CAPÍTULO 24 #2
—Te estas poniendo roja como un tomate —afirmó.
—Yo no…
—Sí, te estás poniendo roja como un tomate —repitió Azriel.
—Oh, por favor. —Felicity agarró uno de los bonitos cojines y se lo lanzó. Azriel lo cogió al vuelo.
—Oh, Dios mío. Te gusta. Realmente te gusta —rebatió Azriel, apuntándola acusadoramente con la cuchara.
No era una pregunta sino una constatación, pronunciada con la certeza de alguien que acaba de resolver un complejo rompecabezas.
—No seas ridículo —se defendió Felicity—. Es mi jefe. Un jefe exigente, brillante e intimidante, pero solo mi jefe.
—Un jefe por el que te arreglas cada mañana como si fueras a una sesión de fotos —señaló Azriel—. Un jefe cuyo nombre pronuncias de manera diferente al resto de las palabras. Un jefe del que hablas constantemente, incluso cuando intentas no hacerlo.
—Eso no significa nada —insistió Felicity, aunque una parte traicionera de su mente sabía que había algo de verdad en las palabras de Azriel—. Paso más tiempo con él que con cualquier otra persona. Es normal que hable de él.
Azriel la miró con una mezcla de compasión y diversión.
—Cariño, ten cuidado —dijo. Su tono de repente se volvió más serio, más cauteloso—.
No digo que no pueda suceder algo genial entre vosotros.
Dios sabe que soy el primero en la fila que mataría por ver un romance de oficina épico.
Pero también sé que Alexander Reid tiene una reputación en lo que respecta a relaciones. No quiero que te haga daño.
—No me voy a enamorar de él —declaró Felicity con toda la convicción que pudo reunir, que ni ella misma sabía si era mucha o poca—. Eso ni siquiera está sobre la mesa. Sí, es atractivo. Sí, es brillante. Pero también es mi jefe, y valoro demasiado mi carrera para complicarla con... algo así.
—¿Recuerdas lo que te dije mientras te probabas el vestido? —preguntó Azriel, rascando distraídamente a Gatsby, que había regresado cautelosamente al sofá—. Sobre lo mucho que me gustaría que vosotros dos terminarais juntos.
—Sí, y yo te dije que vivías en un mundo de fantasía —le recordó Felicity.
—Exacto. Un mundo de fantasía —asintió Azriel con expresión seria—. Porque en el mundo real, los hombres como Alexander Reid tienen tendencia a dejar una estela de corazones rotos a su paso.
Sus palabras provocaron una punzada inesperada en el pecho de Felicity. Una sensación que se negó firmemente a identificar como decepción.
—Lo sé —respondió, quizás con demasiada vehemencia—. No estoy buscando una relación, y menos con alguien que podría despedirme si las cosas no funcionan.
Azriel la observó con esos ojos que parecían ver más allá de sus palabras, pero finalmente asintió.
—Solo prométeme que serás cuidadosa con tu corazón —dijo—. Ya es suficientemente complicado navegar por el mundo de los sentimientos, sin añadir dinámicas de poder y políticas de oficina a la mezcla.
—Te lo prometo —respondió Felicity son solemnidad, levantando la mano como si estuviera prestando juramento—.
Además, lo más probable es que el lunes todo vuelva a la normalidad.
Él dando órdenes sin parar, yo corriendo para cumplirlas, y ninguno de los dos mencionando jamás esta noche.
Para él esta gala solo ha sido un medio para conseguir un fin: cerrar el trato con los Chen.
—Me alegro de que lo tengas claro —dijo Azriel.
Felicity asintió, ahogando un bostezo que había estado intentando contener durante los últimos diez minutos.
—Pero ahora mismo, si no me voy a la cama, voy a quedarme dormida en este sofá y te tocará llevarme en brazos.
—Ve a dormir —dijo Azriel, haciendo un gesto hacia el pasillo—. Tu interrogatorio ha sido satisfactorio. Por ahora.
Felicity se levantó, estirando sus músculos doloridos.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó, al ver que Azriel no hacía ademán de moverse.
—Gatsby y yo tenemos una cita con Netflix —respondió, acariciando al gato que se había instalado cómodamente a su lado—. Necesito procesar toda esta información con una comedia romántica de fondo.
—No te desveles demasiado —advirtió Felicity, dirigiéndose hacia su habitación—. Y no creas que no me he dado cuenta de que te has comido tres cuartas partes del helado.
—Culpable —admitió Azriel con una sonrisa descarada—. La ansiedad por los cotilleos aumenta mi metabolismo.
Felicity negó con la cabeza, sonriendo a pesar del cansancio.
—Buenas noches, detective.
—Buenas noches —respondió Azriel.
Ya en la soledad de su habitación, mientras se quitaba el vestido y desmontaba cuidadosamente el elaborado peinado, Felicity no pudo evitar que su mente volviera a los momentos compartidos con Alexander Reid aquella noche.
La forma en que la había mirado cuando apareció en el apartamento. La calidez de su mano en su espalda mientras la guiaba por el salón. La sinceridad en su voz cuando le agradeció su contribución al éxito de la noche.
«No me voy a enamorar de él —se repitió con firmeza mientras se metía bajo las sábanas—. Es solo… admiración profesional. Nada más. El tío es brillante.»
Pero cuando el sueño comenzó a reclamarla, la última imagen que flotó en su mente fue la de Alexander Reid bajo las luces del escenario, hablando con pasión sobre su visión, y esa breve mirada que pareció dirigirle solo a ella entre los centenares de personas que había.
«Solo admiración profesional —murmuró nuevamente, ya al borde del sueño—. Solo eso.»
Gatsby, que al final había abandonado a Azriel y a Netflix para colarse en su habitación, emitió un pequeño maullido que sonó sospechosamente a incredulidad antes de acurrucarse junto a ella para pasar la noche.