El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 22 #3
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CAPÍTULO 22 #3

—El placer es nuestro, señorita Ashford —respondió en un inglés perfectamente modulado con un sutil acento—. Es refrescante ver a mujeres jóvenes ascendiendo en el mundo empresarial.

—Es muy amable, señora Chen —respondió Felicity—. Aunque apenas estoy comenzando mi camino.

—Todos comenzamos en algún lugar —intervino Lawrence Chen, con una sonrisa que suavizaba sus facciones angulosas—. Lo importante es hacia dónde nos dirigimos, ¿no cree?

—Y con quién decidimos hacer el viaje —añadió Mei Lin, con una mirada significativa hacia su esposo—. Las alianzas correctas son cruciales.

Alexander asintió, captando la referencia al acuerdo que tenían pendiente.

—No podría estar más de acuerdo, Mei Lin. De hecho, esperaba que pudiéramos discutir algunos aspectos finales de nuestra... alianza durante la cena.

—¿Negocios durante la cena, Alexander? —Mei Lin chasqueó la lengua con fingida desaprobación—. Preferiría conocer mejor a tu encantadora asistente. Parece tener historias mucho más interesantes de las que hablar que de tratos y beneficios.

Alexander esbozó una sonrisa.

—Por supuesto. La señorita Ashford es ciertamente más que números y contratos. —La miró—. Yo también creo que tiene historias muy interesantes de las que hablar.

Felicity sintió una extraña calidez ante sus palabras, pero mantuvo su expresión profesional. No podía dejarse llevar por las emociones. No en aquel lugar. Ni en ese momento.

Cuando finalmente fueron guiados a sus mesas para la cena, Felicity se encontró sentada entre Alexander y Mei Lin, con Lawrence Chen frente a ella. La mesa estaba exquisitamente decorada, con centros de mesa de orquídeas blancas y cristalería que brillaba bajo la suave iluminación.

Para su sorpresa, la conversación fluyó con naturalidad.

Mei Lin resultó ser, no solo una mujer de negocios formidable (según le susurró Alexander discretamente, ella había sido la arquitecta de la expansión internacional de Chen Corp.), sino también una conversadora encantadora con un sentido del humor afilado e inteligente.

—¿Así que llevas dos semanas trabajando para Alexander? —preguntó Mei Lin mientras saboreaban el primer plato, una delicada creación de vieiras con una reducción de cítricos—. Debes tener nervios de acero.

—O un sentido del masoquismo muy desarrollado —añadió Lawrence con una sonrisa cómplice.

Felicity pensó en las mañanas frenéticas asegurándose de que el café egipcio estuviera exactamente a su temperatura ideal, y no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa.

—Ambas cosas —se atrevió a bromear. Esperaba que Alexander no se lo tomara a mal.

Él arqueó una ceja, pero había un brillo de diversión en sus ojos.

—No soy tan terrible como jefe —se defendió.

—Oh, Lawrence aún recuerda aquella vez en Shanghái, cuando rechazaste un contrato multimillonario porque el ejecutivo encargado de la negociación llegó tarde —rio Mei Lin—. El pobre casi renuncia a su puesto ese mismo día.

—La impuntualidad era un síntoma del problema, no la causa —explicó Alexander, completamente serio—. La atención a los detalles refleja la atención al negocio. Si no pueden manejar correctamente algo tan simple como la puntualidad, ¿cómo confiar en ellos para manejar millones?

—Veo que la señorita Ashford entiende perfectamente de lo que hablamos —observó Mei Lin, captando su expresión—. Debe contarnos su secreto para mantener satisfecho a Alexander. Podríamos usarlo en nuestras futuras negociaciones.

Todos se echaron a reír.

—Me temo que eso sería compartir secretos empresariales, señora Chen —respondió Felicity con una risilla cómplice—. Pero puedo decirle que implica una combinación de preparación, adaptabilidad y ocasionalmente, ignorar ciertos comentarios. Eso, y no ser propensa a las úlceras estomacales.

Lawrence Chen soltó una carcajada, mientras Alexander le dedicaba una mirada de sorpresa a Felicity.

—Me gusta —declaró Mei Lin, dirigiéndose a Alexander—. Tiene chispa. No es una simple seguidora.

—La señorita Ashford tiene muchas cualidades —estuvo de acuerdo Alexander—. Pero la obediencia ciega no es una de ellas, afortunadamente.

Durante el resto de la cena, Felicity observó con fascinación cómo Alexander navegaba por la conversación hábilmente, entrelazando temas personales con sutiles referencias al negocio pendiente.

Era como ver a un maestro del ajedrez, anticipando movimientos, adaptando estrategias, y siempre manteniendo el control sin parecer controlador.

Lo más sorprendente, sin embargo, fue descubrir que él la observaba a ella con la misma atención.

Cada vez que Felicity establecía una conexión con Mei Lin, cada vez que hacía reír a Lawrence con algún comentario ingenioso, captaba la mirada de Alexander Reid sobre ella, evaluando, analizando, pero también con algo que parecía... ¿admiración? Sí, quizá fuera admiración.

Felicity Ashford estaba siendo todo un descubrimiento.

Desde la distancia, en otra mesa, Isobel Winters no perdía detalle. Sus ojos fríos seguían cada interacción, cada mirada, cada sonrisa. Y lentamente, una idea comenzaba a formarse en su mente, como un depredador identificando una posible debilidad en su presa.