CAPÍTULO 18
La tarde continuó a un ritmo igualmente vertiginoso. Para cuando llegó la última presentación del día, Felicity sentía que su cerebro se había convertido en una especie de puré financiero, incapaz de absorber ni una sola cifra más.
Alexander, sin embargo, parecía tan alerta y enfocado como al comienzo del día, haciendo preguntas incisivas y tomando decisiones que afectarían a miles de empleados en todo el mundo con la misma facilidad con que otros elegirían qué cenar.
¿Cómo narices lo hacía? Era prácticamente como un robot. Como-un-puñetero-robot.
—Sus proyecciones para el cuarto trimestre son excesivamente conservadoras —señaló al director de Nuevos Mercados—. Están subestimando el potencial de expansión en el sudeste asiático.
El director, a diferencia de sus colegas anteriores, no pareció intimidado.
—Con todo respeto, señor Reid, el clima político en la región sugiere cautela. Nuestras proyecciones reflejan una estrategia para aminorar los riesgos.
Alexander entrecerró los ojos, no con enfado sino con interés.
—Arguménteme eso.
Durante los siguientes diez minutos, Felicity observó fascinada cómo se desarrollaba un intercambio intelectual entre ambos.
El director presentó premisas sólidas y Alexander los cuestionó no para desmontar, sino para explorar. Era una dinámica completamente diferente a las reuniones anteriores.
—Sus puntos son válidos —concedió finalmente Alexander, sorprendiendo a todos en la sala—.
Sin embargo, propongo un enfoque híbrido.
Mantengan las proyecciones conservadoras oficialmente, pero preparen un plan de contingencia para capitalizar rápidamente si las condiciones mejoran.
Señorita Ashford, coordine una reunión para la próxima semana para revisar este plan alternativo.
—Sí, señor —respondió Felicity, impresionada por aquella demostración de flexibilidad que contradecía la imagen de rigidez que tenía de él.
Durante un instante fugaz, se permitió admirar su estampa.
Había algo magnético en la forma en que se desenvolvía delante de los empleados, en la concentración absoluta que emanaba de cara poro de su piel.
Algo que…
Felicity negó para sí.
Cuando la reunión concluyó, eran casi las 18:30 de la tarde.
El director de Nuevos Mercados se marchó con una expresión que sugería que había sobrevivido a un encuentro con un depredador particularmente peligroso, pero que había salido más o menos intacto.
Rebecca, que había permanecido silenciosa durante la última hora, permitiendo que Felicity tomara las notas y coordinara las reuniones por sí misma; se acercó a Alexander.
—¿Algo más para hoy, señor Reid?
Él negó con la cabeza, revisando brevemente su tablet.
—No. Buen trabajo hoy, señorita Anderson. Confío en que la señorita Ashford está adecuadamente preparada para asumir sus responsabilidades.
—Lo está —confirmó Rebecca—. Ha demostrado ser muy eficiente.
Alexander dirigió su mirada penetrante a Felicity, estudiándola como si fuera otro presupuesto que analizar.
—Señorita Ashford, prepare un resumen de las decisiones clave de hoy y las tareas de seguimiento. Lo quiero en mi bandeja de entrada antes de las 9:00 de mañana.
—Sí, señor —respondió Felicity, calculando mentalmente cuánto tiempo le llevaría completar esa tarea y a qué hora llegaría a casa aquella noche.
Para su sorpresa, Alexander añadió:
—Puede trabajar en ello desde casa, si lo prefiere. Los servidores están configurados para que pueda acceder a los archivos desde cualquier ordenador.
Era la primera concesión que le permitía. ¿Se estaría ablandando?
—Gracias —respondió, intentando no mostrar su sorpresa.
Alexander asintió brevemente y se dirigió hacia su oficina, dejando a Felicity y a Rebecca solas en la sala de reuniones.
Rebecca comenzó a recoger los materiales que había encima de la mesa.
—Creo que estás lista para manejar esto por tu cuenta —comentó en un tono casual.
Felicity la miró con una mezcla de pánico y orgullo. Hasta cierto punto, ella se mostraba con cierto escepticismo.
—¿En serio?
—No estaría diciendo esto si no lo creyera —respondió Rebecca—. Tienes instinto para este trabajo. La forma en que has manejado esa comparativa sorpresa hoy... ha sido impresionante.
—Casi me da un infarto cuando el señor Reid la mencionó —admitió Felicity—. No tenía idea de que me había enviado esos datos.
—Ese es la cuestión —explicó Rebecca—. Alexander constantemente te pondrá a prueba así. Espera que estés siempre atenta, siempre un paso por delante. Hoy demostraste que puedes manejar ese tipo de sorpresas.
Cogió su bolso y echó a andar.
—Gracias. Por todo —dijo Felicity.
Rebecca se detuvo en la puerta, permitiéndose una sonrisa por última vez.
—Buena suerte, Felicity. La vas a necesitar. Todas la hemos necesitado. —Sonrió más ampliamente—. Pero creo que vas a estar bien.
Cuando Rebecca se marchó, Felicity se quedó sola en la enorme sala de reuniones, rodeada de pantallas apagadas y tazas de café vacías.
Exhaló lentamente, procesando el día.
Había sido agotador, desafiante y en ocasiones aterrador. Pero también, para su propia sorpresa, estimulante.
Había aprendido más sobre finanzas en un día que en todo un semestre en la universidad. Había visto de primera mano cómo funcionaba la mente brillante de Alexander Reid. Y, lo más sorprendente, había sobrevivido.
¡Sí, había sobrevivido!
Cada día era como un pequeño triunfo.
Mientras recogía sus cosas y se preparaba para marcharse, Felicity se dio cuenta de que, bajo el cansancio, sentía satisfacción. El tipo de satisfacción que aparece como resultado de enfrentarse a un enorme desafío y no sucumbir, y no caer, no dejarse engullir por él.
Alexander Reid era posiblemente el jefe más exigente del planeta, un perfeccionista implacable con expectativas imposibles. Pero trabajar para él no sería solo una prueba de resistencia, sino una oportunidad para descubrir capacidades que ni siquiera sabía que poseía.
Con esa idea reconfortante, Felicity se dirigió hacia el ascensor, lista para enfrentar su siguiente desafío: crear un informe impecable mientras intentaba no quedarse dormida sobre su portátil.
Al menos tendría a Gatsby como compañía y, con suerte, otro de los cafés milagrosos de Azriel para ayudarla a sobrevivir su segunda noche como asistente personal de Alexander Reid.