El CEO de corazón de hielo (Devils 1) CAPÍTULO 17 #2
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CAPÍTULO 17 #2

—Este modelo de proyección no considera la volatilidad del mercado asiático en el último trimestre —señaló durante la tercera presentación.

Su voz sonaba calmada, pero tenía un deje cortante—.

Si aplican el mismo enfoque para el próximo año fiscal, estaremos subestimando los costos operativos en un doce por ciento. Y eso es inaceptable.

El director financiero del mercado asiático, un hombre con décadas de experiencia, palideció visiblemente.

—Señor Reid, nuestros analistas consideraron múltiples escenarios y…

—Sus analistas trabajaron con datos obsoletos —interrumpió Reid, deslizando su dedo por la pantalla de su tablet—. Señorita Ashford, muestre la comparativa que ha preparado esta mañana.

Felicity sintió que su corazón se detenía de golpe.

¿Qué comparativa? ¿De qué cojones hablaba?, se preguntó. Rebecca no había mencionado nada sobre preparar una comparativa específica para esa reunión.

Sin embargo, al mirar la tablet que Rebecca le había entregado a primera hora de la mañana, vio una notificación parpadeando.

Al abrirla, encontró un análisis comparativo que Alexander aparentemente había preparado mientras ella tomaba notas, y que había compartido con ella hacía exactamente veintisiete segundos.

Sin perder un instante, Felicity envió el archivo a la pantalla principal de la sala de conferencias.

El gráfico que apareció mostraba claramente el error que Alexander había señalado. El director financiero miró los números con expresión vencida.

—Volveremos a calcular las proyecciones considerando estos factores, señor Reid —concedió, haciendo evidente la derrota en su voz.

—Para mañana —ordenó Alexander—. Y quiero tres escenarios alternativos basados en diferentes niveles de volatilidad del mercado. La señorita Ashford coordinará la entrega.

Felicity asintió, añadiendo la tarea a su lista cada vez más larga.

Y así continuó la jornada, con Alexander Reid desmontando metódicamente cada presentación mientras Felicity y Rebecca tomaban notas, preparaban análisis sobre la marcha, y coordinaban las reuniones de seguimiento que inevitablemente surgían de cada sesión.

A la hora de la comida, Felicity sentía como si su cerebro hubiera corrido una maratón mental. Estaba exhausta.

Alexander había pedido que le llevaran su habitual pescado ahumado a la oficina para continuar trabajando, mientras Rebecca guiaba a Felicity a la pequeña sala de descanso para el personal.

—Tienes veinte minutos —advirtió Rebecca, señalando un sándwich envuelto en papel film transparente y una botella de agua, que había sacado de una de las máquinas expendedoras—. Come rápido. La siguiente ronda comienza a la 13:30.

Felicity se desplomó en una silla, sintiendo como cada uno de sus músculos protestaba.

—¿Siempre es así de intenso? —preguntó, desenvolviendo el sándwich.

Rebecca consideró la pregunta mientras tomaba un sorbo de su botella de agua.

—Los martes de presupuestos son particularmente brutales, pero sí, Alexander Reid opera en un nivel diferente al resto de los mortales. Con el tiempo, desarrollas resistencia —dijo.

—O mueres en el intento —murmuró Felicity.

Para su sorpresa, Rebecca soltó una risa breve pero auténtica.

—Veo por qué le impresionaste. Tienes determinación y sentido del humor, ambas cualidades son esenciales para sobrevivir aquí.

Felicity dio un mordisco a su sándwich, sorprendida por lo que parecía un cumplido.

—Gracias por tu ayuda hoy. No creo que hubiera sobrevivido sola.

Rebecca asintió, consultando su reloj con el hábito de quien vive cronometrado cada minuto.

—Lo hubieras hecho. De una forma u otra. Alexander no te habría contratado si no viera potencial en ti.

Había algo en su tono que captó la atención de Felicity.

—¿Puedo preguntarte algo personal?

Rebecca arqueó una ceja, pero asintió.

—¿Por qué has aguantado trabajando para él durante casi un año? —dijo Felicity—. Eres muy competente. Podrías trabajar en cualquier lugar con menos... intensidad.

Rebecca pareció considerar cuidadosamente su respuesta.

—La mayoría de la gente ve solo la superficie de Alexander Reid: el perfeccionista implacable, el genio de los negocios, el jefe exigente.

Y no se equivocan; es todas esas cosas. —Hizo una pausa y tomó aire—.

Pero también es el hombre que se aseguró personalmente de que mi madre recibiera el mejor tratamiento médico cuando le detectaron un cáncer hace cinco meses.

Que me dejó cambiar mi horario para que pudiera visitarla durante la quimioterapia.

Que nunca mencionó las veces que llegué tarde o con los ojos rojos por haber pasado la noche en el hospital.

Felicity escuchaba, sorprendida por aquella faceta desconocida de su jefe. En el fondo tenía buen corazón, aunque lo escondiera bajo múltiples capas.

—Alexander Reid tiene una lealtad feroz hacia quienes demuestran compromiso con su visión —continuó Rebecca con una pequeña sonrisa—. Es exigente porque cree sinceramente en la excelencia, no por ego. Y recompensa esa excelencia generosamente.

Consultó su reloj nuevamente y se levantó.

—Nuestros veinte minutos han terminado. La próxima reunión es con Marketing Digital. Son particularmente susceptibles a las críticas, así que prepárate para algunas caras largas.

Mientras recogían sus cosas y se dirigían de vuelta a la sala de reuniones, Felicity procesaba aquella nueva información sobre Alexander Reid.

¿Era posible que bajo su fachada fría y calculadora existiera algo más humano, más compasivo?

La imagen del hombre que había conocido en el tren, momentáneamente sorprendido por un beso inesperado, parecía difícil de reconciliar con el ejecutivo implacable que había estado diseccionando presupuestos toda la mañana con mano de hierro.

Y, sin embargo, según Rebecca, ambas versiones coexistían.