombros estudiadamente casual—. Ambiciones encontradas. Expectativas no cumplidas. Lo normal. Pero lo que nunca desapareció del todo fueron los sentimientos.
Sus ojos se encontraron con los de Felicity. Una mirada directa y aparentemente sincera.
—Aún estoy enamorada de él —confesó Isobel, y por un instante, Felicity la creyó—. No debería, pero lo estoy. Y ver que estaba iniciando algo con alguien más... me desestabilizó.
Felicity sintió un nudo formándose en la garganta. La idea de Isobel amando todavía a Alexander, de estar dolida por la posibilidad de perderlo definitivamente, tocaba una fibra sensible en ella. ¿No había experimentado algo similar cuando Alexander se había distanciado después del incidente?
—No hay nada entre el señor Reid y yo —aclaró, aunque las palabras sabían a media verdad en su lengua—. Tenemos una relación estrictamente profesional.
Isobel inclinó la cabeza, estudiándola.
—Tal vez tú lo creas así —dijo suavemente—. Pero conozco a Alexander. Reconozco las señales. La forma en que te mira... es diferente. Y eso me asustó, me hizo actuar impulsivamente. De ahí los rumores, de los cuales me arrepiento profundamente. Lo siento mucho, Felicity.
El camarero regresó con los platos, dando a Felicity un momento para procesar lo que Isobel acababa de revelar.
¿Era posible que Alexander realmente sintiera algo por ella, algo suficientemente evidente como para que su ex lo hubiera notado? ¿O era solo otra manipulación de Isobel?
—Entiendo que los sentimientos no siempre son racionales —dijo finalmente Felicity, eligiendo sus palabras con cuidado—. Pero los rumores han afectado mi posición en la empresa. La gente cuestiona mi esfuerzo, mi puesto. Todo por lo que he trabajado.
Isobel tuvo la decencia de parecer realmente arrepentida, aunque Felicity sospechaba que era otra actuación magistral.
—Lo sé, y es inexcusable —admitió—. Es por eso por lo que estoy aquí. Porque quiero arreglarlo. Detendré los rumores. Hablaré con las personas que tenga que hablar. Les haré entender que hablé desde un lugar de dolor personal, no desde la verdad.
Felicity la estudió, buscando alguna señal que le dijera que todo se trataba de un engaño. Había algo en aquel repentino arrepentimiento que no encajaba del todo, pero no podía negar que tenía que aceptar. Estaba en juego su reputación.
—Te lo agradecería mucho —dijo, decidiendo seguir el juego… de momento. Dio un bocado de su risotto—. La situación actual es... muy complicada para mí.
Isobel asintió comprensivamente mientras se llevaba el tenedor a la boca.
—Debe de serlo —habló—. Especialmente con el proyecto Quantum llegando a su culminación. La presión debe de ser inmensa.
La mención casual del proyecto Quantum hizo que Felicity arqueara una ceja.
¿Cómo sabía Isobel sobre él? Las negociaciones se habían mantenido muy discretas, casi en secreto, con solo un pequeño círculo de personas al tanto de los detalles.
—Reid Enterprises siempre tiene múltiples proyectos en marcha —respondió vagamente, decidiendo no confirmar ni negar nada específico.
Isobel sonrió, como si apreciara su discreción.
—Por supuesto —dijo—. Pero este es especial, ¿no? Quiero decir, BioGen representa una oportunidad única para expandirse en el mercado de la biotecnología. Alexander ha estado persiguiendo ese objetivo durante años.
Felicity mantuvo su expresión impertérrita, aunque internamente estaba cada vez más alerta. La información era precisa pero general, nada que no pudiera obtenerse con una investigación básica.
—Como he dicho, no puedo discutir proyectos específicos —reiteró, mientras cogía la copa de agua y daba un trago.
—Por supuesto, por supuesto —asintió Isobel, agitando una mano como restándole importancia—.
Es solo que... bueno, conozco a Marcus Vaughn.
Coincidimos en varias conferencias de biotecnología.
Es brillante, pero muy difícil de persuadir.
Alexander debe estar extasiado por haber cerrado finalmente el trato.
Eso era más específico, y Felicity se preguntó cómo Isobel había obtenido esa información. ¿Realmente conocía a Marcus Vaughn, o estaba tratando de pescar algo de información al azar?
—El señor Reid es muy meticuloso en sus negociaciones —respondió con diplomacia.
Isobel rio, con un sonido melodioso.
—Oh, eso lo sé mejor que nadie —dijo con un guiño cómplice—.
Recuerdo cuando estaba negociando la expansión en Singapur.
Pasó tres meses ajustando cada cláusula hasta que fue perfecta.
Supongo que con BioGen ha sido similar. Especialmente con todas esas cláusulas sobre la autonomía creativa que Marcus Vaughn tanto valora.
Ahí estaba.
Un anzuelo específico, lanzado con una precisión que pretendía ser casual. La autonomía creativa había sido, efectivamente, el punto crítico en las negociaciones con Marcus Vaughn, algo que no era de conocimiento público.
Felicity sintió un escalofrío de advertencia recorrer su columna.
Aquella conversación ya no parecía una reconciliación; se estaba convirtiendo en un interrogatorio elegantemente disfrazado.
—Como te he dicho —repitió, más firmemente esa vez—, no puedo discutir los detalles de ningún proyecto.
Isobel inclinó la cabeza, como reconociendo la resistencia de Felicity. Pero en lugar de retroceder, cambió sutilmente de táctica.
—Lo entiendo —aseguró—. La discreción es crucial. Es solo que... —dejó escapar un suspiro aparentemente sincero—. Supongo que estoy buscando temas neutrales para hablar, para mostrar que realmente quiero arreglar las cosas. Y los negocios es algo de lo que las dos entendemos.
Hizo una pausa, tomando un sorbo de agua antes de continuar.