El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 22 #2
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CAPÍTULO 22 #2

Alexander la miró con lo que podría haber sido aprobación en el amago de una sonrisa, mientras el hombre parecía desconcertado por su respuesta.

—Disfruta la velada, Nathaniel —dijo Alexander, claramente dando por terminada la conversación, mientras guiaba a Felicity hacia el salón principal.

—¿Un antiguo rival? —preguntó ella cuando estuvieron a una distancia segura.

—Algo así —respondió Alexander, escaneando la sala como un estratega evaluando un campo de batalla—. Harrington y yo tenemos... diferencias filosóficas sobre cómo debe llevarse a cabo un negocio. Él considera que la lealtad es prescindible si el precio es correcto.

Había una dureza en su voz que Felicity rara vez había escuchado, como si hubiera de fondo algo personal.

—Intentó contratar a varios de mis ejecutivos clave el año pasado —continuó Alexander—. Con ofertas exorbitantes y promesas que no tenía intención de cumplir. Cuando fracasó, intentó una adquisición hostil de una de nuestras filiales. También fracasó.

—No parece el tipo de hombre que acepta bien el fracaso —observó Felicity.

—No lo es —confirmó Alexander—. Lo cual lo hace predecible. Y la previsibilidad, señorita Ashford, es una desventaja fatal en los negocios.

Antes de que pudiera decir algo, una voz femenina, suave como la seda, pero con un filo apenas oculto, apenas disimulado, los interrumpió.

—Alexander, qué sorpresa encontrarte en un evento que celebra el éxito empresarial.

Felicity se giró para encontrarse con una de las mujeres más impresionantes que había visto en persona. Alta, con una elegancia que parecía inherente, cabello rubio platino recogido en un moño impecable, y un vestido rojo que parecía pintado sobre su escultural figura.

Pero lo más impactante eran sus ojos: de un verde tan claro que casi parecían translúcidos; fríos y calculadores a pesar de la sonrisa que adornaba sus labios perfectamente pintados.

—Isobel —saludó Alexander, y Felicity detectó un cambio sutil en su postura, como si se estuviera preparando para un encuentro potencialmente hostil—. Pensé que estarías en Chicago para la reunión del consejo de Winters Corporation.

—Oh, la reunión del consejo —respondió ella con un gesto desdeñoso de su mano enjoyada—. Envié a Davis en mi lugar. Algunas cosas son más importantes que escuchar a un grupo de hombres viejos debatir sobre márgenes de beneficio. Como, por ejemplo, verte recibir otro premio para tu colección.

Su tono era ligero, pero había algo incisivo en sus palabras, como si cada una estuviera cuidadosamente diseñada para penetrar alguna armadura invisible (de Alexander Reid).

Los ojos de Isobel se posaron entonces en Felicity, evaluándola con una minuciosidad que la hizo sentirse como un bicho raro, o más bien como una cucaracha.

—¿Y quién es tu acompañante? —preguntó, aunque por su tono quedaba claro que lo que realmente quería saber era qué hacía Felicity allí, con él.

—Felicity Ashford —intervino Alexander—. Mi asistente personal. Felicity, Isobel Winters, vicepresidenta de Winters Corporation.

—Y exnovia —añadió Isobel con una media sonrisa—. No olvides esa parte, Alexander. Siempre has tenido la tendencia de omitir los detalles personales.

Felicity sintió una extraña punzada en el pecho.

¿Exnovia? ¿Aquella tía era su exnovia?

Por supuesto que Alexander Reid tendría vida amorosa, pasado. Era absurdo sentirse... ¿qué? ¿Sorprendida? ¿Incómoda?

No eran celos, definitivamente no.

¿Por qué sentiría ella celos? Era su jefe, por el amor de Dios. Un jefe que casualmente se veía increíblemente atractivo con ese esmoquin, pero su jefe, al fin y al cabo.

—Un placer conocerla, señorita Winters —dijo, extendiendo su mano y manteniendo su expresión profesional.

Isobel la tomó con una delicadeza estudiada.

—Igualmente, señorita Ashford. Debe ser... fascinante trabajar tan estrechamente con Alexander. —Sus ojos se movieron entre ellos, como buscando alguna señal, alguna grieta en la fachada profesional—. Siempre ha exigido dedicación absoluta de quienes lo rodean.

—La señorita Ashford ha demostrado ser excepcionalmente capaz —respondió Alexander, en un tono neutral pero firme—. En todos los aspectos.

«Los cuchillos están empezando a volar por el aire», pensó Felicity.

—Estoy segura —murmuró Isobel, con una sonrisa que sugería que estaba pensando en algo completamente diferente—. Bueno, no os entretengo más. Estoy segura de que tenéis mucho de qué hablar. De negocios, supongo. Siempre negocios contigo, ¿verdad, Alexander?

Con un último gesto elegante, se alejó, dejando tras de sí una estela de perfume caro y una tensión que casi se podía tocar.

—Isobel Winters —dijo Alexander después de un momento, como si sintiera la necesidad de darle explicaciones—.

Su familia fundó Winters Corporation hace tres generaciones.

Actualmente es vicepresidenta, pero aspira a la presidencia.

Tiene la ambición y la inteligencia para lograrlo, aunque sus métodos a veces son...

cuestionables. Hace algunas semanas cerramos un acuerdo con Sunnova Tech, una joya en el sector de las energías renovables, un trato que Winters Corporation persiguió durante meses.

—Parece conocerla bien —comentó Felicity, intentando mantener un tono neutral, y hasta cierto punto, despreocupado.

Claro que, como para no conocerla, si habían sido novios.

Alexander la miró directamente. Sus ojos azules tenían una expresión insondable.

—Conocer a tus competidores es esencial en este mundo. Especialmente cuando han tenido acceso a información privilegiada sobre tus operaciones. Además, Isobel tiene razón, estuvimos saliendo durante un tiempo.

Había algo en su tono que sugería que la relación con Isobel había terminado de forma poco amistosa, pero Felicity sabía que no era asunto suyo preguntar más.

Nada de vida privada. Azriel se lo había dejado claro.

—Ah, ahí están los Chen —dijo Alexander, cambiando de tema, mientras dirigía su mirada hacia una pareja en el otro extremo del salón—.

Es hora de que los conozca. Recuerde, Lawrence es directo en los negocios, pero su esposa, Mei Lin, es quien realmente influye en sus decisiones.

Conéctese con ella y tendremos el acuerdo asegurado.

Felicity asintió, agradecida por volver a terreno puramente profesional. Eso podía manejarlo. Eso lo entendía.

Lawrence Chen resultó ser un hombre de mediana edad con una presencia tranquila pero autoritaria, vestido con un esmoquin tradicional que, a pesar de su corte impecable, parecía llevarlo con cierta incomodidad, como si prefiriera ropa más práctica.

Su esposa, Mei Lin, en contraste, irradiaba una elegancia natural con un vestido tradicional chino en tonos azul y plata, con el cabello negro azabache recogido en un elaborado peinado adornado con peinetas de plata.

—Señor Chen, señora Chen —los saludó Alexander con una inclinación respetuosa—. Es un placer verlos nuevamente. Permítanme presentarles a Felicity Ashford, mi asistente personal.

—Un placer conocerlos —dijo Felicity, inclinándose ligeramente como había visto hacer a Alexander.

Para su sorpresa, Mei Lin tomó la iniciativa, adelantándose hacia ella con una sonrisa cálida.