CAPÍTULO 2 #3
Atentamente, Departamento de Recursos Humanos. Reid Enterprises.»
Tan formal, tan impersonal, y, sin embargo, tan llena de oportunidades.
Felicity se permitió soñar despierta mientras el autobús avanzaba hacia la estación.
Imaginó cómo sería su vida si conseguía el trabajo.
Una habitación en un pequeño pero elegante apartamento, en algún barrio en ascenso de la ciudad, ropa de marca comprada en rebajas pero que la haría sentirse parte de ese mundo, la posibilidad de enviar dinero a su madre sin tener que contar cada centavo...
Y, por supuesto, la oportunidad de aprender, de crecer profesionalmente, de demostrar que merecía estar ahí tanto como cualquiera que hubiera nacido con una flor en el culo.
El autobús finalmente llegó a la estación.
Felicity se bajó de él, luchando por mantener el equilibrio y la dignidad mientras el paraguas se volvía del revés por tercera vez. El viento era horroroso.
Dentro de la estación, sacudió el agua de su abrigo y se dirigió hacia las taquillas.
La estación de tren de Pittsburgh bullía de actividad a pesar del clima. Viajeros de negocios con impermeables caros y maletas con ruedas, familias con niños inquietos, estudiantes universitarios con mochilas gastadas...
Felicity observó a su alrededor, absorbiendo la energía del lugar, el movimiento constante, las mil historias que se cruzaban en ese espacio.
Se acercó a la taquilla con la cartera en la mano, lista para comprar su billete hacia el futuro.
—Un billete a Nueva York, por favor —pidió, intentando que su voz sonara segura, como si viajara a Manhattan para hacer importantes entrevistas de trabajo todos los días.
La empleada, una mujer de mediana edad con expresión aburrida, tecleó en su ordenador sin levantar la mirada.
—Ciento cinco dólares. El tren sale a la 13:05 desde el andén 3. Llegada a Penn Station. ¿Efectivo o tarjeta?
—Efectivo —respondió Felicity, extrayendo cuidadosamente los billetes de su cartera.
Mientras esperaba el cambio, observó a un grupo de ejecutivos que pasó a su lado. Iban hablando en voz alta sobre una fusión. Hombres y mujeres con trajes que costaban más que el alquiler mensual de Felicity.
—Aquí tienes —dijo la empleada de la taquilla con la misma expresión aburrida.
—Gracias —contestó Felicity.
La mujer no se molestó en responder.
Con el billete ya en su cartera, Felicity se dirigió a una cafetería que había dentro de la estación.
Aún tenía tiempo antes de la salida, y decidió invertir algunos de sus preciados dólares en un descafeinado que calmara sus nervios.
Se sentó junto a la ventana, observando cómo la lluvia transformaba el mundo exterior en una acuarela borrosa.
Mientras sorbía su café, sacó el teléfono y abrió la página web de Reid Enterprises.
La compañía se dedicaba principalmente a tecnologías de comunicación y energías renovables. Un conglomerado con presencia en tres continentes y un valor de mercado que hacía que la cabeza de Felicity diera vueltas. ¿De dónde coño salían tantos ceros?
Y en la cima de todo aquello estaba Alexander Reid.
Felicity leyó la información sobre él, curiosa por saber más sobre el hombre que podría convertirse en su jefe.
Los resultados mostraban artículos en Forbes, Bloomberg y Wall Street Journal. «El joven prodigio de los negocios», «El heredero que multiplicó el imperio», «Reid: La mente detrás de la innovación».
Sin embargo, no había ninguna foto de él. Tampoco es que le importara mucho. Felicity tenía claro cómo era. Tal y como le había descrito a su madre, así que no se molestó en seguir curioseando.
Un anuncio por megafonía la sacó de sus pensamientos:
«Atención, pasajeros del tren con destino a Nueva York. Debido a las condiciones meteorológicas, habrá un retraso de aproximadamente diez minutos en la salida. Por favor, permanezcan atentos a futuros anuncios.»
Felicity suspiró.
Por suerte, el retraso no le afectaba.
Diez minutos no eran nada en comparación con lo que estaba en juego. Tendría tiempo de sobra para llegar a Nueva York, instalarse en el hostal y prepararse mentalmente para el día siguiente.
Mientras se terminaba el descafeinado, repasó todo lo que sabía sobre Reid Enterprises y su enigmático dueño. Las preguntas que podría hacerle, las respuestas que debía preparar, la actitud que debía proyectar. Profesional pero no rígida, confiada pero no arrogante, eficiente pero cálida...
«Solo es un hombre —se recordó, para darse ánimos—. Un hombre muy rico, muy poderoso y según parece muy malhumorado, pero, al fin y al cabo, solo un hombre.»
Con determinación, Felicity recogió su bolso y se dirigió hacia el andén 3.
La lluvia seguía cayendo con fuerza, pero ella ya no la veía como un mal presagio, sino como un telón que se levantaba para dar paso al primer acto de su nueva vida.
¡Dios, tenía tantas ganas de conseguir ese trabajo!
El tren esperaba ya en el andén, imponente y prometedor, como un pasaje hacia un futuro que apenas comenzaba a vislumbrar.
Felicity lo observó unos segundos, con el corazón latiendo con una mezcla de miedo y anticipación.